Los 4 tipos de suicidio (causas, prevención y tratamiento)

El suicidio constituye un grave problema de salud pública que se cobra la vida de miles de personas alrededor del mundo. Es fundamental actuar para prevenir y ofrecer asistencia a aquellas personas con mayor riesgo de cometerlo.
Tipos suicidio

El suicidio es un acto por el cual una persona se provoca de forma intencional la muerte. Acabar con la propia vida es un acto de respuesta ante un profundo sufrimiento y una gran desesperanza con respecto al futuro. Quienes se replantean la posibilidad del suicidio a menudo poseen una especie de visión de túnel, por la cual no contemplan más alternativas viables para resolver su situación que no sean la muerte. De esta forma, cuando alguien piensa en acabar con su vida lo que desea no es morir, sino terminar con un sufrimiento insoportable.

La (triste) realidad del sucidio

El suicidio constituye un gran problema de salud pública que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), se cobra la vida de 703.000 personas cada año en el mundo. Además, esta lacra no es sólo una cuestión de adultos, pues también afecta a niños y adolescentes. Muestra de ello es que, de acuerdo con los datos de 2019, en el grupo etario de 15 a 29 años el suicidio es una de las causas principales de defunción en todo el mundo.

En este sentido, cobra una importancia excepcional la prevención. Existen intervenciones con evidencia científica y un balance coste-beneficio adecuado que pueden paliar este problema, siempre y cuando sean aplicadas siguiendo una estrategia integral y multisectorial. En este trabajo preventivo es crucial detectar aquellos grupos de riesgo que poseen mayor probabilidad de cometer un suicidio.

En términos generales, el riesgo se dispara en aquellos individuos que han sufrido conflictos, abusos, aislamiento o pérdida de seres queridos. De igual manera, colectivos en situación de discriminación, como son los migrantes y refugiados, lesbianas, homosexuales, bisexuales, transexuales e intersexuales, así como reclusos, están expuestos a un riesgo mayor de acabar con su vida. No obstante, cabe destacar que el principal factor de riesgo es, con mucha diferencia, el haber cometido un intento de suicidio con anterioridad.

Las causas detrás del malestar que detona un intento de suicidio pueden ser muy variadas. Entre las más habituales, podemos hablar de dificultades económicas, problemas en las relaciones interpersonales, situaciones de violencia o soledad. Muchas veces, estas difíciles circunstancias dan forma a trastornos psicopatológicos, como son la depresión o el trastorno límite de la personalidad. No obstante, los suicidios no siempre se producen en el marco de un trastorno mental. A veces, las personas sencillamente sopesan esta posibilidad debido a que no contemplan otras vías de solución y se sienten desesperadas.

Todo lo referente al suicidio siempre ha estado recubierto de un halo de estigma y vergüenza. Nuestra sociedad concibe la muerte como un tabú, por lo que rechazamos hablar de ella y, cuando lo hacemos, empleamos eufemismos para diluir su naturaleza. Al fin y al cabo, el instinto natural del ser humano va orientado a la supervivencia y el suicidio choca de pleno contra él. Silenciar el suicidio es la respuesta habitual en el entorno de la persona fallecida, pues el peso de la culpa por no haberlo evitado es demasiado grande.

Sin embargo, no hablar de lo que ha sucedido impide dignificar el dolor que la persona ha vivido y darle el valor que corresponde. Por supuesto, el papel de la familia y demás seres queridos no es en absoluto fácil, por lo que necesitarán tiempo (y muchas veces apoyo de profesionales) para elaborar lo que ha sucedido y continuar con sus vidas a pesar del intenso dolor que supone una pérdida de estas características.

Debido a la importancia que tiene el suicidio como problema de salud pública, en este artículo vamos a profundizar en sus causas, en las estretagias para prevenirlo y el tratamiento más adecuado.

Suicidio realidad

¿Qué es el suicidio?

El suicidio es un acto por el cual una persona decide quitarse la vida. En ocasiones el suicidio llega a consumarse, mientras que en otras ocasiones se queda en un intento. La motivación principal que lleva a una persona a acabar con su vida es un profundo sufrimiento psicológico. Este puede estar motivado por infinidad de situaciones que generan un malestar insostenible y una gran desesperanza respecto al futuro.

Habitualmente, quien tiene ideas suicidas muestra lo que se ha denominado en psicología “visión de túnel”, que consiste en una visión estrecha y rígida de la realidad que impide a la persona valorar opciones y alternativas para afrontar la realidad que tiene frente a sí. Así, se afianza la creencia de que la única forma de encontrar alivio y paz es morir.

El suicidio implica daño no sólo para la propia persona, sino también para su entorno. Elaborar un duelo cuando un ser querido muere de esta forma es extremadamente difícil, pues entran en juego sentimientos como la culpa. Los allegados entran en un bucle de remordimientos por los que piensan cómo no pudieron haberlo evitado. En muchos casos el entorno de la persona necesitará apoyo profesional, ya que de lo contrario es posible que se forme un duelo patológico.

Causas del suicidio

Las personas pueden plantearse el suicidio impulsadas por muchos tipos de situaciones, aunque en todas ellas el denominador común es un gran dolor emocional. Existen algunos factores de riesgo que hacen más probable que una persona cometa un suicidio:

  • Ser varón es un factor de riesgo para consumar un suicidio, mientras que ser mujer lo es para cometer un intento.
  • Ser mayor de 40 años
  • Existencia de intentos previos (uno de los factores de riesgo más potentes).
  • Existencia de antecedentes de suicidio consumado en la familia.
  • Consumo de tóxicos
  • Impulsividad
  • Desesperanza
  • Existencia de psicopatologías como el trastorno bipolar, el alcoholismo, la depresión, la esquizofrenia o los trastornos de la personalidad.
Suicidio causas

Prevención y tratamiento del suicidio

Dado que el suicidio consumado es un hecho irreversible, es crucial actuar a nivel preventivo. Prevenir implica romper con numerosos mitos falsos que rodean al suicidio, ya que estos nos impiden detectar importantes señales de alarma y actuar frente a ellas de manera eficaz. Vamos a desmontar algunos de ellos:

  • Solo las personas con trastornos mentales cometen suicidio: Esta creencia está muy extendida y es un gran error. No todas las personas con trastornos mentales cometen suicidio ni todas las personas que cometen suicidio sufren un trastorno mental. El suicidio puede afectar a cualquier persona que sienta una sensación desbordante de dolor y angustia. Quienes cometen suicidio pueden estar bajo situaciones muy delicadas, carecer de una red de apoyo adecuada, sufrir estigma por algún tipo de condición o falta de comprensión, todo ello sin necesidad de poseer un trastorno psicopatológico.

  • Quienes manifiestan ideación suicida o cometen un intento solo buscan atención: La idea de que estas verbalizaciones son meras llamadas de atención que no deben tomarse en serio es totalmente falsa. Las verbalizaciones e intentos suicidas son gritos de ayuda a los que debemos responder de forma inmediata. Apoyar y acompañar a quienes manifiestan estas tendencias es fundamental para prevenir. No lo olvides, escuchar cómo se siente esa persona y comunicarse con ella de manera abierta puede ser un chaleco salvavidas.

  • Las personas que muestran ideas e intentos suicidas quieren morir: En absoluto. Las personas que muestran estas conductas no desean morir, lo que realmente quieren es dejar de sufrir. En este punto es fundamental apoyar a la persona afectada para buscar otras alternativas más allá de la muerte. Es decir, tenemos que ayudarle a romper con esa “visión de túnel” de la que ya hablamos.

  • Hablar de suicidio puede fomentar la conducta suicida en las personas: No, no y no. Hablar de suicidio no solo no alenta a las personas a acabar con sus vidas, sino que puede ser la manera de que alguien con ideación suicida encuentre un espacio de desahogo. Romper con el estigma alivia la angustia y es clave para que se replanteen esta decisión y valoren otras alternativas.

¿Cómo se clasifica el suicidio?

Vamos a conocer algunos tipos de suicidio dependiendo de dos criterios: método utilizado y planificación

1. Según el método utilizado

Cuando una persona decide acabar con su vida puede emplear diferentes medios para hacerlo.

1.1. Métodos Blandos

Este tipo de formas implican poco sufrimiento para la persona, ya que no suelen producir dolor ni otro tipo de daños. El ejemplo más habitual es la ingesta de fármacos de forma masiva. Este método ofrece cierto margen para salvar a la persona e incluso para que ella misma se arrepienta y pida ayuda.

1.2. Métodos Duros

Este tipo de métodos son mucho más agresivos, pues se emplean medios que implican una mayor probabilidad de sufrimiento y muerte. Mientras que en el caso anterior la persona opta por un rol pasivo, en este caso adquiere un papel más activo, pues se recurre al uso de armas, el ahorcamiento, arrojarse al vacío, etc.

Suicidio duro

2. Según la planificación

En este caso podemos diferenciar el tipo de suicidio en función de si ha existido o no una planificaicón previa.

2.1. Premeditado

Este tipo de suicidio es aquel que se produce cuando la persona ha elaborado un plan, estableciendo un lugar y fecha para hacerlo. En estos casos la persona puede mostrar un cambio de comportamiento brusco cuando se aproxima la fecha fijada, pues la ansiedad anterior da paso a la serenidad por haber tomado una decisión firme.

2.2. Impulsivo

Este tipo de suicidio se produce cuando no existe una premeditación previa. La persona puede haber experimentado ideación suicida con anterioridad, aunque nunca ha elaborado un plan o estrategia para ello. En este caso, la persona decide acabar con su vida en un momento de elevada desesperación. Esto puede ocurrir, por ejemplo, en personas con trastorno bipolar que deciden suicidarse en fase maníaca.

Suicidio impulsivo
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