Apego emocional: ¿qué es y cómo se desarrolla?

El apego emocional es una vinculación afectiva intensa que nos lleva a experimentar una inclinación hacia una persona que, a nivel psicológico, es importante. Veamos cuáles son sus bases y cómo se desarrolla.

apego emocional

Entendemos por apego el vínculo afectivo que se crea entre una persona o animal y otro individuo de su misma especie con el propósito de obtener seguridad y protección, y así poder explorar el entorno.

El primer autor que inició los estudios de apego fue John Bowlby quien apuntaba que el niño muestra conductas innatas con el propósito de que el adulto actúe solventando sus necesidades, creándose así el vínculo. Otra autora importante fue Ainsworth quien realizó uno de los experimentos más conocidos con el propósito de averiguar qué tipos de apego existían según cómo actuara el niño en las distintas situaciones experimentales.

Así pues, existen tres formas de vínculo que están presentes en las distintas culturas: el apego seguro y dos apegos inseguros, que son el evitativo y el ambivalente. Otro patrón que también se ha observado pero con menor frecuencia es el desorganizado, siendo este el menos seguro.

En este artículo te presentamos qué se entiende por apego, cuáles son las etapas por las que pasa el niño durante su construcción y establecimiento, qué tipos de apego existen y qué características de la figura de apoyo influyen en la formación del vínculo.

¿Qué es el apego emocional?

El apego es un vínculo afectivo que se forma entre una persona o animal con otro ser de su misma especie. Este lazo que se crea entre ellos los motiva a estar juntos en el espacio y en el tiempo, lograr proximidad para establecer contacto físico y comunicarse. Este proceso de creación de vínculo empieza aproximadamente en el segundo semestre de vida, es decir, a los 12 meses, y dura toda la vida.

El primer autor que estudió y planteó este concepto fue John Bowlby. El apego tiene componente biológico, predisposición interna, y se desarrolla con el propósito de dar seguridad al niño y permitir que este explore el ambiente, dicho de otro modo, permite cubrir la necesidad básica de seguridad y así afrontar las sensaciones de angustia.

De este modo es importante que los padres actúen como base segura, no basta solo con ser accesibles físicamente sino también deben mostrarse disponible y receptivo, para que el niño lo pueda buscar y así funcione como un apoyo con el propósito de que el infante pueda moverse por el entorno.

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¿Cuáles son las etapas de formación del apego?

Aunque hemos apuntado que el apego consiste en un proceso que dura toda la vida, es en los primeros dos años cuando este se construye y aparece. Este proceso de creación está formado por 4 etapas: en la primera que transcurre de los 0 a los 2 meses aparece la respuesta social indiscriminada donde el niño reconoce la figura que lo cuida pero es sociables con todo el mundo; en la segunda etapa, que va de los 2 a los 7 meses, ya se produce una respuesta social discriminatoria, prefiere a los cuidadores pero no se queja si estos de van. En estas dos primeras etapas el apego aún está en construcción.

La aparición del apego se da en las dos últimas fases: la tercera, que surge entre los 7 y 24 meses ya se habla de apego específico donde se observa un intenso vínculo, produciéndose gran angustia ante la separación de la figura de apego y ante el extraño; en la última etapa que aparece a partir de los 24 meses el apego ya es maduro y ha sido internalizado, se ha logrado una relación recíproca donde el niño siente seguridad aunque la figura de apego no esté.

Así pues, dado el proceso de formación del apego veremos que los niños son especialmente vulnerables a la separación entre los 6 meses y 2 años, que es cuando empieza a formarse el vínculo.

El experimento de la “situación extraña”

Después de conocer cuales son las etapas de aparición del apego, podemos decir que no todos los vínculos se darán igual, si se producen alteraciones en algunas de las fases y la figura cuidadora no ejerce una buena base segura puede dar lugar a distintos tipos de apego. Bowlby opinaba que el mejor momento para observar y evaluar el vínculo es cuando se produce la separación entre el niño y el padre.

Fue la psicóloga Mary Ainsworth quien en los años 1960 desarrolló un situación experimental, denominada situación extraña, con el propósito de conocer los distintos tipos de apego según la reacción del niño ante la separación y el reencuentro con la madre y ante la presencia de un extraño. Los niños seleccionados como sujetos experimentales tenían entre 10 y 34 meses, es decir, el apego ya estaba presente.

El experimento se realizaba en una habitación no conocida por el niño y duraba menos de 30 minutos. En el transcurso de este tiempo se producían 8 episodios distintos, en dos ocasiones la madre se iba, dejando en la primera de ellas al niño solo con una figura extraña y en la segunda lo dejaba solo y volvía antes el extraño. El papel de la madre consistía en animar al bebé a que explorara y se moviera por el entorno y consolar al niño si lo requería. La conducta más relevante a observar es como reacciona y se comporta el niño cuando su figura de apego vuelve.

Mary Ainsworth

¿Cómo se clasifica el apego?

Al observar y comparar los distintos patrones de apego que se dan en las situaciones de separación Ainsworth distingue 3 principales, que son transculturales, es decir, se observan en diferentes culturas aunque pueden presentar porcentajes distintos: el apego seguro que consistía en el tipo más común y prevalente, se mostraba un 65% de las veces y dos tipos de apego inseguro, donde la madre no actúa como base segura: el evitativo o rechazante que aparecía en un 20% de los sujetos y el ambivalente o resistente que era el menos frecuente con un 12%. Veamos, pues, cuáles son las características principales de cada tipo de vínculo.

1. Apego seguro

En el apego seguro, que como hemos apuntado es el más común, observamos cómo el niño se intranquiliza y puede llorar cuando la madre se va, pero cuando esta vuelve el niño busca y acepta su consuelo. De este modo la figura de apego actúa como base segura propiciando que el bebé se aleje de ella para poder explorar y volver cuando necesita confort. Por norma general son cooperativos y no suelen enfadarse.

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2. Apego evitativo

Contrariamente los niños con apego evitativo no se muestran intranquilos ni lloran cuando la figura de apego desaparece y a su regreso no le hacen caso ni buscan su contacto. Asimismo pueden mostrarse muy sociables con extraños, es decir, interactúan con ellos sin problema aunque la madre no esté presente, no dudan en irse con él. Suelen estar enfadados y rechazan el contacto con la madre.

3. Apego ambivalente

Referente al tercer tipo, el ambivalente, también se clasifica dentro de apego inseguro, percibimos un patrón donde el bebé se muestra molesto y protesta con mucha intensidad cuando la madre se va pero a la vuelta de esta no se siente consolado, actuada de manera ambivalente reclama contacto pero cuando la madre se acerca el niño se resiste con pataletas y más llanto. Otra característica destacable es que el niño ambivalente no explora y conoce poco el ambiente aun estando la figura de apego presente.

4. Apego desorganizado

Otras investigaciones hechas posteriormente han observado un 4 tipo de apego denominado desorganizado o desorientado, clasificado también como inseguro, es el menos típico, presente entre el 3 a 5 % de los participantes y el más alterado y menos seguro. Consiste en una combinación de los dos apegos anteriores, del resistente y evitativos, donde el bebé, como bien indica su nombre, muestra una actuación desorganizada con conductas contradictorias ante el regreso de la figura de apoyo, por ejemplo puede estar alegre y de repente ignorarla cuando ella se acerca.

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¿De qué depende el apego que desplegamos?

Ainsworth consideraba que el desarrollo del apego seguro dependía fundamentalmente de la sensibilidad que tenía la madre para percibir y cubrir las necesidades de su hijo, si es capaz de satisfacer las necesidades consigue establecer un vínculo seguro y así el niño puede explorar y conocer sin problema el mundo que le rodea. Estas madres que proporcionan un buen tipo de apego se muestran normalmente amables, receptivas, tratan bien a sus hijos y no se molestan con facilidad.

En cambio los niños con apego inseguro es habitual que sus madres no tengan estas cualidades. En el caso de las madres de bebés ambivalentes, presentan conductas también contradictorias ya que en ocasiones se muestran receptivas y cariñosas y en otras enfadadas y rechazantes. Normalmente son quisquillosas y tienen tendencia a mirar más por ellas que por su hijo. Es por esta razón, por el patrón de actuación incoherente de la madre, que el niño no sabe qué esperar o qué hará esta.

Por otro lado, las madres de los niños con vínculo evitativo suelen ser lentas en responder cuando el niño empieza a socializar y tampoco proporcionan un buen contacto físico, se muestran frías siendo este patrón percibido por su hijo quien termina actuando igual ante ella.

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