Ejercicio Físico

Los 7 beneficios psicológicos que nos aporta la actividad física y el deporte

El deporte no solo mejora nuestra salud física, sino que potencia enormemente nuestro bienestar psicológico. Una recopilación de los beneficios de la actividad física en nuestra salud mental.
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Los deportes y la actividad física en general nos ayudan a mantenernos sanos. Realizar ejercicio físico con regularidad ayuda a combatir muchas enfermedades, entre ellas la diabetes, la obesidad y los problemas de corazón. Además, haciendo deporte con frecuencia vamos teniendo un cuerpo más tonificado, con menor porcentaje de grasa, más masa muscular y unos huesos más sanos, signos de salud y de tener un cuerpo atractivo.

Pero además de ayudarnos en lo físico, el ejercicio nos ayuda en lo psicológico. A continuación vamos a descubrir cuáles son los beneficios psicológicos que nos aporta la actividad física y el deporte.

Los beneficios psicológicos asociados al ejercicio y al deporte

Nadie pone en duda que el deporte y el ejercicio físico en general son de las mejores formas para combatir problemas de salud, además de mantenernos en forma y retrasar la aparición de todo tipo de enfermedades. Realizando entre 120 y 150 minutos semanales de actividad física moderada, preferiblemente en unas 3 o 4 sesiones, se reduce el riesgo de padecer problemas como la obesidad, la diabetes y enfermedades cardiovasculares.

Pero, además de mantenernos sanos físicamente, el deporte tiene repercusiones positivas para nuestro bienestar mental. Nos sentimos aliviados, relajados, tenemos mejor concentración e, incluso, nos sentimos más optimistas. Junto con esto, poseer un cuerpo delgado, musculado y tonificado es algo que nos ayuda a vernos bien con nosotros mismos, estando contentos con cómo nos vemos en el espejo. Así pues, podemos imaginarnos que son muchos los beneficios psicológicos que nos aporta la actividad física y el deporte, beneficios que vamos a ver a continuación.

1. Reduce la fatiga mental

Realizar actividad física con frecuencia no únicamente aumenta el rendimiento físico, sino que también nos hace menos vulnerables a la fatiga mental. Practicar un deporte cualquiera ayuda a que, a la larga, podamos estar más tiempo haciendo cualquier actividad sin cansarnos psicológicamente, lo cual hace que cometamos menos errores y tardemos más tiempo en perder la concentración.

Relajación deporte

2. Reduce los síntomas de la depresión y el estrés

Si ya una sola sesión de ejercicio físico nos hace sentirnos bien, reduciendo la sensación de estrés y animándonos emocionalmente, transformarla en un hábito diario o semanal contribuye a una reducción significativa de los síntomas de la depresión y el estrés.

Si bien hay que entender que estos problemas psicológicos deben ser tratados acudiendo a un profesional, cabe destacar que la práctica de deporte está muy recomendada porque hace que la persona se sienta más enérgica, logre desconectar de sus preocupaciones y se sienta optimista, incluso eufórica: nos hace estar más felices.

Tras una sesión de actividad física se siente un estado de bienestar elevado gracias a que el cerebro libera sustancias químicas, entre ellas las endorfinas, que nos hacen sentirnos mejor. Estos beneficios son especialmente útiles si la sesión de ejercicio se hace al comienzo o a mitad del día. Otro aspecto importante a tener en cuenta es que la práctica de deporte frecuente hace que tengamos menos problemas de sueño, un factor de riesgo para presentar trastornos mentales. Es decir, hacer ejercicio hace que durmamos bien y, consecuentemente, no padezcamos psicopatologías.

3. Mejora la autoestima

Por un lado, el ejercicio mejora nuestra autoestima porque de hacerlo con frecuencia nuestro cuerpo empezará a cambiar de forma agradable: ganaremos músculo, adelgazaremos y estaremos más tonificados. Al vernos mejor en el espejo tendremos un motivo para sentirnos bien con nosotros mismos, incrementando nuestra autoestima como consecuencia de ello.

Por otro lado, la práctica frecuente de ejercicio mejora nuestra autoestima de forma indirecta porque, a medida que más sesiones vayamos cumpliendo, veremos que somos personas que podemos seguir un compromiso y hacer frente a la pereza, la desgana y el miedo.

Autoestima deporte

4. Hace que tomemos hábitos más saludables

Ser físicamente activo nos motiva para seguir hábitos más saludables. Muchas personas, cuando se ponen en serio practicando un nuevo deporte, empiezan a reducir el consumo de alimentos poco sanos, optando por una dieta saludable y variada. Esta decisión la toman porque, aprovechando que han iniciado un nuevo hábito saludable, la trasladan al resto de ámbitos de su vida.

El deporte hace que tomemos hábitos más saludables, no únicamente consumiendo alimentos más saludables sino que, también, reduciendo o eliminando por completo malos hábitos, especialmente el consumo de alcohol y el tabaco. De hecho, muchas personas han conseguido dejar de fumar o se han desenganchado de una adicción cuando han empezado a ir al gimnasio o se han apuntado a un equipo de fútbol. El deporte hace que tengan la fuerza de voluntad para dejar sus vicios.

5. Mejora la sociabilidad

Realizar deporte puede mejorar nuestra sociabilidad de diferentes formas. Por un lado tenemos el hecho de que muchos deportes son de equipo o implican tener que interactuar con otras personas, como puede ser ir al gimnasio, hacer fútbol o baloncesto, boxeo, running…

Todas estas actividades nos permiten establecer contacto con personas que comparten las mismas aficiones que nosotros y tengamos nuevos amigos. Las relaciones sociales nos alejan del aislamiento, uno de los principales factores de riesgo para padecer trastornos mentales.

Pero también resulta que los deportes “solitarios” nos ayudan a tener una mejor sociabilidad. Cualquier actividad física implica cambios a nivel físico y, consecuentemente, un incremento de la autoestima. Al tener mayor autoestima nos volvemos en personas más seguras y decididas, lo cual hace que perdamos el miedo a hablarle a las personas, además de que nos convertimos en personas más extrovertidas y atractivas socialmente. El deporte, por muy en solitario que se haga, nos predispone al contacto social.

Sociabilidad

6. Previene enfermedades cognitivas

El deporte nos protege de enfermedades cognitivas, especialmente en la tercera edad. De hecho, la práctica de ejercicio regular estimula el cerebro y favorece la plasticidad cerebral de la misma forma en cómo lo hacen actividades como hacer un sudoku, aprender a tocar un instrumento o aprender un nuevo idioma. Este hábito contribuye a que se formen nuevas conexiones interneuronales y, en caso de que se produzca una enfermedad neurodegenerativa, el paciente tardará más tiempo en manifestar los primeros síntomas.

7. Mejora el aprendizaje y la memoria

Relacionado con el punto anterior, al activar con frecuencia nuestro cerebro y producir más conexiones entre neuronas se favorece la capacidad de aprendizaje y memoria. Gracias a esto tenemos un mayor rendimiento cognitivo, algo que nos beneficiará en tareas que aparentemente no tienen mucho que ver con realizar deporte, como puede ser estudiar en el instituto o elaborar un informe para nuestro trabajo.

Las personas que practican deporte semanal tienen una mejor concentración, además de que aprenden más rápido y atienden mejor en cualquier contexto. Unido a esto, son personas más creativas y espabiladas y, también, tienen mejor rendimiento académico y un mayor desempeño laboral. Es decir, practicar deporte regularmente hará que tengamos más probabilidades de éxito en la vida.

Aprendizaje

¿Qué explicación neurobiológica hay detrás?

El motivo por el que el deporte resulta un buen aliado para nuestra salud mental ha sido muy estudiado y, aunque todavía no se ha encontrado un mecanismo biológico bien definido, sí que se tienen algunas evidencias bioquímicas de que el deporte nos protege frente trastornos mentales, en especial de la depresión y los trastornos de la ansiedad. No obstante, cabe insistir en que el deporte en sí mismo no cura los trastornos mentales, pero sí que reduce su sintomatología.

La depresión es un problema que afecta a 44 millones de personas en algún momento de su vida, y está asociada a un importante grado de incapacidad, alta comorbilidad médica y altos costes en salud pública; además, puede suponer mortalidad prematura. Entendido todo esto, resulta extremadamente necesario y urgente que se diseñen planes para evitar que este trastorno aparezca y empeore, poniendo el foco de interés especialmente en aquello que sea un factor de riesgo altamente modificable, es decir, aspectos de la persona o de su ambiente que puedan cambiarse y eviten que se dé la depresión.

Un metanálisis de 2018 dio sólidas evidencias de la relación entre la práctica de actividad física regular con la reducción de sintomatología depresiva, dando fuerza a que para reducir los efectos asociados a este trastorno aplicar programas para fomentar una vida activa sería una muy buena estrategia. Se sabe que la actividad física estructurada reduce la sintomatología depresiva y, como es un factor altamente modificable, se ha intentado introducir en la terapia psicológica, especialmente teniéndose en cuenta que cerca del 50% de los pacientes con depresión mayor no llegan a los 120 minutos de ejercicio semanal.

En su metanálisis, Schuch y colegas analizaron 49 estudios y llegaron a la conclusión de que, si bien hay un mínimo de ejercicio que implica beneficios a nivel psicológico (120-150 minutos semanales) cuanto más actividad física se haga, mejor para nuestro cerebro. Siempre que no sea un deporte de impacto y que pueda causarnos encefalopatía traumática crónica, como el boxeo o el hockey sin la debida protección, el deporte tiene repercusiones positivas para nuestra salud mental y nos protege de trastornos.

En el caso concreto de la depresión, se cree que son varios los factores bioquímicos y psicosociales que son responsables de que el deporte nos proteja de la depresión o, al menos, reduzca la sintomatología asociada. Como el grado de actividad física es de los pocos factores de riesgo potencialmente modificables, a diferencia de la genética o el entorno, se ha vuelto crucial fomentar realizar deporte entre los pacientes con depresión.

Los mecanismos biológicos que se ven modificados con la realización de deporte son varios, siendo los más importantes el incremento de la neurogénesis y la reducción de marcadores inflamatorios y oxidantes. Además, con la actividad física se activa el sistema endocanabinoide, el cual nos da una sensación de bienestar psicológico, con efectos químicos similares al bienestar que algunas personas sienten tras haber inhalado marihuana.

Otra de las cosas que se ha encontrado entre la depresión y realizar deporte tiene que ver con el hipocampo. Las personas con depresión tienen un menor volumen hipocampal, además de que sus niveles de marcadores de neurogénesis están reducidos y los marcadores inflamatorios y oxidantes incrementados. La actividad física podría reducir estas anormalidades, contrarrestando la depresión incrementando el volumen hipocampal y haciendo que haya niveles saludables de esos distintos marcadores.

La importancia de integrar el ejercicio en nuestras vidas

Teniendo en cuenta todo lo que hemos comentado sobre sus beneficios, se podría decir que hacer deporte es la mejor manera de obtener hormonas de la felicidad, mejorar nuestra autoestima, rendimiento cognitivo y habilidades sociales. Sus beneficios a nivel psicológico son alcanzables por cualquier persona, siempre y cuando no sufra ningún problema físico que le impida realizar deporte. Por este motivo y teniendo en cuenta lo fácil que es disfrutar de sus ventajas, el deporte es algo que debemos introducir en nuestra vida cotidiana.

Pero pese a todos sus beneficios tanto físicos como psicológicos lo cierto es que muchas personas no lo ven como algo placentero, sino una tarea más que añadir en sus ajetreadas vidas diarias. Nuestro estilo de vida nos dificulta ponernos a empezar una actividad deportiva cualquiera y, en muchas ocasiones, lo vemos más como una obligación que no como una práctica de salud que nos ofrece bienestar y felicidad. Es por culpa de esta visión que muchos empiezan a hacer ejercicio pero al cabo de poco lo dejan.

Por esto, con el fin de integrarlo de forma satisfactoria en nuestras vidas, es muy importante preguntarnos para qué hacemos ejercicio antes de practicarlo, además de decidir cuál es la mejor actividad deportiva para nosotros. Ya sea para adelgazar, estar tonificados, estar musculados, relajarnos o divertirnos debemos ver al deporte no como una obligación o una tarea más, sino una fuente de bienestar, sinónimo de tener una vida más larga y saludable a nivel físico y mental.

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