Los 2 tipos de divorcio (y sus características)

Si bien hasta hace años el matrimonio era concebido como una unión vitalicia entre dos personas, hoy esta idea se ha desdibujado bastante. Los divorcios han aumentado notoriamente en los últimos años, aunque no todos son iguales.
Tipos divorcio

Si bien el divorcio no era una opción legal hasta hace unas pocas décadas, hoy resulta un procedimiento no solo viable legalmente, sino también habitual. Aunque el porcentaje de parejas que toman la decisión de separarse varía en función de diferentes factores, la tendencia general que se ha observado en los últimos años es ascendente. No obstante, la llegada de la pandemia obligó a frenar la actividad judicial , con la consiguiente bajada en el número de divorcios.

Cuando el amor termina: ¿qué es el divorcio?

Es evidente que la ley se ha ido actualizando con el paso de los años, ya que a día de hoy la concepción del matrimonio como una vinculación para toda la vida ha quedado algo desfasada. ¿Significa esto que antes los matrimonios eran más felices que ahora? No necesariamente. Más bien, en otras épocas el divorcio era, además de ilegal, algo muy castigado socialmente. Por tanto, la infelicidad y el fin del amor podían existir, pero el matrimonio debía continuar.

En otros tiempos, casarse no era, ni de lejos, una decisión personal. Las uniones eran acordadas en función de conveniencias y no de sentimientos, y eran los padres quienes elegían a la pareja de sus hijos. Esto era especialmente habitual en el caso de las mujeres, que eran educadas para aceptar sin rechistar el destino que les había tocado, les gustase o no. Por tanto, casarse no era una decisión sino una imposición condicionada por tradiciones y férreas normas sociales.

La concepción del matrimonio ha ido cambiando de manera progresiva en los países occidentales. Aunque poco a poco este fue convirtiéndose en una decisión personal más que una obligación social, lo cierto es que los cambios en la ley tardaron varios años en llegar. Hasta que el divorcio se legaliza en España en el año 1981, las personas se aventuraban a casarse sin posibilidad de disolver la unión en caso de que las cosas fuesen mal.

Además, la aprobación de esta ley no estuvo exenta de polémica, pues muchos sectores católicos y conservadores no veían con buenos ojos que el divorcio fuese legalizado. A pesar de la oposición de estos grupos, la ley finalmente salió adelante. Sin embargo, cabe señalar que por entonces llegar a formalizar un divorcio no era tan sencillo como hoy en día, pues se requerían varios requisitos.

De esta forma, para que una pareja pudiera lograr el divorcio era necesario que llevase a cabo una secuencia de pasos. En primer lugar, se requería que llevasen un mínimo de un año sin convivir juntos de manera ininterrumpida. Una vez hecho esto, se debía proceder a solicitar la llamada separación judicial. Esta se diferencia del divorcio en que puede revertirse, de manera que si se produce una reconciliación no es necesario que la pareja tenga que casarse de nuevo. A continuación, debían permanecer separados judicialmente durante un mínimo de un año sin convivencia. Solo superando todas estas fases se podía solicitar el divorcio. Como vemos, esto no era un proceso tedioso, por lo que lograr disolver el matrimonio se convertía en una odisea.

No sería hasta el año 2005 que se aprobaría la conocida como Ley de divorcio express, una mucho más adaptada a la realidad de los matrimonios actuales. Gracias a ella, las parejas no necesitan separarse judicialmente o cortar su convivencia durante un año completo para poder finalizar su unión matrimonial. Además, no es necesario el acuerdo de ambas partes, ni especificar los motivos de la decisión. El único requisito es que hayan pasado al menos tres meses desde la oficialización del matrimonio. Como vemos, algo tan común hoy en día como es un divorcio no siempre ha resultado sencillo de lograr debido a los prejuicios y presiones sociales.

Afortunadamente, en la mayoría de países los matrimonios pueden disolverse sin mayores trabas, de manera que no es preciso prolongar un matrimonio infeliz. Aunque hemos utilizado el término divorcio de forma genérica, lo cierto es que existen diferentes tipos de divorcios. En este artículo vamos a repasar cada uno de ellos y a conocer sus características.

¿Cuáles son las dos clases de divorcio que existen?

Todo divorcio constituye una decisión difícil para ambas partes. Por un lado, por el sufrimiento emocional que se experimenta al terminar una relación sentimental donde, en muchas ocasiones, hay hijos de por medio y una vida entera construida en común. Por otro lado, por las implicaciones legales que esto supone para los dos miembros del matrimonio, ya que perderán derechos y ventajas intrínsecos a dicha unión.

Sin embargo, aun con todo el divorcio es muchas veces el único camino para que ambas personas puedan volver a ser felices, esta vez por separado. Por ello, vamos a comentar qué tipos de divorcios se pueden producir y en qué consiste cada uno.

1. Divorcio de común acuerdo

Este tipo de divorcio es aquel que tiene un carácter amistoso y por ello el más recomendable siempre que sea posible. El divorcio de común acuerdo es el que se tramita de forma más rápida. Además, es mucho menos devastador que un divorcio contencioso, ya que se cargará con un peso emocional mucho más liviano.

Dependiendo de si existen o no hijos de por medio, el divorcio de común acuerdo se podrá ejecutar de distintas maneras. Cuando no hay hijos en común, los miembros del matrimonio pueden disolver su unión acudiendo a un notario con el apoyo de un abogado. Este método es conocido popularmente como “divorcio express”. Como su propio nombre indica, es el camino más rápido y menos desgastante, aunque no es posible proceder de esta forma cuando sí hay descendencia.

En caso de que existan hijos fruto del matrimonio que sean menores o que dependan de sus progenitores, es estrictamente necesario que el divorcio sea tramitado a través de la vía judicial, incluso en aquellos casos en los que exista mutuo acuerdo entre las partes. Para formalizar el divorcio, ambos cónyuges deben presentar en el Juzgado la demanda de divorcio además de las medidas que desean para sus hijos. Fruto de ello se elaborará lo que se conoce como convenio regulador, un documento que aglutina el consenso de ambos miembros de la pareja en cuestiones centrales como son la custodia de los menores, la pensión compensatoria, el uso de la vivienda familiar, entre otros.

Divorcio mutuo acuerdo

2. Divorcio contencioso

Aunque, como venimos diciendo, lo ideal siempre es lograr un divorcio de mutuo acuerdo, las partes no siempre llegan a un consenso amistoso, por lo que la única forma de tramitar el divorcio es a través de lo contencioso. Este tipo de divorcio también se pone en marcha cuando éste es solicitado por una de las partes sin el consentimiento del otro. En este caso no existe un acuerdo entre los dos, por lo tanto no se puede elaborar el convenio regulador propio de un divorcio de mutuo acuerdo. Debido a esto, es la figura del Juez la que decide qué medidas se establecerán y por tanto cómo repercutirá el divorcio en cada una de las partes.

Una vez que transcurren los tres meses de rigor después del matrimonio para poder llevar a cabo el divorcio, cualquiera de las partes puede iniciar una demanda de divorcio en el Juzgado. Para ello, se requiere generalmente presentar cierta documentación, como el certificado de matrimonio o el certificado de nacimiento de los hijos en común, entre otros.

En el momento que uno de los miembros da el paso de iniciar una demanda de divorcio, la otra parte debe responder necesariamente a ella. Una vez hecho esto, el Juez citará a los dos miembros de la pareja para una vista. En ella, valorará los deseos y peticiones de cada parte así como la documentación que cada uno aporta. Dicha vista culminará con una sentencia, en la que se recoge la decisión final del juez al respecto.

En algunos casos, es posible que alguna de las partes no se muestre conforme con lo que se recoge en dicha sentencia. En este caso, dicho miembro podrá recurrir con una apelación en la Audiencia Provincial. Una particularidad del divorcio contencioso frente al de mutuo acuerdo es que, en este caso, no es posible que ambos cónyuges puedan ser asesorados por el mismo abogado. Al tratarse de dos partes enfrentadas que no logran un consenso, cada una debe ser apoyada por un abogado diferente.

Uno de los puntos más problemáticos que desencadenan la falta de consenso y la necesidad de iniciar un divorcio por lo contencioso tiene que ver con los hijos. Por ejemplo, muchas parejas quieren reclamar la custodia exclusiva y ninguno cede a la hora de buscar otras alternativas.

En el caso de que los hijos sean mayores de edad, la guarda y custodia desaparece en el momento en que estos cumplen los 18 años. Es decir, los padres dejan de tener un papel trascendental y sus decisiones no repercuten de la forma en que lo hacen cuando son menores. Los hijos mayores de edad pueden hacer lo que ellos mismos prefieran, viendo a sus padres según deseen.

Sin embargo, cuando los hijos son menores y los padres no logran el mutuo acuerdo, es el Juez quien decide quién tiene su custodia, qué pensión pasará y qué régimen de visitas tendrá el progenitor no custodio, etc. Una vez que el Juez dictamine con su sentencia qué medidas se establecen, ambos progenitores tienen la obligación de cumplirlas.

Aunque hace años era frecuente proporcionar la custodia exclusiva a uno de los progenitores (tradicionalmente la madre), teniendo el otro un régimen de visitas, actualmente existe una tendencia creciente a establecer la custodia compartida, de forma que el menor pase el mismo tiempo con cada uno de sus padres.

Divorcio contencioso
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