Síndrome del Impostor: ¿qué es y cómo evitarlo?

El síndrome del impostor es un problema psicológico por el cual una persona es incapaz de valorar y disfrutar sus logros, ya que continuamente se percibe como un fraude de cara a los demás.

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El mundo en el que actualmente vivimos va a toda velocidad y marca un nivel de exigencia y ritmo que es casi imposible de alcanzar. En el plano laboral, cada vez se nos pide llegar a estándares más altos de excelencia, lo que puede suponer una fuente importante de angustia y estrés.

Es cierto que no a todo el mundo le va igual de bien en su trabajo. Hay personas que son especialmente brillantes y destacan sobre los demás, pues consiguen metas y logros impensables para la mayoría. Normalmente, tendemos a asumir que esto es sinónimo de satisfacción y felicidad. Aceptamos que quienes han triunfado profesionalmente son individuos seguros de sí mismos y capaces de comerse el mundo si se lo proponen.

Sin embargo, en muchos casos sucede que ese éxito indiscutible no va acompañado de la esperada sensación de plenitud. Para algunas personas el éxito no se vive desde el disfrute, sino desde la duda e incluso desde la angustia. En otras palabras, no se creen lo que han conseguido. No se sienten merecedoras de sus logros y atribuyen estos a factores externos. Este curioso fenómeno se conoce en psicología como el Síndrome del Impostor. En este artículo vamos a hablar acerca de este curioso síndrome y veremos de qué forma es posible evitarlo.

¿Qué es el Síndrome del Impostor?

El Síndrome del Impostor es un fenómeno psicológico que lleva a la persona que lo sufre a creer que no es suficientemente inteligente, capaz o válida, aunque las evidencias objetivas indiquen lo contrario. Las personas que tienen esta tendencia suelen ser muy exitosas, pero no son capaces de disfrutar sus logros debido a que se perciben a sí mismas como un fraude.

Quienes experimentan este curioso síndrome pueden tener una personalidad especialmente perfeccionista, pero también pueden sufrir una enorme inseguridad en sí mismos como consecuencia de experiencias pasadas negativas.

Este problema psicológico puede ser muy nocivo para quien lo sufre y ocasionar enormes daños en su desempeño profesional y en el plano personal. Sin embargo, la mayoría de los afectados no suelen ser realmente conscientes de que tienen un problema, ya que se encuentran atrapados en esta dinámica de una forma casi automatizada.

Todos somos susceptibles de sufrir este problema, ya que muchas veces la inseguridad y la falta de confianza en nuestras capacidades puede llevarnos a formar una imagen distorsionada de nosotros mismos.

Se trata de un problema cada vez más habitual, que está suponiendo una preocupación para los departamentos de recursos humanos de muchas empresas. Los empleados que se sienten incompetentes pueden dudar de su propio trabajo y, por ende, no explotar todo su potencial. Por ello, las organizaciones son las primeras interesadas en que sus trabajadores disfruten de una buena salud mental.

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Perfiles asociados al síndrome del impostor

El síndrome del impostor puede darse en prácticamente cualquier persona. Sin embargo, parece que algunos perfiles son más tendentes que otros a experimentar este problema psicológico. Vamos a conocerlos.

1. El perfeccionista

El síndrome del impostor parece estar muy relacionado con el elevado perfeccionismo. Las personas muy cuadriculadas y rígidas buscan siempre el absoluto control de la situación y se marcan objetivos más que ambiciosos.

Por ello, cuando no cumplen con las expectativas imposibles que se han autoimpuesto, suelen experimentar una intensa frustración. Así, viven continuamente sintiendo que no son suficiente y no están a la altura. Esto supone un enorme obstáculo para disfrutar del éxito. Por ello, los logros propios se infravaloran y justifican en base a factores externos, como la suerte o la casualidad.

2. El experto

Las personas que sufren el síndrome del impostor se sienten un fraude, y están convencidas de que, en cierta forma, han llegado hasta donde están gracias a haber “engañado” a sus jefes y superiores. Por ello, siempre piensan que algún día se descubrirá que no son tan capaces como parecían y que no merecen estar donde están. Quienes encajan en este perfil se sienten incómodos ante las alabanzas y nunca se sienten conformes con sus conocimientos, pues siempre les resultan insuficientes.

3. El superhéroe o la superheroína

Quienes pertenecen a este perfil se suelen presionar de manera muy dura para trabajar y cumplir con las expectativas que creen que los demás tienen sobre ellos. Este tipo de personas tienden al aislamiento social, reduciendo toda su vida al trabajo progresivamente. Es habitual que hagan horas extras, que sientan estrés fuera del trabajo y que dejen de lado sus antiguas aficiones.

Por este motivo, suelen encontrarse muy afectadas a nivel emocional y encuentran dificultades para cuidar sus relaciones personales. Los llamados superhéroes tienden a comportarse como auténticos adictos al trabajo, pues sus logros laborales son el único camino por el que creen que los demás les valorarán.

4. El individualista

Este tipo de personas sufren un síndrome del impostor que les hace creer que pedir ayuda es sinónimo de incompetencia. Dado que consideran que nunca son suficiente, tratan de demostrar su valía trabajando de manera totalmente autónoma sin pedir ayuda o apoyo a otras personas.

5. El genio

Las personas con síndrome del impostor que encajan en este perfil tienden a creer que si algo les cuesta esfuerzo es que son unos negados para ello. Por ello, no se permiten equivocarse o probar varios intentos, sino que se marcan como meta hacerlo todo perfecto desde la primera vez. De esta manera, experimentan elevados niveles de estrés, ya que continuamente sienten que no son capaces de hacer las cosas como querrían.

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Cómo evitar el síndrome del impostor

Todos podemos llegar a sufrir el temido síndrome del impostor. Sin embargo, hay algunas pautas que pueden ser de ayuda para evitarlo.

1. Pon el foco en los hechos

Las personas con este síndrome están convencidas de que no son suficiente, que no son exitosas y que los logros que consiguen no son merecidos. Paradójicamente, la realidad es que son muy exitosas y brillantes. Si esto te sucede, es importante que anotes y repases todos los logros que has conseguido hasta la fecha. Así, cuando tengas la firme creencia de que algo irá mal o de que no eres válido, debes poner el foco en los hechos objetivos.

2. Acepta tus emociones, pero no dejes que te frenen

Aunque la imagen que tienes de ti mismo no se encuentre ajustada a la realidad, eso no significa que tus emociones no sean importantes. No se trata de que suprimas tu malestar y te convenzas a ti mismo de que todo está bien. En su lugar, reconoce que no te sientes bien y acéptalo, pero no dejes que esto domine tus acciones. Trata de hacer esfuerzos en el día a día que te permitan adquirir cada vez mayor seguridad. Acepta un cumplido, aprovecha ese ascenso que te han ofrecido o acude a esa entrevista de trabajo para la que crees que no estás capacitado.

3. Comparte tus sentimientos con personas de confianza

Cuando nos sentimos impostores, tendemos a alejarnos de los demás por miedo a que descubran que no somos tan buenos como ellos creen. Sin embargo, apoyarnos en nuestro entorno cercano es una buena medida para lidiar con este problema. El síndrome del impostor es mucho más frecuente de lo que parece, por lo que hablar acerca de ello te puede ser de mucha ayuda.

Al compartir tus sentimientos liberarás mucha tensión acumulada y permitirás comprenderlos desde una nueva perspectiva. Muchas veces, los pensamientos que nos guardamos tienden a hacerse cada vez más grandes y dominantes, terminando abrumados por creencias que no tienen un fundamento real. Dar una vía de escape a estos contenidos te servirá para reducir el malestar.

Añadido a esto, si decides compartir cómo te sientes con compañeros de trabajo, es posible que conozcas a personas que están pasando por una situación similar a la tuya. Así, hablar con alguien que ha pasado por lo mismo puede ser muy terapéutico.

4. Deja a un lado las comparaciones

Cuando nos sentimos inseguros con nosotros mismos tendemos a compararnos con los demás. Esta práctica puede ser muy tóxica para tu salud mental, ya que probablemente confrontes tus peores defectos con las mejores virtudes de los otros. En su lugar, trata de parar por un momento e intenta cambiar tu perspectiva. Por supuesto, seguro que tus compañeros cuentan con infinidad de virtudes.

Sin embargo, esto no tiene por qué ser una amenaza para tu autoestima y seguridad. Los demás pueden ser para ti un referente a seguir para mejorar, a la vez que tú puedes serlo para ellos. Los talentos de los otros no restan valor a los tuyos, sino que pueden complementarse y enriquecerse de forma bidireccional.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca del síndrome del impostor. Este problema de salud mental es bastante común y hace que muchas personas se sientan poco válidas o competentes a pesar de ser objetivamente muy exitosas. El síndrome del impostor puede mermar seriamente la salud mental y limitar el rendimiento laboral de quien lo sufre.

Hay diferentes factores que pueden contribuir a que este problema aparezca. Algunas características de personalidad o experiencias pasadas negativas son los más frecuentes. Aunque todos somos susceptibles de sufrir este curioso síndrome, hay determinados perfiles que son especialmente comunes. En cualquier caso, ciertas pautas pueden ser de ayuda para manejarlo e impedir que se complique.

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