¿Qué es la Psicopatía? Características y rasgos del psicópata

Este patrón de conducta suele asociarse con personas violentas y con tendencia criminal. ¿Es así realmente?
Psicopatía

La psicopatía se expresa como un patrón de conducta y de pensamiento que tiene, como consecuencia última, la generación de algún perjuicio (tanto al entorno inmediato como a la sociedad en su conjunto).

Muchos delincuentes presentan un perfil de esta naturaleza, pero también son muchos los psicópatas que logran conciliar de una forma armónica sus rasgos con las demandas de la vida diaria.

A lo largo de la historia han sido muchos los autores que se han interesado por un análisis minucioso del fenómeno; pese a que sigue siendo hoy en día una realidad esquiva y muy difícil de reducir a término sencillos, objetivos y operativos.

En este artículo revisaremos los "síntomas" fundamentales de la psicopatía. No obstante, es importante considerar la enorme diversidad que puede adoptar: desde el monstruo que perpetra actos inefables al más comedido y reflexivo individuo, o simplemente alguien de apariencia normal con quien nos cruzamos en el ascensor.

Características y rasgos de personalidad del psicópata

Seguidamente procedemos a reseñar los doce rasgos del psicópata, con un énfasis especial en los correlatos de la personalidad que le son característicos.

Para este fin tomaremos como referencia los criterios de Cleckley, que fueron elaborados en la primera mitad del siglo XX a partir de la extensísima experiencia del autor, y que continúan manteniéndose vigentes en la actualidad.

1. Ausencia de ansiedad o neuroticismo

Uno de los rasgos descritos clásicamente, en lo relativo a la manera de sentir del psicópata, subraya su reducido nivel de ansiedad; el cual implica que se pueda mantener impertérrito en situaciones de extrema urgencia o de tensión. Este hecho se asocia a cierta dificultad para proyectar su atención prospectivamente (hacia el futuro), pues este es uno de los ejes sobre los que orbita la experiencia ansiosa (y que la diferencia del miedo como una emoción más básica).

El bajo nivel de ansiedad puede ser percibido por el entorno como una especie de frialdad relacional, aunque también se alza a menudo como uno de los atributos que se asocian a su atractivo interpersonal.

2. Encanto externo y notable inteligencia

Las personas con psicopatía son capaces de mostrar a los demás una imagen de sí mismas socialmente deseable, pues la conservación de su empatía cognitiva les permite inferir las expectativas que se depositan sobre ellas y actuar consecuentemente. Es por ello que a veces son tachados de vecinos ejemplares y sin mácula, pese a que albergan en realidad una vida emocional particularmente pobre.

En las primeras descripciones que se hicieron sobre el fenómeno se acentuaba la posesión de aptitudes intelectuales elevadas. Lo cierto es que esto no sucede así en todos los casos, pues hay evidencia de crímenes perpetrados por tales individuos en los que se cometieron imprudencias de las que se infería una escasa capacidad mental. En términos absolutos, en la actualidad se considera que el intelecto de los psicópatas se ubica en el promedio de la población general.

3. Egocentrismo e incapacidad de amar

El psicópata es un sujeto egocéntrico, hasta el punto de que su forma de ser y actuar ha sido tildada como narcisista. En todo caso, se trata de personas con una imagen distorsionada de sí mismas, la cual inflama su propio valor en detrimento paralelo del de los demás. Suelen exigir que se les trate con privilegios (respeto desproporcionado, prioridad, etc.), pese a que implique un sacrificio para quienes conviven con ellos.

Esta posición, absolutamente centrada en uno mismo, obstaculiza el desarrollo de todas las competencias emocionales que se precisan para amar sinceramente al otro. No se aprecia capacidad de sacrificio ni entrega, únicamente un interés egoísta por obtener algún rédito de las relaciones interpersonales. Es por ello que, finalmente, tales vínculos se mantienen por el miedo y/o la amenaza (y no por la libertad que debería estar a la base de todo lazo afectivo).

4. Reacciones emocionales pobres

Mediante procedimientos de registro objetivo de la actividad fisiológica, se ha detectado que los psicópatas presentan una escasa reacción emocional ante estímulos visuales asociados al daño o el dolor, que con frecuencia generan miedo espontáneo en población general. Este patrón podría estar asociado a alteraciones en la función de la amígdala o sus interacciones con la corteza prefrontal.

Al indagar en los sentimientos de modo más profundo, los psicópatas tienden a describir un estado de vacío relativamente persistente. No viven las emociones básicas con la intensidad esperable, y se sabe que también tienen una gran dificultad para actuar compasivamente ante los avatares que les ocurren a los demás (déficit en la empatía emocional). Para este último caso se ha estudiado la posible contribución de las neuronas espejo (o especulares), un grupo de células que activa patrones afectivos paralelos a los de la persona que estamos observando.

5. Vida sexual impersonal y poco integrada

En la psicopatía es común que los contactos sexuales se limiten a sus matices puramente físicos, devaluándose los correlatos afectivos que en principio se le asocian. Las relaciones sentimentales pueden verse bloqueadas por la dificultad para avanzar hacia etapas de mayor compromiso, por lo que el sexo deviene un acto placentero sin la capacidad para construir un puente afectivo entre los implicados.

En los casos en los que la psicopatía convive con la impulsividad, lo que sucede con mucha frecuencia, la persona puede llegar a incurrir en actividades sexuales de muy alto riesgo (promiscuidad, prostitución, etc.). Estos actos incrementan sustancialmente la probabilidad de contraer infecciones agudas o crónicas.

6. Ausencia de culpa y vergüenza

Las personas con psicopatía no muestran a los demás ningún signo de debilidad, puesto que consideran que podría ser el acicate para convertirse en víctimas. Tampoco evidencian remordimientos cuando causan un agravio, lo que impide que puedan aprender conductas altruistas (pues estas dependen en gran parte de los sentimientos que se presentan durante este tipo de interacciones).

La dificultad para experimentar en propia piel las emociones de otros individuos se traduce en una capacidad limitada para la vergüenza. Para comprenderlo es esencial considerar que la vergüenza deriva de inferencias subjetivas sobre qué podrían estar pensando los demás respecto a nuestra forma de actuar o de ser, detonándose cuando valoramos que se está forjando algún juicio negativo. Dado que en la psicopatía es muy difícil integrar, considerar y valorar los afectos de terceras personas; la vergüenza se resentiría.

7. Indigno de confianza

La inestabilidad, los accesos súbitos de ira, el narcisismo social y la incapacidad para trazar relaciones basadas en la reciprocidad acaba propiciando la desconfianza del entorno hacia el psicópata. A ello se suma el impacto legal de posibles actos antisociales; como estafas, robos, hurtos y peleas. Esta situación segrega la red de quienes presentan tales rasgos, que se ve limitada a individuos que muestran un patrón similar de pensamiento y acción.

Estas dinámicas de aislamiento y ostracismo aumentan el riesgo de que se cometan actos delictivos nuevos, al suponer la organización de un microcosmos en el que tales actividades son socialmente recompensadas.

8. Mentiras

Las mentiras son un mecanismo habitual en la dinámica de interacción del psicópata. Su fin es ejercer mayor control sobre las condiciones ambientales cuando no resultan propicias a su interés, o promover el perdón de los demás ante los actos de perjuicio que hayan podido afectarles. Con la mentira se hace evidente la capacidad de inferir que los demás disponen de convicciones distintas a las propias, por lo que se deduce una adecuada preservación de funciones metacognitivas de un orden superior (como las mentalistas).

El uso de la mentira es uno de los elementos que contribuyen de un modo más decisivo a que el entorno retire la confianza al psicópata. Pueden apreciarse en contextos muy diversos y, en ocasiones (sobre todo como resultado del citado atractivo interpersonal), resultan totalmente convincentes para quien las recibe.

9. Incapacidad para seguir un plan de vida

Las personas con psicopatía tienen dificultad para trazar planes de futuro que vayan más allá de la inmediatez del momento presente. Su impulsividad se traduce en la incapacidad para demorar las recompensas, con notable tendencia a priorizar los beneficios inmediatos sobre los que necesitan la inversión de algún tipo de esfuerzo o que se percibirán a medio o largo plazo. Como una consecuencia directa, suelen fracasar en áreas esenciales de su vida, como la académica y la laboral.

10. Conducta antisocial

Se entiende por conducta antisocial todo aquel acto que supone perjuicio para terceros en cualquier ámbito: económico, social, físico, etc. Al tratarse de un fenómeno perturbador desde un punto de vista social, sobre este se han construido los criterios diagnósticos que se usan para el cuadro fenomenológicamente más próximo al de la psicopatía: el trastorno antisocial de personalidad. Aunque albergan algún grado de evidente similitud, no pueden ser considerados como equivalentes.

Un porcentaje alto de personas con psicopatía no comete jamás ningún acto de tipo delictivo, convirtiéndose en lo que se conoce como un psicópata integrado/adaptado. En este caso, no obstante, puede existir una preferencia por trabajos en los que se ostenta una posición de superioridad jerárquica. Estos sujetos son los que presentan mayor capacidad para controlar el impulso y planificar su futuro, por lo que son también los que mejor se adaptan al entorno.

11. Razonamiento insuficiente y dificultad para aprender del pasado

Muchos estudios sobre funciones ejecutivas detectan limitaciones en el razonamiento de las personas con psicopatía, que depende de la actividad de la corteza prefrontal. Asimismo, se ha descrito gran dificultad para aprender de hechos pasados, por lo que las consecuencias adversas que se derivan de sus conductas carecen de la capacidad para disuadir sobre su continuidad.

Este fenómeno ha sido vinculado a menudo a los obstáculos para la propicia reinserción de los psicópatas más peligrosos, que recaen en sus actos criminales poco tiempo después de su excarcelación. Se trata de un asunto tanto ético como legal, que se erige como un reto para la sociedad y la ciencia.

12. Irresponsabilidad

En la psicopatía puede observarse escasa responsabilidad, la cual tiende a confluir con la necesidad de estimulación, reforzándose la participación en distintos tipos de actividades potencialmente peligrosas. Las más comunes son el consumo de drogas y el juego, siendo dos hábitos que implican refuerzos inmediatos (sensaciones intensas de placer mediadas por el circuito de recompensa y ganancias pecuniarias).

Estas conductas adictivas son frecuentes en el psicópata, y a menudo suponen uno de los puntos de contacto con los profesionales de la salud mental. Es importante tener en cuenta que la psicopatía se vive como egosintónica (no genera malestar a quien la padece, que la vivencia como normal y adecuada), por lo que se detecta siempre a través de problemáticas transversales.

Referencias bibliográficas

  • Garrido, V. (1993). Psicópata: Perfil Psicológico y Reeducación del Delincuente más Peligroso. Tirant lo Blanch Libros: Valencia.
  • Martens, W. (2001). The Hidden Suffering of the Psychopath. Psychiatric Times, 19(1), 1-6.
Joaquín Mateu-Mollà

Joaquín Mateu-Mollà

Doctor en Psicología

Joaquín Mateu-Mollá (Valencia, 1985) es Psicólogo General Sanitario y Doctor en Psicología Clínica por la Universidad de Valencia. Cuenta con estudios de postgrado en Psicopatología (Máster Oficial), y es un apasionado de la divulgación científica. Es colaborador habitual en la revista digital Psicología y Mente.