Gatillazo en los hombres: causas y formas de resolverlo

Un gatillazo es una disfunción eréctil esporádica y puntual en hombres sin antecedentes. Muchas causas físicas y psicológicas pueden estar detrás de esta incómoda situación. Veamos en qué consiste y cómo puede abordarse.
Gatillazo hombres

Desde los albores de la humanidad, el pene erecto en el hombre ha supuesto un símbolo de virilidad y dominancia sexual. La masculinidad clásica concibe al género masculino como fuerte, impertérrito, pétreo, agresivo y falto de carencias. A pesar de que estas preconcepciones tan dañinas están en un proceso de deconstrucción, está claro que aquellas condiciones que atacan a la parte masculina del hombre suponen un problema grave a nivel psicosocial.

Una de estas cuestiones, tan comunes como poco habladas, es la disfunción eréctil o gatillazo. Todos los hombres hemos sufrido alguna vez un episodio de impotencia sexual, pues es común que el aparato reproductor externo no funcione correctamente tras el consumo de ciertas sustancias o ante la presencia de problemas psicológicos, como la depresión, ansiedad, nerviosismo y otras muchas condiciones más.

El problema real llega cuando la disfunción es constante y el acto sexual se ve mermado (de forma parcial o total) en todas las ocasiones. Si quieres saber más sobre esta entidad clínica y cómo ponerle fin, sigue leyendo.

¿Qué provoca el gatillazo en hombres?

En primer lugar, es necesario dejar claro que esta condición es muy común, a pesar de lo que los tabúes de género nos hagan creer. Aproximadamente el 52% de los hombres residentes en Estados Unidos entre los 40 y 70 años de edad presentan algún tipo de disfunción eréctil (ED). Se estima que de 30 a 50 millones de habitantes en este país padecen ED, una cifra que aumenta a 150 millones de personas si se extrapola a todo el mundo.

Se cree que esta cifra es muy poco indicativa, pues los factores psicosociales y las dinámicas de género hacen que los hombres sean reticentes a reconocer su condición. Aun así, no se puede evidenciar la siguiente realidad: a los 70 años de edad, 7 de cada 10 hombres presentan disfunción eréctil.

Más allá de cifras epidemiológicas, cabe destacar que la ED se concibe como una entidad ligada al ámbito emocional, pero nada más lejos de la realidad: solo el 10% de los gatillazos consistentes se deben a una patología psicológica, mientras que un 80% encuentran su causa en un fallo fisiológico. Nos explayamos en lo referente a esta temática con la siguiente lista:

  • Un 35% de las personas con hipertensión tienen ED, mientras que un 40% de los hombres con ED son hipertensos. Si el flujo sanguíneo no llega de forma correcta al pene, este no se erecta.
  • Un tercio de los hombres con diabetes presentan a su vez hipogonadismo. Esto podría explicar la alta prevalencia de gatillazos en las personas diabéticas. Un 35% de las personas con ED también tiene hipogonadismo.
  • Las personas con obesidad tienen un 50% de probabilidades de presentar gatillazos consistentes.
  • Los hombres fumadores y alcohólicos de forma crónica también están en riesgo de desarrollar ED. Por ejemplo, una persona que deja de fumar aumenta su desempeño sexual, de media, en un 25%.
  • La hiperplasia prostática benigna (BPH) sintomática se asocia con ED en el 72% de los casos.

La hipertensión, la diabetes y la obesidad son, por tanto, los principales agentes causales de los gatillazos en hombres. De todas formas, tampoco podemos obviar que la depresión, ansiedad y otros cuadros psicológicos son responsables del 10% de los cuadros clínicos, un porcentaje seguramente más alto si acudimos a la población joven sin tantas afectaciones sistémicas.

Causas gatillazo

El gatillazo y el estado psicológico

Por otro lado, también es importante señalar que las personas con depresión son un 40% más proclives de presentar disfunción eréctil en comparación con aquellas que no padecen esta condición psiquiátrica. Estudios también han encontrado una correlación positiva entre la pérdida de autoestima y los gatillazos. Los hombres con disfunción eréctil pueden sentirse deprimidos antes de que aparezca el cuadro en el ámbito sexual, pero la falta de realización en la cama puede fomentar aún más ese sentimiento de inutilidad prolongada en el tiempo.

Dicho de otro modo, la sintomatología psicológica no suele ser el primer desencadenante de la disfunción, pero claramente esta tiene efectos sobre la salud mental del paciente. Aunque hasta el 80% de los habitantes de ciertos países vean “normal” la disfunción eréctil, muy pocos están dispuestos a reconocer que la padecen y menos aún se plantean buscar ayuda profesional en lo referente al tema.

¿Cómo poner fin a los gatillazos?

En primer lugar, destacamos nuevamente que un episodio aislado de gatillazo no es nada de lo que haya que preocuparse. A todos nos pasa alguna vez y no es motivo de disminución de la masculinidad, vergüenza o mal desempeño en la cama. Solo hay que empezar a plantearse una visita al médico si se cumplen los siguientes puntos:

  • El hombre puede presentar erecciones en ocasiones, pero no siempre que desea involucrarse en el acto sexual.
  • El varón puede presentar una erección en todos los casos, pero esta no dura lo suficiente para finalizar el acto sexual.
  • El varón no puede tener erecciones en ningún momento, lo desee o no. Esto puede ir acompañado de una disminución persistente y notable en el apetito sexual.

Cualquiera de estas realidades es motivo suficiente para visitar al médico. Como la mayoría de las causas son fisiológicas, el profesional seguramente le indique al paciente un análisis de sangre, un examen físico, un análisis de orina y, si no se encuentra ningún desencadenante, una ecografía. Lo más común es que en el examen superficial se detecte una hipertensión o, en su defecto, en los análisis de fluidos una diabetes.

En caso de que la causa sea eminentemente fisiológica, el tratamiento deberá ir enfocado a controlar la diabetes, la hipertensión, el BPH o la obesidad, por ejemplo. Los medicamentos como el Sildenafilo (Viagra) o el Tadalafilo (Adcirca, Cialis) pueden ayudar a que se produzca la erección antes del acto sexual, pero no curan mágicamente la causa subyacente. Por ello, son un tratamiento transitorio que debe ir acompañado de otros abordajes, dependiendo de la entidad clínica de cada individuo.

Por otro lado, si todo está bien a nivel físico, es necesario trasladar la condición al terreno psiquiátrico. La depresión, la ansiedad y los eventos traumáticos relacionados con el acto sexual pueden promover una disfunción eréctil que no se explica con análisis de sangre o de orina. En estos casos, los profesionales suelen acudir a terapias cognitivo-conductuales, que le enseñan al paciente a “desaprender” las conductas maladaptativas y a evitar los momentos y pensamientos que derivan en el estrés crónico.

De todas formas, ante la depresión y los trastornos de ansiedad, casi siempre se hace necesario el consumo de ciertos fármacos, como antidepresivos de tipo SSRI (Inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina) y benzodiacepinas en los momentos en el que el malestar emocional es más agudo. El hecho de acudir a terapia no implica que no sean necesarios fármacos a largo plazo.

Terapia gatillazo

La importancia de buscar ayuda

No tiene ningún sentido avergonzarse o esconder un cuadro de gatillazos continuado en el tiempo. No es “culpa” del hombre que lo porta, no se trata de una cuestión voluntaria y no es un signo de falta de hombría. Toda enfermedad (sea psicológica, física o ambas) se manifiesta de alguna forma, y la disfunción eréctil es un signo más. Si una persona que la experimenta se calla, es posible que se descubra la enfermedad que la causa cuando ya es demasiado tarde.

Además de todo esto, también es necesario tener en cuenta que la masculinidad y el cuerpo no van ligados. Sentirse hombre ni siquiera va condicionado por los genitales, mucho menos por el desempeño de los mismos en una actividad sexual. A día de hoy, cada vez se aceptan más espectros de género e identidades, así que no tiene ningún sentido vincular la validez personal al tamaño, forma o funcionalidad del pene. Si se deconstruyen los cánones de género, todos ganamos: la expresión de vulnerabilidad será más fácil para los hombres y la sociedad se transformará en un estandarte de aceptación.

Teniendo en cuenta lo anterior, es importante asistir a terapia para disponer de ayuda profesional ante los gatillazos; desde la psicoterapia y la medicina es posible contar con soluciones eficaces para superar los elementos físicos y emocionales detrás de esta disfunción.

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