¿Cómo funciona el control de esfínteres en niños?

Los esfínteres son músculos en forma de anillo que regulan la abertura de los conductos naturales, siendo así importantes en el control voluntario de la micción y la defecación. Veamos cómo se desarrolla este control en la infancia.
Cómo funciona control esfínteres niños

Los esfínteres son músculos en forma de anillo que cierran y abren la abertura de diversos conductos naturales en nuestro organismo, con la finalidad de permitir el paso de una sustancia de un órgano a otro o, en contraposición, la entrada o salida de un elemento del cuerpo humano al medio ambiente o viceversa. Existen unos 50 esfínteres en nuestro organismo, siendo los más conocidos el uretral, el pilórico, el pupilar y los anales.

El control de esfínteres no es único de la especie humana, pues, por ejemplo, perros y gatos también pueden adquirirlo en base a entrenamiento y aprendizaje prolongados. En la naturaleza no suele ser necesario alargar el tiempo de espera ante una micción, pero aun así, se ha demostrado que machos de especies de peces, roedores, primates y otros mamíferos eligen momentos oportunos de micción y defecación para marcar su territorio y mandar mensajes químicos a miembros de su misma especie.

Así pues, el control de esfínteres tiene funciones claramente diferentes en la sociedad humana y en los ecosistemas naturales: nosotros esperamos al momento socialmente apropiado y, el resto de animales, a la ocasión preferente a nivel evolutivo. En base a esta interesante reflexión, hoy nos sumergimos en el mundo del control de esfínteres en niños.

El control de los esfínteres en la sociedad humana

Las normas sociales son un conjunto de pautas que deben seguir los seres humanos para lograr una convivencia plena en sociedad. La micción y defecación voluntarias son un claro ejemplo de una norma subjetiva, pues no responde únicamente a un mecanismo meramente biológico, sino a un constructo.

De todas formas, llama la atención conocer que “elegir la hora de ir al baño” también tiene un claro sentido evolutivo. Muchos animales (como mapaches, antílopes, caballos, escincos y otros vertebrados) crean letrinas comunes, con el fin de minimizar los riesgos de infección en la población. Una gran cantidad de parásitos gastrointestinales excretan sus huevos mediante las heces del hospedador, así que este es un mecanismo claro con el que se evita la expansión de un patógeno.

Más allá de estas reflexiones, el control de los esfínteres en niños se considera un momento clave a nivel evolutivo, pues depende de dos factores claramente interrelacionados que nos definen como humanos: la maduración neurológica y el desarrollo psicoafectivo. Antes de sumergirnos en estos términos tan interesantes, repasemos el mecanismo fisiológico de este control voluntario a la hora de miccionar y defecar.

¿Cómo se controlan los esfínteres?

Los humanos presentamos dos esfínteres en el ano: el interno y el externo. Ambos se encuentran en la parte interior del recto, pero el músculo del interno es liso y el del externo estriado, es decir, que el interno no es voluntario y el externo sí. Por otro lado, el esfínter uretral está compuesto por dos músculos parte de una misma unidad anatómica, que permite la salida de la orina de la vejiga y su paso por la uretra hasta el exterior.

La salida normal de la orina requiere de la acción de una pequeña estructura situada en el tronco encefálico, conocida como “núcleo de Barrington” (BAR). Este se podría definir como una agrupación de cuerpos de células neuronales ubicadas en la protuberancia rostral del tronco encefálico, cuya función es participar en la regulación supraespinal de la micción. Se conoce la fisiología de esta estructura esencial, pero no se ha detectado aún en humanos el grupo exacto de neuronas que relajan el esfínter uretral y posibilitan la salida de la orina.

Control esfínteres

El control del esfínter en niños: la clave para entenderlo

El control del esfínter en niños es un hito evolutivo, tanto a nivel individual como de especie. Estos procesos de índole neurológica y psicológica tienen lugar entre los 18 y 36 meses de edad comúnmente, aunque existen ciertas patologías congénitas que pueden demorar este importante evento. En base a las declaraciones de especialistas en la materia (Anne Boisclair-Fahey, doctora en práctica de enfermería), te presentamos la siguiente lista:

  • El 25% de los infantes son capaces de adquirir el control de los esfínteres urinarios y anales a los 24 meses de edad, es decir, dos años.
  • El 85% lo ha logrado a los 30 meses de edad.
  • El 95% de los niños lo consigue a los 36 meses de edad.
  • Cabe destacar que las niñas suelen alcanzar este hito evolutivo antes que los chicos. De todas formas, casi todos lo logran a los 42 meses de edad o antes.

Además, cabe destacar que el control de los esfínteres anales suele lograrse antes que el del uretral. En general, la secuencia de adquisición de autonomía atiende al siguiente patrón:

Control de la actividad fecal nocturna → fecal diurna → urinaria diurna → urinaria nocturna

Para que un niño adquiera control sobre sus estructuras biológicas, es necesario un desarrollo neurológico, pero también un crecimiento socioafectivo. En primer lugar, la maduración biológica implica ciertos cambios fisiológicos en el infante: esto supone la capacidad de controlar los músculos que forman los esfínteres, el reflejo de micción y las actividades motrices necesarias para lograr una “postura” de baño. Todos estos mecanismos se desarrollan de forma natural antes de los 4 años, pero hasta el 10% de los niños del mundo no son capaces de controlar sus deposiciones a esta edad.

Por otro lado, la parte psicoafectiva coloca su importancia, en gran medida, en el control emocional del infante. Por ejemplo, un niño pequeño puede defecar fuera del inodoro y fingir frente a sus padres que no sabe usar el váter en un cuadro de trastorno de oposición desafiante (TOD). En este caso, el menor siente aversión por las figuras de autoridad de forma persistente, así que trata de demostrar “quién está al mando” haciendo cosas socialmente inapropiadas que podrían meterle en problemas, como defecar en un lugar público.

Para que un infante vaya al baño correctamente, deben prevalecer en él las emociones positivas sobre las negativas. A continuación, veremos algunos eventos que pueden retrasar o dificultar el control de esfínteres en niños.

Control esfínteres niños

Problemas del control de esfínteres en infantes

La incapacidad para controlar la emisión de orina se conoce como enuresis, y solo se contempla en pacientes de 5 años o más de edad sin una causa orgánica que lo justifique (estos trastornos no se cuentan como tal si hay un problema fisiológico subyacente, pues en ese caso estamos hablando de una enfermedad física).

La enuresis está presente de forma no patológica en el 82% de los niños menores de 2 años, porcentaje que disminuye al 7% a los 5 años, cuando empieza a considerarse como un trastorno. En razón a estos datos, se ha demostrado científicamente que la enuresis está correlacionada con dificultades psicológicas, como son el trastorno de déficit de atención con hiperactividad (ADHD), problemas generalizados de comportamiento y otras entidades clínicas de esta índole.

Por ejemplo, el 32 % de los niños en ciertos grupos con ADHD cumplen los criterios necesarios para ser englobados en un caso de enuresis. Además, curiosamente, el riesgo de sufrir esta patología aumenta hasta 7 veces en el caso de que el padre del infante la presentara y 5 veces si era la madre la que la sufría. A pesar de que no todos los casos de enuresis se puedan asociar a herencia, se han detectado modificaciones en los cromosomas 13q, 12q, 8 y 22 que propician su aparición.

Como has podido comprobar, el control de esfínteres va mucho más allá del paso del tiempo y la maduración del individuo. Factores genéticos, psicoafectivos, fisiológicos y evolutivos perfilan el momento y forma en la cual el niño comienza a miccionar y defecar por sí solo, en base a una serie de normas sociales preestablecidas.

Si tu hijo o hija presenta problemas en el control de esfínteres, es importante que busques ayuda profesional. Desde la medicina y la psicoterapia es posible crear un plan de entrenamiento que le ayude a dominar el control de los músculos y superar esta fuente de malestar.

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