¿Cómo saber si estoy en una relación abusiva? 5 señales de alerta

Las relaciones abusivas son una seria amenaza para la salud mental. Entre las señales de alarma que deben alertarnos se encuentran los castigos de silencio, la hostilidad o las conductas de control, entre otras.

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Las relaciones de pareja pueden llegar a ser muy complejas. Más allá del amor, para que un vínculo sentimental sea satisfactorio se necesitan otros ingredientes que no siempre se dan. Cuidar aspectos como la comunicación, el manejo de los conflictos o la gestión de las emociones tiene enormes efectos sobre el bienestar general que dos personas sienten al estar juntas.

Si bien hay parejas que saben manejar sus diferencias para encontrar un equilibrio sólido, esto no siempre es así. En algunos casos esto conduce a la ruptura. Sin embargo, en otros la relación se puede enturbiar y convertirse en una de carácter tóxico y abusivo. Las relaciones de pareja tóxicas pueden constituir una seria amenaza para el bienestar emocional de los integrantes.

Sin embargo, suele suceder que quienes se encuentran en esta situación a menudo no son capaces de reconocer que existe un problema. Los sentimientos que hay (o que hubieron) de por medio suelen favorecer que la pareja permanezca unida, muchas veces más por dependencia emocional que por amor.

Así, se perpetúa una situación dolorosa en la que uno o ambos miembros de la pareja sufren conductas abusivas por parte del otro, con la amenaza que esto supone para su salud mental. Por ello, es importante abrir los ojos e identificar algunas señales de alarma que pueden indicar que la relación con tu pareja no es saludable y resulta abusiva. En este artículo veremos algunas de ellas.

¿Qué entendemos por relación abusiva?

El abuso se define, en términos generales, como cualquier acto en el que una persona se impone sobre otra. En general, este puede manifestarse en el plano físico, emocional y sexual. Así, el abuso puede implicar agresiones físicas, pero también manipulaciones, conductas de control, insultos y agresiones sexuales de todo tipo, que van desde los tocamientos no consentidos hasta una violación.

Cuando nuestra relación se vuelve abusiva puede llegar a ser muy difícil reconocer que así es. En general, las personas en esta situación suelen sentir un malestar generalizado y sostenido en el tiempo fruto de los abusos de la otra persona. La víctima de abuso en la pareja puede experimentar emociones como el miedo, la tristeza o la culpa, así como una autoestima muy baja. Esto se traduce en que la persona afectada se aísla de su entorno, abandona sus gustos y prioridades y, en definitiva, trata de amoldarse a su pareja con el fin de evitar un episodio violento.

Aunque todas las relaciones de pareja pueden atravesar momentos críticos en los que se experimenta un malestar transitorio, esto no tiene nada que ver con el dolor propio del abuso. En las relaciones abusivas la persona sufre de manera continua y sostenida en el tiempo, con la sensación de que lo que está sucediendo es prácticamente culpa suya.

Además, la deficiente autoestima puede llevar a pensar que no será posible encontrar a otra pareja que le quiera, por lo que se desarrolla una fuerte dependencia emocional del otro. De esta manera, se mantiene un vínculo muy dañino en el que los abusos cada vez se hacen más intensos. En general, quien sufre una relación abusiva puede mantener la creencia de que la otra persona cambiará y que quizá la relación retome un cauce normal. Sin embargo, esto es altamente improbable, pues lo esperable es que la relación no termine nada bien.

En general, es posible que si te encuentras en una relación de estas características sientas que tu pareja se burla de ti, te critica o te dice palabras hirientes. Puede no reconocer tus cualidades, impedirte que hagas actividades que te gustan o vetar a tu familia y amigos. Además, después de los conflictos es común que aparezcan muestras de afecto acompañadas de justificaciones en las que de manera más o menos explícita esa persona te responsabiliza a tí a factores externos de sus actos (“Te grité porque no me escuchas”, “Te pegué porque había bebido”).

De esta manera, se forma un círculo vicioso en el que se intercalan agresiones de todo tipo con reconciliaciones y promesas falsas de cambio. Sin embargo, las conductas abusivas cada vez irán cobrando más protagonismo frente a los momentos de tranquilidad.

Toda esta dinámica que caracteriza a las relaciones abusivas hace que cortar a tiempo sea particularmente complicado. Al vínculo estrecho que nos une a esa persona debemos añadir el componente de manipulación, que puede hacernos sentir que lo que sucede es nuestra culpa, que muchas cosas que suceden son normales, están justificadas o no son tan graves como creemos.

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5 señales de que estamos viviendo en una relación abusiva

Seguramente hayas oído hablar del término “red flag”. En español este se traduce como “bandera roja” y en la cultura popular se refiere a ese tipo de señales que deben alertarnos de que una persona no es apta para mantener una relación sentimental sana.

Si estamos atentos, ya desde los primeros momentos que conocemos a alguien podemos identificar algunas actitudes que deben activar nuestras alarmas. Por eso, a continuación, vamos a comentar algunas de las señales más comunes que pueden indicar que te encuentras en una relación abusiva.

1. Hostilidad

En general, todas las relaciones de tipo abusivo comparten un marcado componente de hostilidad. La relación siempre está envuelta de un aura de tensión en el que la persona que sufre el abuso siente estar siempre esperando a que el otro “explote”.

Esta hostilidad se puede manifestar de muchas maneras, ya sea en forma de celos, palabras hirientes, desprecios, etc. Esta tensión genera un enorme desgaste emocional, pues la persona siente que debe estar continuamente alerta, como si estuviera tratando de caminar sobre un campo de minas que pueden estallar en cualquier momento.

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2. La pareja como “punching ball”

En las relaciones abusivas, la persona que sufre el abuso puede tener la sensación de ser algo así como un saco de boxeo para el otro. Así, la pareja deposita sobre ella todas sus frustraciones, algo que puede contrastar con una cara amable frente al resto de la gente. La persona que abusa suele depositar su rabia sobre la víctima, aprovechando cualquier pretexto para hacerlo. Generalmente, justificará sus ataques en base a causas como el estrés en el trabajo o los problemas económicos, aunque este tipo de agresiones nunca están justificadas.

3. Castigo de silencio

Esta estrategia es un clásico en las parejas abusivas. La persona que ejerce el daño utiliza el silencio como una forma de castigar al otro, mostrando indiferencia hacia él. Este silencio puede prolongarse horas e incluso días y es una estrategia utilizada de forma intencional con el fin de hacer daño a otra persona.

Generalmente, quienes emplean esta estrategia carecen de habilidades de comunicación asertiva y recurren a ella para manifestar su protesta y generar culpa en su pareja. Este tipo de castigo es especialmente dañino para quien lo recibe, pues transmite el mensaje de que es invisible y merecedor de un trato despectivo. Con el silencio se somete y manipula a la persona, que se siente mal y termina por disculparse por algo que no es su culpa.

4. Culpa

La culpa es, sin duda, la emoción estrella en las parejas abusivas. La víctima recibe continuamente el mensaje de que prácticamente cualquier cosa es su responsabilidad, lo que destroza poco a poco su autoestima.

Esto puede ir desde cualquier evento cotidiano hasta episodios de mayor importancia. Este tipo de abuso psicológico deja una huella muy profunda, hasta el punto que muchas personas siguen sintiendo culpa por todo incluso cuando ya han logrado salir de su relación de abuso.

5. Conductas de control

Otra característica muy frecuente de las relaciones abusivas tiene que ver con la presencia de conductas de control. Generalmente, las personas que abusan de sus parejas suelen controlar todos los aspectos que rodean la relación: el dinero, el ocio, la educación de los hijos, el trabajo…

Esto lleva a que la víctima se sienta incapaz de dar pasos por sí misma, totalmente dependiente y sometida a quien le agrede. Al principio, estos comportamientos pueden ser más o menos sutiles. Sin embargo, con el tiempo van escalando cada vez más, hasta que la víctima ya no logra tomar decisiones de forma autónoma en prácticamente ningún aspecto de su vida.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de algunas señales que pueden indicar que nos encontramos en una relación abusiva. Lo cierto es que todos somos susceptibles de vernos en una relación de este tipo. Uno de los mayores problemas en relación a esta cuestión es que reconocer que se está viviendo una relación abusiva es especialmente difícil.

Por lo general, es fácil caer en el error de normalizar y justificar muchos comportamientos inadmisibles, ya que abandonar la relación puede antojarse inviable por la dependencia emocional que sentimos hacia la otra persona. Sin embargo, es importante estar atentos a posibles señales o red flags desde los primeros momentos que conocemos a alguien.

De esta manera, podemos identificar señales de alerta y tomar medidas antes de que el problema se enquiste y complique más. La hostilidad, las conductas de control, la culpa o los castigos de silencio son algunos ejemplos muy comunes que caracterizan a las relaciones abusivas.

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