Psicología

¿Cuál es la implicación del sistema simpático en el estrés?

El sistema nervioso simpático regula las reacciones fisiológicas involuntarias que se despiertan ante un peligro y que culminan con la experimentación de estrés.
Sistema simpático estrés

El estrés es una emoción que, aunque desagradable, es fundamental para nuestra supervivencia. Aparece en situaciones que percibimos como dañinas para nuestra integridad física, psicológica y emocional, sean potencialmente peligrosas o simples molestias.

Existe una parte de nuestro sistema nervioso que, aunque poco conocido en la cultura popular, es la responsable de que sintamos el estrés: el sistema simpático. Gracias a esta subdivisión del sistema nervioso autónomo nuestro organismo se prepara para aquellas situaciones en las que necesitamos emitir una respuesta rápida y efectiva para poder sobrevivir.

A continuación vamos a ver a fondo cuál es la implicación del sistema simpático en el estrés y cómo este peculiar conjunto de células nerviosas desempeña distintas funciones que, en su conjunto, dan lugar a un episodio fisiológico asociado a la ansiedad.

¿Qué es el sistema nervioso simpático?

El sistema simpático es una parte del sistema nervioso autónomo que regula las funciones involuntarias. Se encarga de controlar nuestros reflejos y reacciones inconscientes ante estímulos percibidos como peligrosos, siendo este sistema en concreto el que está detrás de nuestra reacción fisiológica del estrés y todas las respuestas adaptativas que supone manifestar esta emoción.

El estrés es una reacción fundamental para nuestra supervivencia, y también para la de los animales con un sistema nervioso central desarrollado. Este fenómeno aparece como respuesta ante una situación que percibimos como peligrosa para nuestra integridad física, mental y/o emocional y ante la cual, para poder salir de ella exitosamente, debemos responder sin demora, ya sea luchando o huyendo de ella. En apenas milésimas de segundo se activan varias partes de nuestro cuerpo y se convierten en las receptoras de toda la energía y atención, paralizando otros procesos que no son necesarios en ese momento.

Es gracias al sistema simpático y su respuesta en forma de estrés fisiológico que cuando vemos, por ejemplo, a alguien que nos persigue con una arma por la calle, nos ponemos a correr sin siquiera darnos cuenta de lo que estamos haciendo. También es gracias a este sistema que si vemos que nos va a dar en la cara una pelota o que se nos va a caer una taza al suelo actuamos rápidamente, protegiéndonos en el primer caso y tratando de salvar el recipiente en el segundo.

A continuación vamos a hacer un repaso de qué posición ocupa el sistema simpático en nuestro organismo dentro de la extensa y compleja estructura que es el sistema nervioso en general. Además, iremos viendo un poco por encima cómo se relacionan las diversas partes del sistema nervioso y cómo se da la implicación del sistema simpático en el estrés.

Sistema nervioso simpático

El sistema simpático dentro del sistema nervioso

A grandes rasgos, el sistema nervioso es la extensa red de telecomunicaciones del organismo compuesta por una compleja autopista de miles de millones de neuronas que se comunican información por medio de impulsos eléctricos y neurotransmisores. Estos impulsos pueden ir a parar tanto a músculos del cuerpo, donde hacen lo que el cerebro les manda, como proceder de diferentes órganos e ir a parar al encéfalo mismo, donde serán interpretados en forma de sentidos.

Atendiendo a una clasificación morfológica el sistema nervioso se divide en dos: el sistema nervioso central y el sistema nervioso periférico. El central está compuesto por el encéfalo (cerebro, tallo cerebral y cerebelo) y la médula espinal, siendo el primero el encargado de crear y procesar información y dar órdenes mientras que el segundo se encarga de hacer enviar esa información a los nervios correspondientes. El periférico está compuesto por la red de nervios que comunican el sistema nervioso central con todos los órganos y tejidos del cuerpo.

Y es aquí donde introducimos una clasificación menos conocida que atiende a la función que realizan diferentes partes del sistema nervioso: el sistema nervioso somático y el sistema nervioso autónomo. El somático es el conjunto de neuronas involucradas en todas las funciones y acciones voluntarias del cuerpo, como lo sería lanzar una pelota, escribir o hablar. En cambio, el sistema nervioso autónomo engloba todas aquellas acciones que se dan en nuestro organismo de forma involuntaria, sin tener control deliberado sobre ellas. Este sistema se subdivide en tres sistemas: el parasimpático, el simpático y el entérico.

El sistema parasimpático engloba todas aquellas funciones que hacen que el organismo se encuentre en reposo. Es este sistema el que se encarga de reducir la frecuencia cardíaca, mantener la digestión activa, reducir la presión arterial, contraer las pupilas… En cambio, el simpático hace justo lo contrario, llevando al organismo a su activación fisiológica: incrementa el latido cardíaco, inhibe la digestión, aumenta la presión arterial y dilata las pupilas… en definitiva, hace todo lo posible para mantener activado el organismo y que prepare sus energías para hacer frente a una posible amenaza. Nos provoca estrés.

El otro subsistema que está dentro del autónomo es el entérico, que si bien no es el tema de este artículo, es importante mencionarlo puesto que es este sistema el que se encarga de una función muy importante para que podamos vivir: permitir los movimientos del sistema gastrointestinal.

¿Por qué da lugar a la experimentación de estrés?

Como acabamos de ver, el sistema nervioso simpático es una parte del sistema nervioso que se encarga de respuestas involuntarias ante distintos estímulos, en concreto activando el organismo para que se prepare ante una situación de la que tendrá que emitir una respuesta de lucha o huida. Es el sistema simpático el que está detrás del estrés que manifestamos cuando percibimos un peligro o algo que nos va a provocar algún tipo de daño o molestia.

Al ser una subdivisión funcional del sistema nervioso, el simpático no se puede aislar anatómicamente como sí lo podríamos hacer con los sistemas central y periféricos. De hecho, el sistema simpático es más bien un conjunto de reacciones y centros nerviosos que se relacionan y encuentran en esos dos sistemas nerviosos anatómicos, haciendo actividades de las que ambos sistemas se encargan.

Lo que debe quedar claro del sistema simpático es que es fundamental para nuestra supervivencia y que trabaja interviniendo en los mecanismos más primitivos de los que dispone nuestro organismo, actuando de forma rápida ante situaciones en las que el tiempo apremia y se requiere invertir todas nuestras energías para salir exitosos de una situación difícil y que podría suponernos un perjuicio, situaciones en las que sentimos estrés. Cuando la situación no es percibida como peligrosa, este sistema simplemente está como silenciado, no trabaja.

Estrés cerebro

En el momento en el que los órganos de los sentidos envían una información al cerebro y éste lo interpreta como señal de que nos encontramos en una situación peligrosa, se activa rápidamente el sistema simpático y sus centros neurológicos toman el control. Gracias a su control involuntario reaccionamos a distintos estímulos sin tener que procesar esa información, ahorrándonos tiempo y esfuerzo cognitivo. Es por esto que muchas veces nos sorprende lo rápido que reaccionamos en situaciones de estrés, no porque las pensemos, sino justo por lo contrario que es que pensamos más bien poco y de forma instintiva.

Las 5 funciones principales del sistema nervioso simpático

Finalmente, vamos a ver qué funciones realiza el sistema simpático, todas ellas relacionadas con la respuesta orgánica que manifestamos en situación de estrés. Lo que nos debe quedar claro de las siguientes funciones es que todas ellas implican que el organismo responda de la forma más eficiente ante el peligro, sea huyendo o sea atacando.

1. Producción de las hormonas del estrés

El sistema simpático incrementa la producción de las hormonas del estrés, en especial la adrenalina y la noradrenalina. Estas hormonas son las que nos llevan a experimentar tanto el estrés físico como el emocional, y son muy importantes para propiciar todas las funciones que lleva a cabo esta parte del sistema nervioso autónomo.

En una situación peligrosa el estrés es necesario, puesto que es lo que nos motiva a actuar. Una vez se ha inducido químicamente, el estrés hace que nuestro rendimiento físico y psicológico aumente. Sin embargo, esto conlleva una parte negativa, sobre todo si se prolonga demasiado el estado de estrés y es el daño a largo plazo de estar en constante tensión.

2. Aumento de la frecuencia cardíaca

Cuando se tiene que actuar rápido ante un peligro se necesita que los músculos estén listos para trabajar de la forma más eficiente posible. Para ello es necesario que reciban todo el oxígeno y nutrientes de los que se disponga, algo que se consigue más rápido cuando el corazón bombea la sangre con mucha fuerza y rapidez.

Así pues, el sistema nervioso simpático hace que se incremente la frecuencia cardíaca para lograr este fin, haciendo que también aumente la presión sanguínea. Es por esto que cuando estamos estresados podemos llegar a sentir taquicardias, palpitaciones y todo tipo de sensaciones en el pecho puesto que el corazón está trabajando más de lo normal.

Aumento frecuencia cardíaca

3. Dilatación las pupilas

En situación de peligro, nuestros sentidos se tienen que agudizar, en especial el de la vista, que es el que los humanos usamos más. El sistema simpático da la orden a los músculos de los ojos que dilaten las pupilas, haciendo que se capte más luz. Dilatando las pupilas captamos tanta información visual como nos es posible, facilitando a su vez una respuesta mejor.

4. Aceleración de la respiración

Cuando sentimos que estamos en peligro, es normal que empecemos a respirar más rápido. El sistema simpático preve que vamos a usar los músculos para huir, sabiendo que se requerirá mayor cantidad de oxígeno por lo que da la orden de acelerar la respiración para incrementar el volumen de aire que inspiramos.

Aceleración respiración

5. Inhibición de funciones no necesarias

Como hemos comentado, cuando se está en una situación de peligro es necesario destinar todas las energías a mecanismos que ayuden a la supervivencia, sea la lucha o la huida. Básicamente nuestras energías deben invertirse en los músculos, el cerebro, los sentidos, el corazón y los pulmones, siendo el resto de órganos y sus funciones no necesarios en esta situación.

Es por ello que el sistema simpático da la orden de parar cualquier actividad que suponga un gasto de valiosa energía y que no ayude a la supervivencia, como lo sería la digestión, la sudoración y la producción de orina. Por este motivo cuando estamos estresados se nos hace un nudo el estómago, dejamos de sentir que tenemos ganas de orinar o no sudamos, aunque sí que es cierto que hay personas que justo estando estresadas se mean encima.

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