Adicción al lorazepam: ¿por qué ocurre y cómo es su tratamiento?

Este medicamento ansiolítico puede generar dependencia, por lo que no se debe administrar sin supervisión médica.
Lorazepam

La sociedad avanza a pasos agigantados, y con ella, el número de responsabilidades individuales y preocupaciones se intensifican. Está claro que a día de hoy existen más herramientas que nunca para abordar las patologías de índole emocional, pero aún así, una rutina llena de estímulos y problemas se cobra su precio en salud.

Por ello, cada vez es más común la prescripción de medicamentos para combatir los trastornos de ansiedad y la depresión. Este es el caso de las benzodiacepinas, una familia de medicamentos psicotrópicos de efectos sedantes para calmar el estado anímico del paciente.

Entre ellos se encuentra el conocido lorazepam, un fármaco que veremos en extensión en las siguientes líneas. Estos compuestos, que sirven para abordar los trastornos nerviosos a corto plazo, no son una solución definitiva. ¿Cómo dejar de tomar lorazepam una vez lo peor ha pasado? Aquí te lo enseñamos.

Adicción al lorazepam: voluntad y farmaceútica

En primer lugar, y para contextualizar el terreno sobre el que vamos a movernos, vemos esencial mostrar ciertas cifras sobre la salud mental recogidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS):

  • La depresión es uno de los trastornos más frecuentes en la población general, pues se calcula que afecta a 300 millones de personas en la Tierra.
  • Esto, en sociedades occidentalizadas, se traduce a un 3 % de la población.
  • Los trastornos de ansiedad afectan a un 18 % de los estadounidenses y a un 20 % de los españoles.
  • Los trastornos mentales representan el 16 % de la carga mundial de enfermedades y lesiones entre las personas de entre 10 y 19 años.

Todas estas cifras, cuanto menos desesperanzadoras, se traducen en un consumo masivo de ansiolíticos (tales como el lorazepam) y antidepresivos. Estudios calculan que alrededor del 12 % de las mujeres y el 6 % de los hombres de cualquier núcleo familiar han consumido (con prescripción o sin ella) benzodiacepinas en los últimos 30 días.

Además, se calcula que al menos el 2 % (4 millones de personas) de la población estadounidense ha consumido benzodiacepinas de forma habitual durante más de 5 años de forma continuada. Desde luego, tras una exposición tan prolongada al fármaco, se hace muy difícil vivir sin él.

Una vez hemos contextualizado la importancia de los fármacos como el lorazepam en los trastornos de la población general, es hora de que entremos de lleno en el mecanismo de acción de estos medicamentos.

¿Cómo actúan las benzodiacepinas?

Las benzodiacepinas, de forma general, son un grupo de psicofármacos ampliamente descritos desde su introducción en la medicina general en el año 1960, pues cuentan con un demostrado efecto terapéutico en el tratamiento de la ansiedad.

Todas las benzodiacepinas actúan fomentando el aumento de la producción de una sustancia química natural presente en mecanismos cerebrales, el ácido gamma-aminobutírico (GABA). Este es un neurotransmisor, es decir, un compuesto que transmite señales nerviosas de una neurona a otra. El mensaje del GABA es claramente inhibitorio, pues manda una señal a nivel celular a las neuronas para que reduzcan su velocidad de transmisión de señal. Como el 40 % de los complejos neuronales responden ante el ácido gamma-aminobutírico, se produce un efecto natural de sedación y tranquilidad en el cerebro, es decir, se evita la hiperexcitación.

El lorazepam, como el resto de las benzodiacepinas, tiene un efecto sedante, relajante muscular, anticonvulsivo y amnésico. Su pico de actuación se alcanza a las dos horas tras la administración por vía oral y no presenta variaciones farmacocinéticas según la edad del paciente.

¿Cómo saber si tienes adicción al lorazepam?

Portales profesionales, como benzo.org.uk, ofrecen información y ayuda disponible para toda la población general que en algún momento tenga que abordar una adicción a las benzodiacepinas. Algunos síntomas de que se está desarrollando una dependencia a estos fármacos son los siguientes:

  • Consumir benzodiacepinas en “dosis terapéuticas” recetadas desde hace meses o años.
  • Necesidad de estos fármacos para realizar actividades vitales básicas.
  • Prolongar el tratamiento, a pesar de que el foco por el cual se recetaron ya se haya solucionado.
  • Dificultad a la hora de abandonar la droga debido a la aparición de síntomas de abstinencia.
  • Ansiedad entre dosis.
  • Aparición de ansiedad, pánico, agorafobia o depresión a pesar de la utilización de estos medicamentos.

En general, cuando un paciente acude al médico y presenta un cuadro de ansiedad generalizada cuando no se le receta el fármaco en cuestión, podemos empezar a sospechar de un caso de adicción. Además, el consumo de benzodiacepinas genera tolerancia, por lo que cada vez son necesarias dosis más altas para llegar al efecto deseado.

Cómo dejar el consumo excesivo

“Deja de tomarlo”, “ten mucha voluntad” o “tómate unas vacaciones” son consejos que, para un adicto, resultan vacíos en su totalidad. Para abordar la deshabituación al lorazepam y otras benzodiacepinas, diversos estudios sistemáticos han recogido terapias que resultan eficaces. Aquí te las presentamos.

1. Disminución gradual

No se puede pretender que un paciente que lleva 10 años consumiendo benzodiacepinas de la noche a la mañana deje de necesitarlas. Por ello, es necesario el uso de un esquema de disminución gradual del fármaco, el cual debe estar avalado por un profesional tanto médico como psicológico.

Este marco de actuación dependerá completamente del estado emocional del paciente, su edad, la dosis consumida y otros muchos factores.

2. Intervención psicosocial

Diversos estudios han comparado el abandono de las benzodiacepinas y su eficacia al ser acompañado o no de terapia psicosocial. Los resultados son evidentes, pues las actividades terapéuticas favorecen una disminución de la dependencia a este fármaco.

Las intervenciones psicológicas, como las que enseñan a manejar la ansiedad, a gestionar el insomnio sin el uso de soluciones médicas o incluso la monitorización de los pacientes con adicción mediante cartas, llamadas u ofertas continuadas de ayuda, promueven la deshabituación al lorazepam y otras benzodiacepinas.

La psicoterapia, es decir, la terapia que busca cambios en el comportamiento y hábitos del paciente, asociada a una abstinencia supervisada, también promueve el desapego a estas drogas entre los 3 y 12 meses tras la finalización del tratamiento.

3. Uso de fármacos

Estudios han mostrado que el uso de la carbamazepina, un fármaco anticonvulsivo, ayuda a afrontar la adicción a las benzodiacepinas si es acompañado con una disminución gradual del uso de estas. Otras investigaciones señalan que la imipramina, un antidepresivo tricíclico, también puede promover el desapego a estos fármacos.

Existen otros compuestos, tales como la melatonina, la trazodona o el ácido valpróico que se han demostrado eficaces para el tratamiento de estas adicciones. Sí, en algunos casos con voluntad no basta, y la estigmatización del paciente por tomar una ruta farmacológica puede ser contraproducente. A veces, una pequeña ayuda es necesaria para afrontar ciertas patologías.

Conclusiones

Como hemos podido observar, las investigaciones científicas trascienden a los típicos consejos que las personas adictas están más que cansadas de escuchar. Para afrontar una adicción al lorazepam (realmente, a cualquier sustancia), se necesita la integración de conocimiento multidisciplinar entre psicólogos y médicos.

Se requiere, en general, la reducción de las dosis de forma paulatina, atención psicológica prolongada para que el paciente aprenda a gestionar su ansiedad y entender los síntomas de su abstinencia, y en algunos casos, la prescripción de otros fármacos menos agresivos que ayuden a disminuir la dependencia.

No queremos finalizar esta oportunidad sin dejar claro que por mucho que se combata una adicción, si no se abordan los motivos subyacentes de la misma, se corre el peligro de volver a caer en un círculo vicioso con otras sustancias.

Ante trastornos de ansiedad, depresión o cualquier otra patología emocional, no estás solo. Miles de profesionales se encuentran a tu disposición para atajar cualquier patología que puedas sufrir.

Referencias bibliográficas

Graduado en biología en el año 2018 (Universidad de Alcalá de Henares) y en un máster de zoología en el 2019 (Universidad complutense). Samuel sintió predilección desde el inicio de su formación profesional por la parasitología, enfermedades transmitidas por animales, bacterias y otros microorganismos patógenos y genética. Por ello, en cuanto terminó el ciclo estudiantil, decidió dedicarse a la divulgación de materia epidemiológica como forma primaria de vida. Desde entonces, y con más de 100 artículos redactados en distintos portales, participa en diversos proyectos divulgativos con el fin de dar a conocer enfermedades y el funcionamiento general del cuerpo humano.