Las 3 diferencias entre salud mental y salud emocional

El bienestar psicológico nace de preservar nuestra salud tanto mental como emocional, dos conceptos que no son exactamente lo mismo.
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La Biblioteca de Medicina de los EE. UU define la salud mental como un estado de bienestar emocional, psicológico y social. Como habréis podido adivinar, este equilibrio individual y sociocultural no siempre está asociado a la presencia o ausencia de enfermedades.

Por ello, delimitar la condición de “bien” o “mal” en un espectro completamente objetivo es difícil en lo que a bienestar mental se refiere. Siempre nos movemos en escalas de grises, pues las afirmaciones absolutas quedan fuera de juego en el terreno psicológico general. La cosa se complica aún más cuando tenemos en cuenta que, efectivamente, la salud mental está compuesta por distintos tipos de bienestar con ciertas diferencias y similitudes.

Con el fin de desentramar un poco este conglomerado terminológico, hoy vamos a hablarte sobre las 3 diferencias entre salud mental y salud emocional. Comprender estos conceptos es importante, pues el conocimiento de causa es el primer paso para la autorrealización personal.

La importancia del bienestar psicológico

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud mental de la siguiente manera: “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. También se matiza que “la salud mental abarca una amplia gama de actividades directa o indirectamente relacionadas con el componente de bienestar mental”. Estos componentes son, como ya hemos dicho antes, de índole emocional, psicológica y social.

Definir este término generalista no es ni mucho menos anecdótico, pues la misma OMS nos arroja una serie de datos preocupantes en lo que a la salud mental general de la población se refiere:

  • La depresión afecta a más de 300 millones de personas en el mundo.
  • Cada año se suicidan 800.000 personas en la Tierra. Es la segunda causa de muerte más común de jóvenes entre 15 y 29 años.
  • El trastorno afectivo bipolar afecta a 45 millones de personas en el mundo.
  • La esquizofrenia afecta a 21 millones de personas, las cuales tienen entre 2 y 2,5 más probabilidades de morir en una edad temprana.

Para cimentar estos datos más allá de cifras cuantitativas, podemos decir que los trastornos depresivos afectan al 3 % de la población occidental en cualquier momento dado. Por baja que pueda parecer esta cifra, estamos ante una incidencia astronómica.

Nos movemos en patologías de índole grave, pues es un hecho fehaciente que los trastornos mentales acortan la vida. Ya sea por el riesgo de suicidio, mayor predisposición a patologías cardiovasculares, un sistema inmune deprimido y otras muchas más razones, está claro que abordar las patologías psicológicas se hace esencial para maximizar la supervivencia y bienestar individual.

¿En qué se diferencian la salud mental y la emocional?

Una vez hemos encuadrado la importancia de la salud mental y su registro en la población general, es hora de que nos centremos en las 3 diferencias entre salud mental y salud emocional. Vamos allá.

1. La mental incluye la emocional; la emocional no siempre incluye la mental

Como habréis podido ver, la salud mental incluye siempre al bienestar emocional en su definición propia, pero por asociación, la salud emocional no siempre implica un bienestar mental pleno. Aunque no exista una catalogación estandarizada de estos términos aceptada por todo organismo oficial (hasta donde hemos podido ver), nos explicamos a continuación.

Dentro de su propia definición, la salud mental parece incluir tres tipos diferentes de bienestar:

  • Bienestar psicológico: desarrollo de las capacidades y el crecimiento personal, donde el individuo muestra indicadores de funcionamiento positivo.
  • Bienestar social: se refiere a la calidad de vida en una sociedad que hace que la existencia posea todos aquellos elementos que dan lugar a la satisfacción humana.
  • Bienestar emocional: enfocado, sobre todo, en el manejo de emociones tanto positivas como negativas.

Tal y como hemos registrado en estas líneas, no parece existir una definición “de libro” que categorice estos tres términos, pero por ejemplo, está claro que existen diferencias entre un estado de bienestar emocional con otro de un componente más social. En este último se requiere tener en cuenta agentes económicos y parámetros poblacionales, entre otros muchos más factores que rozan las ciencias económicas. La autorrealización individual depende en gran parte de su componente social, pero este no es el único que la condiciona.

Por otro lado, el bienestar psicológico se observa desde un prisma multidimensional, donde se hace especial hincapié en el funcionamiento positivo mediado por el desarrollo de las capacidades y el crecimiento de la persona. Desde luego, aquí se desdibujan mucho más las líneas clasificatorias, y es por esto que no es de extrañar que muchas fuentes utilicen los términos “salud mental” y “salud emocional” de forma indistinta.

Como resumen, podemos resumir que el bienestar psicológico se centra en la autorrealización, el social en la calidad de vida en sociedad, y el emocional en la gestión de sentimientos y emociones. Desde luego, no estamos ante una clasificación oficial, pero sí proponemos una categorización terminológica que ayude a los lectores a comprender qué componentes de su salud mental son más vulnerables.

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2. La inteligencia emocional está ligada a la salud emocional

Una de las herramientas de valor incalculable que otorga la salud emocional es, valga la redundancia, la inteligencia emocional. Esta se define como “la capacidad de los individuos para reconocer sus propias emociones y las de los demás, discriminar entre diferentes sentimientos y etiquetarlos apropiadamente, utilizar información emocional para guiar el pensamiento y la conducta, y administrar o ajustar las emociones para adaptarse al ambiente o conseguir objetivos”, según el diccionario de psicología de Oxford (2008).

Estudios han demostrado que una inteligencia emocional individual elevada está claramente correlacionada con un mayor bienestar emocional, y por consiguiente, con una mayor salud mental a nivel de individuo. Existen investigaciones que afirman, incluso, que la inteligencia emocional puede actuar como escudo ante posibles trastornos mentales de carácter patológico.

Así pues, podemos decir que la inteligencia emocional (componente esencial de la salud emocional) promueve el bienestar mental general, pero que su ámbito de estudio y desarrollo se basa en el mundo de las emociones (dejando un poco más “fuera” los componentes de bienestar social y otros de la salud mental).

3. La emocional maneja sentimientos; la mental, relaciones con otras personas

El término "salud" comprende una definición tanto objetiva como subjetiva, pues la ausencia de una patología no siempre significa que todo esté bien. Diversas fuentes proponen 4 categorías que son pilares básicos para la salud general:

  • Salud física.
  • Salud mental.
  • Salud emocional.
  • Salud espiritual.

En este caso, se realiza una distinción clara entre ambos términos. La salud mental refiere a la forma en que manejamos nuestra vida diaria y la forma en que nos relacionamos con los demás en distintos ambientes. Por otro lado, la emocional hace especial hincapié en el manejo responsable de los sentimientos, pensamientos y comportamientos; reconociéndolos, dándoles un nombre, aceptándolos, integrándolos y dándoles un uso positivo.

Otros autores, a su vez, dividen el bienestar general en cuatro pilares diferentes: esencia o espiritualidad, trabajo y ocio, amistad, amor y autodominio como componentes básicos, y otras 12 subáreas entre las que se encuentran el sentido de valor, sentido de control, realismo, capacidad de lucha, nutrición y otros muchos factores más.

¿Esto significa que la salud mental y la emocional son términos completamente diferentes a la hora de cuantificar el bienestar general? Desde luego que no, pues tal y como hemos dicho previamente, son conceptos tan interrelacionados que, según la fuente, se separan o bien se utilizan de forma indistinta.

Psicólogo

Conclusiones

A pesar de que hoy te hayamos mostrado dos términos que en muchos casos se utilizan para lo mismo, y que las 3 diferencias entre salud mental y salud emocional no se encuentren “oficializadas”, esperamos que una cosa quede clara: el bienestar mental comprende una gran serie de frentes, pero la salud emocional se refiere específicamente al manejo responsable de sentimientos, su dominio y la capacidad individual para canalizarlos y darles un uso positivo a nivel tanto individual como colectivo.

Compartimentalizar la información que nos brindan fuentes oficiales es a veces una tarea compleja, pues el criterio depende completamente de la persona que lo registra. Aún así, esperamos que esta división terminológica permita a los lectores hacer una última reflexión: ¿cuál de los pilares de la salud mental me falla más? Desde luego, plantear la pregunta es siempre el primer paso para un proceso de mejoría.

Referencias bibliográficas

  • Ahumada, F. (2011). La relación entre inteligencia emocional y salud mental. In III Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XVIII Jornadas de Investigación Séptimo Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología-Universidad de Buenos Aires.
  • Rodríguez, Y. R., & Berrios, A. Q. (2012). El bienestar psicológico en el proceso de ayuda con estudiantes universitarios. Revista Griot, 5(1), 7-17.
  • Salud física y emocional, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Recogido a 22 de septiembre en https://www.uaeh.edu.mx/docencia/VI_Lectura/licenciatura/documentos/LECT100.pdf
  • Salud mental. MedlinePlus.Gov. Recogido a 22 de septiembre en https://medlineplus.gov/spanish/mentalhealth.html
  • Trastornos mentales, Organización Mundial de la Salud (OMS). Recogido a 22 de septiembre en https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-disorders

Graduado en biología en el año 2018 (Universidad de Alcalá de Henares) y en un máster de zoología en el 2019 (Universidad complutense). Samuel sintió predilección desde el inicio de su formación profesional por la parasitología, enfermedades transmitidas por animales, bacterias y otros microorganismos patógenos y genética. Por ello, en cuanto terminó el ciclo estudiantil, decidió dedicarse a la divulgación de materia epidemiológica como forma primaria de vida. Desde entonces, y con más de 100 artículos redactados en distintos portales, participa en diversos proyectos divulgativos con el fin de dar a conocer enfermedades y el funcionamiento general del cuerpo humano.