La falta de deseo sexual como consecuencia de la fatiga y el estrés

La fatiga y el estrés pueden provocar una disminución de la libido. Veamos los fenómenos psicológicos vinculados a la ansiedad que pueden provocar una falta de deseo sexual dañina para la pareja.
Falta deseo sexual consecuencia fatiga estrés

La ansiedad y la depresión son problemas habituales que afectan a la productividad individual y a la capacidad de realización personal. Estos trastornos son un verdadero problema a nivel sanitario y social, pues más de 300 millones de personas sufren trastornos depresivos y 260 millones patologías relacionadas con la ansiedad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que, de media, una de cada cuatro personas tiene un problema emocional en el mundo.

La ansiedad, el estrés y la fatiga emocional no se manifiestan únicamente con pensamientos negativos y falta de concentración. También aparecen signos fisiológicos claros, entre los que se encuentran problemas intestinales, debilidad y cansancio, respiración acelerada (hiperventilación), aceleración del ritmo cardíaco y falta de deseo sexual, entre otras cosas.

Como cualquier otra patología, estos cuadros emocionales se manifiestan tanto física como psicológicamente. De nuevo, al igual que que un esguince o una infección bacteriana, estas entidades clínicas deben ser tomadas con seriedad y tratadas lo antes posible. Aquí encontrarás un resumen de los mecanismos que se traducen en falta de deseo sexual como consecuencia de la fatiga y el estrés.

Las bases de la ansiedad y la fatiga

La ansiedad es una emoción normal en los seres vivos, pues se presenta en situaciones en las que el sujeto se siente amenazado por un peligro intrínseco o extrínseco. Esta respuesta evolutiva es vital para comprender la vida en la Tierra, ya que los animales debemos ser capaces de percibir el peligro y reaccionar rápidamente ante él. Cuando se presenta una amenaza, las funciones fisiológicas a largo plazo se ven relegadas con tal de lograr una capacidad de respuesta inmediata y efectiva.

Estudios han mostrado que las personas con trastornos de ansiedad (ansiedad crónica con una duración de más de seis meses) presentan niveles circulantes más elevados que la media de noradrenalina, una hormona y neurotransmisor implicado en la respuesta del estrés. Esta catecolamina influye en la frecuencia del corazón y en la contracción muscular involuntaria, incrementando el ritmo de pulsaciones por minuto.

Además de esto, la noradrenalina permite la liberación de glucosa almacenada, un aumento del flujo sanguíneo hacia los músculos voluntarios y el incremento de la cantidad de oxígeno que recibe el cerebro. Todos estos eventos fisiológicos tienen un objetivo común: preparar al individuo para la huída y la lucha.

Estas y otras hormonas mantienen a las personas con trastornos de ansiedad fisiológicamente “preocupadas” durante periodos variables de tiempo, más allá de la inmediatez del peligro planteado. Esto suele traducirse en fatiga y astenia, es decir, agotamiento tanto físico como mental debido al esfuerzo y demanda que supone el mero hecho de existir en una condición de alerta constante.

No está del todo claro si la fatiga es causada por los síntomas de la ansiedad crónica (tensión muscular y falta de sueño, entre otros) o por la actividad intrínseca de las hormonas circulantes ya descritas, pero una cosa es clara: ambas sensaciones son dos caras de la misma moneda.

Ansiedad

¿Cómo se relacionan la ansiedad y la fatiga con la falta de deseo sexual?

Diversos autores han postulado que la ansiedad interfiere con el funcionamiento del sistema nervioso autónomo del paciente, lo que evita su excitación sexual adecuada desde un punto de vista fisiológico. Puede parecer clara la correlación entre ambos eventos, pero te sorprenderá saber que no siempre tiene por qué aparecer una causalidad.

Algunos estudios han demostrado que las mujeres con ansiedad pueden mostrar un mayor deseo sexual subjetivo que las féminas en un estado emocional normal. Por otro lado, la investigación “Las Distintas Disfunciones Sexuales Femeninas y la Relación con Ansiedad Rasgo-Estado” descubrió que, en un grupo de 200 mujeres, las que presentaban un deseo sexual hipoactivo (reducido) tenían mayores patrones de ansiedad.

Cabe destacar que no existe un vínculo del todo claro, es decir, no todas las personas con ansiedad tendrán una líbido disminuida, ni todas las “sanas” mostrarán un deseo sexual perfecto. De todas formas, aunque no haya una alta comorbilidad entre ansiedad y disfuncionalidad sexual, la actitud en personas ansiosas frente al acto sexual suele ser muy diferente (y más negativa) con respecto a las que no la sufren.

Proponer un modelo psicosomático que explique la totalidad de los casos de personas con disfuncionalidad y trastornos de ansiedad es muy difícil, pues estamos ante una serie de mecanismos tanto físicos como mentales y, por tanto, son altamente subjetivos. Para poder correlacional la ansiedad y la fatiga con la falta de deseo sexual, se deben analizar caso por caso los tres siguientes pilares:

  • La intensidad del sentimiento de ansiedad. Este parámetro depende completamente del agente causal, ya que no es lo mismo tener ansiedad por una metástasis que presentarla de forma esporádica por un conflicto laboral.
  • El intervalo temporal en el que aparece la ansiedad. Dependiendo de la causa, la persona puede encontrar triggers durante el acto sexual, antes o después de él.
  • La respuesta individual ante la reacción de ansiedad. Algunas personas eligen la evitación, es decir, deciden no tener sexo porque fomenta su estado ansioso.
Falta líbido

El sesgo de género y otros “peros”

Si bien te hemos dicho que no siempre se correlacionan la ansiedad y la fatiga con la falta de deseo sexual, también es necesario tener en cuenta que el género biológico juega un papel muy importante en el desarrollo de ciertos mecanismos. Por ejemplo, estudios ya citados han mostrado que los hombres con disfunción eréctil suelen presentar sintomatología de ansiedad por encima de la media esperable.

Por otro lado, gran parte de la literatura confirma que las mujeres con ansiedad y depresión son más proclives a presentar disfuncionalidad sexual (a pesar de los outliers citados), pero los mecanismos causales no están nada claros: ¿Es la ansiedad causante de la falta de deseo sexual, o es el miedo a que el acto sexual salga mal lo que propicia la ansiedad? Estamos ante el dilema del huevo y la gallina, pues saber si un evento es causado por el otro o la causa en sí misma en términos tan subjetivos es prácticamente imposible.

Otra opción clara es que el paciente presente un sustrato latente de vulnerabilidad psicológica, lo que se traduciría en depresión, ansiedad y falta de deseo sexual. Diversos estudios, entre los que se encuentra A Structural Equation Modeling Analysis of the Relationships between Depression, Anxiety, and Sexual Problems over Time, apoyan esta idea.

Esto cambia drásticamente el paradigma del entendimiento de la falta de deseo sexual como consecuencia de la fatiga y el estrés. Más que ver a uno como la causa del otro, existe la posibilidad de que los tres eventos (disfuncionalidad, ansiedad y fatiga) estén causados por un problema subyacente único. Así pues, el tratamiento y el problema a abordar debería ser común.

Sesgo género

La ansiedad en el acto sexual

Por último, también es necesario tener en cuenta que la falta de deseo sexual puede provenir del propio miedo al acto sexual. Sobre todo en el género masculino, es común que los hombres se preocupen por “no dar la talla” (entre otros estándares que dicta la masculinidad clásica) y, efectivamente, esto termine traduciéndose en los eventos que se quieren evitar: disfunción eréctil o eyaculación precoz.

También se puede presentar ansiedad pre-acto sexual en mujeres que han sufrido abusos, violaciones o malas experiencias con personas del género contrario. No es lo mismo tener ansiedad y que el sexo sea difícil a la imposibilidad de practicar el acto sexual por la ansiedad que genera (al estar vinculado con un evento traumático).

Esto complica aún más la materia, pues el propio deseo sexual puede ser causante de la ansiedad. Aquí es donde entran en juego los pilares previamente descritos, sobre todo en el segundo punto: todo paciente debe preguntarse si la ansiedad estaba “antes de…”, durante o después del acto. Esto es clave para comprender los cuadros ansiosos y si existe un trastorno o se trata de una respuesta dentro del rango de normalidad.

Resumen

Como has podido ver, la falta de deseo sexual como consecuencia de la fatiga y el estrés es una posibilidad, pero no una regla. Aunque existan una serie de patrones fisiológicos claros durante los cuadros de ansiedad generalizada y estrés, no debemos olvidar que nuestra mente condiciona en gran parte los procesos físicos y, por tanto, no se puede establecer una explicación y tendencia universal.

Si sientes falta de deseo sexual y crees que está vinculada a la fatiga, depresión, estrés o ansiedad, debes preguntarte si estos sentimientos estaban presentes antes de que se planteara el acto sexual, durante o después del mismo. En cualquier caso, siempre es mejor que un profesional de la psicología te ayude a responder a estas preguntas y a superar el problema a través de un proceso de intervención terapéutica.

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