¿Cómo prevenir el acoso escolar? En 5 pautas

El bullying es un fenómeno común en las aulas, aunque con las medidas necesarias por parte del centro escolar es posible prevenirlo y evitar el sufrimiento de las víctimas.

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Los niños y adolescentes pasan una gran parte de su tiempo en el centro escolar. Por ello, colegios e institutos no sólo son lugares donde adquirir conocimientos y hacer exámenes, sino un entorno en el que cada persona forja las bases de su personalidad, adquiere valores y configura su visión del mundo.

Aunque lo ideal es que todos los alumnos disfruten de un paso por su etapa educativa satisfactorio, la realidad es bien distinta. En este sentido, uno de los problemas más graves pendientes por resolver en las aulas es el acoso escolar, también conocido como bullying. Este consiste en un tipo de violencia que, a pesar de resultar devastadora, no ha sido reconocida como tal hasta hace tan sólo unos años.

En el pasado, era habitual que el acoso escolar fuera considerado un asunto de niños en el que los adultos no debían inmiscuirse. Sin embargo, la violencia entre iguales en el contexto educativo es un fenómeno inadmisible que no se debe ignorar. Aunque, por supuesto, es necesario detectar e intervenir eficazmente los casos de acoso que ya están sucediendo, más importante aún es realizar una intensa labor preventiva. Evitar que el bullying suceda es posible y para ello resulta clave seguir algunas pautas que vamos a repasar en este artículo.

¿Qué es el Bullying?

Antes de profundizar sobre las medidas que pueden ayudar a prevenir el bullying, es importante definir claramente qué entendemos por acoso escolar. Determinar qué es exactamente acoso escolar no es sencillo, motivo por el cual esta cuestión no está exenta de polémica. En general, se considera que hablamos de acoso escolar cuando ocurre una situación de maltrato verbal, físico o psicológico entre menores en el ámbito escolar.

Sin embargo, se ha determinado que una situación puntual no sería, en principio, considerada como acoso, ya que una de las características de esta violencia es su reiteración y sistematización a lo largo del tiempo. No obstante, cuando sucede un episodio de violencia entre menores es preciso analizar la situación y tomar las medidas pertinentes, ya que esto puede ser el germen de una futura situación de acoso escolar.

Aunque entre los alumnos pueden aparecer conflictos relacionales vinculados con la convivencia, esto debe ser diferenciado de una situación real de acoso. Sin embargo, como decimos el centro siempre tiene la obligación de actuar ante cualquier conflicto y tomar las medidas pertinentes para resolverlo de forma eficaz.

Además de su mantenimiento en el tiempo, en el acoso escolar también se pueden observar otras características, como por ejemplo la asimetría entre el agresor y la víctima. Esta diferencia de poder puede venir dada por factores como la edad, la fuerza física o las jerarquías establecidas entre los alumnos de la clase.

Como es de esperar, el acoso escolar repercute seriamente en el bienestar de la víctima. Se trata de una violencia repetitiva, muchas veces diaria, en la que el menor se siente indefenso y se ve en la tesitura de enfrentarse al agresor cada vez que acude al centro escolar. Todo ello produce una merma en su autoestima y en sus habilidades para relacionarse con otros compañeros, ya que la víctima asume que su valor como persona es nulo e incluso puede interiorizar como ciertos los insultos que recibe.

Es habitual que, en los casos más cronificados, el menor llegue a asumir que merece sufrir acoso y que la violencia es algo normal en las relaciones con los iguales. Es decir, toda su visión del mundo se ve alterada, ya que se aceptan como parte de la cotidianidad conductas y agresiones inadmisibles. Por supuesto, pueden aparecer síntomas como irritabilidad, somatizaciones (es especialmente típico el dolor de tripa antes de ir a clase), pesadillas, enuresis, tristeza, miedo… En los casos de acoso donde exista además violencia física, es posible que la víctima muestre marcas como heridas o moratones, que muchas veces pasan desapercibidos para los padres ya que estos se justifican con el juego o las caídas.

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Aunque habitualmente se pone el foco en la víctima a la hora de abordar una situación de acoso escolar, lo cierto es que igualmente importante es analizar qué sucede con el menor agresor. En muchas ocasiones, los alumnos que acosan a sus compañeros son niños que están expuestos en su propia casa a situaciones de violencia, ya sea como víctimas directas de maltrato o como víctimas de la violencia de género que existe en la familia. Por tanto, una situación de acoso puede llegar a ser una señal de alarma de que algo no va bien en el entorno del menor agresor.

Debido a la frecuencia y gravedad del acoso escolar en los centros escolares (tanto públicos como privados y concertados), actualmente se reconoce la obligación de todos los centros de actuar ante una situación de estas características. Así, en los casos reconocidos como acoso, debe implementarse un protocolo específico para acoso escolar. Por desgracia, aún hay mucho por hacer en el ámbito del acoso escolar y aún hay centros que miran hacia otro lado, ignorando una dolorosa realidad ante la cual es necesario actuar. Intervenir contra el acoso puede evitar el injusto sufrimiento de la víctima y lograr reeducar al menor agresor.

Más que habitual es que la medida a tomar ante el acoso sea cambiar de centro escolar a la víctima. Esta decisión debería ser la última alternativa, ya que con esto podemos transmitir al menor acosado que él es el problema y que lo que ha sucedido es su responsabilidad. Además, un cambio de centro puede constituir todo un desafío para un menor que ha sufrido violencia y ha visto trastocados sus esquemas relacionales con los iguales y su autoestima y seguridad. Por ello, antes de llegar a esta decisión es prioritario intervenir en el centro para, además, prevenir que otros alumnos sufran la misma situación en el futuro.

Aunque los profesionales especializados en la materia conocen bien el protocolo que se debería seguir cuando el acoso escolar aparece, lo cierto es que aún son muchos los centros escolares que responden de forma inadecuada ante esta forma de violencia. Como venimos comentando, algunos permanecen impasibles y otros ejecutan medidas que perjudican aún más a la víctima, por lo que sigue siendo un problema mal atendido en muchos casos. Además de mejorar la eficacia y adecuación de las intervenciones, tanto o más importante es prevenir este fenómeno. Evitar que el bullying se inicie es crucial para crear entornos escolares seguros donde todos los alumnos puedan desarrollarse de forma plena y segura.

Cómo prevenir el bullying

En la línea de lo que venimos comentando, vamos a comentar algunas medidas útiles para prevenir el acoso escolar en las aulas, especialmente orientadas a los profesores y demás profesionales de los centros educativos.

1. No mires a otro lado

Es especialmente frecuente que los profesores se muestren sorprendidos cuando un caso de acoso escolar sale a la luz. Aunque la víctima manifiesta estar sufriendo enormemente, parece como si ningún adulto tuviera ojos para verlo. Muchas veces el problema reside en que los profesores no se muestran atentos a las interacciones entre alumnos fuera de la clase.

Precisamente, el acoso suele ocurrir más allá de los confines del aula: en el recreo, en actividades lúdicas, espacios comunes e incluso redes sociales. Así, es deber del profesorado hacer el esfuerzo de ampliar su mirada y no quedarse únicamente con la impresión de normalidad superficial que ve en clase.

2. Escucha a los alumnos que piden ayuda sin invalidar su sufrimiento

Algo que, por desgracia, también es muy habitual es que los profesores resten importancia a las peticiones de ayuda de los alumnos afectados por el acoso. Muchas veces se les transmite el mensaje de que lo que les sucede no es importante o directamente no se cree su relato. Prevenir el acoso requiere que los adultos del centro se muestren disponibles para escuchar de forma empática a cualquier alumno que lo necesite, reconociendo la gravedad de lo que le están haciendo y tomando medidas para cortar el problema de raíz.

3. Educar a los niños en la tolerancia cero al acoso

Como ya comentamos más arriba, muchas veces los profesores son los últimos en enterarse de lo que sucede. Sin embargo, los compañeros de clase suelen enterarse enseguida de que un compañero está siendo acosado. Hacer que ellos contribuyan a cortar el acoso en lugar de perpetuarlo implica educarles en la intolerancia a esta forma de violencia, haciendo énfasis en que no hacer nada es sinónimo de ser parte de dicho acoso. Respaldar a la víctima es clave para que el bullying no evolucione a más y pueda ser erradicado.

4. Reaccionar rápido

Muchas veces sucede que los adultos no toman cartas en el asunto hasta que el acoso no ha alcanzado una gran intensidad tras mantenerse durante un largo período de tiempo. Ante la más mínima sospecha, es crucial responder de forma rápida para encauzar la situación antes de que la víctima sufra las consecuencias.

5. Comunicación fluida con las familias

Abordar una situación de acoso es algo que nunca debe hacerse a espaldas de las familias. Los padres del menor agresor así como de la víctima deben ser partícipes de la solución. Es crucial que ambas partes no se comuniquen directamente entre sí, sino que sea el profesor quien hable con cada una por separado. De esta forma, se debe guiar a cada familia para que actúe y el acoso no siga escalando.

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