¿Qué son los Micromachismos? Y 10 ejemplos cotidianos

Los micromachismos son pequeñas actitudes machistas que suelen pasar desapercibidas, pero no por eso tienen menos importancia.

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Hoy en día, escuchamos la palabra "micromachismo" en muchísimas ocasiones, pero sabemos realmente que significan o que quieren darnos a entender cuando se señala este tipo de comportamientos. El término micromachismo hace referencia a la manifestación de pequeños gestos sexistas o machistas que ayudan a reforzar los estereotipos de género e incluso suavizan de alguna forma la violencia contra la mujer.

Los micromachismos suelen caracterizarse por pasar desapercibidos, camuflados en una caballerosidad de los hombres que los hacen hacia las mujeres que los sufren. Aun así, poco a poco aprendemos a verlos, aunque algunos siguen siendo más obvios que otros. Pero todos son parte de una cultura centrada en el dominio masculino y la hipersexualización. En este artículo mostramos varios ejemplos frecuentes de macromachismos que ocurren frecuentemente en la vida cotidiana.

Ejemplos frecuentes de micromachismos

Tal y como hemos mencionado, el problema más grande al que nos enfrentamos con los micromachismos es que pasan frecuentenmente desapercibidos. En muchas ocasiones los hombres no son conscientes de que están teniendo una actitud machista al mostrar este tipo de comportamientos u actitudes. Por su parte, las mujeres, aunque en numerosas ocasiones se sienten incómodas por estos actos, no son tan proclives manifestar dicha incomodidad, ya que no piensan que exista una “mala intención” por parte de los hombres al exhibir este tipo de actitudes. A continuación, vamos a ver diez ejemplos cotidianos de micromachismos para poder aprender a identificarlos en nuestra vida diaria.

1. Ayudar en las tareas domésticas

Tradicionalmente han sido las mujeres las que se encargaban de los trabajos domésticos (no remunerados) y los hombres los que iban a trabajar para “llevar el pan a casa” y mantener a la familia. Hoy en día esto ha cambiado para la mayoría, ya que debido a las crisis económicas que hemos vivido en los últimos años, la gran mayoría de las familias no se puede mantener económicamente únicamente con un sueldo, y las mujeres han empezado a trabajar fuera de casa.

Así bien, este micromachismo se origina en la tradición. Aunque, actualmente las mujeres trabajan fuera de casa (al igual que los hombres) siguen siendo las encargadas o responsables de las tareas domésticas, en última instancia. Y, cuando se establece un reparto paritario: algún hombre se encarga con su mujer de las tareas domésticas o de cuidar a los hijos de ambos, se tiende a decir que es una suerte que él “ayude” en casa. Actualmente, tenemos que dejar de ver la repartición de tareas como una ayuda por parte del hombre, ya que esta es una actitud machista. Las responsabilidades del hogar y de los cuidados tienen que ser repartidas.

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2. El hombre paga la cuenta

El origen de este micromachismo, es igual que el que hemos visto anteriormente; al ser el hombre el que tradicionalmente trabajaba y, por tanto, se encargaba de traer dinero a casa, también era el quién debía pagar las cuentas. Así bien, desde el punto de vista de ser el camarero o la camarera de un restaurante, no tenemos que dar por hecho que la cuenta la paga el hombre (cuando en la mesa hay una pareja de hombre y mujer). Y desde el punto de vista del hombre, no tenemos que dar por hecho que las mujeres están esperando a ser invitadas.

Sobre este tema, la humorista feminista Malena Pichot dijo en uno de sus monólogos que mientras haya una brecha salarial de género, las mujeres pueden ser invitadas y seguir siendo feministas, ya que esa comida, cena o copa no es lo mismo para la cartera de un hombre que para la de una mujer.

3. Dar dos besos en el entorno laboral

Sabemos que el entorno laboral es un espacio en el que tenemos que mantener ciertos formalismos. Entre dos hombres no veremos cómo se saludan o se despiden con un abrazo (a no ser que tengan una relación cercana dentro de ese entorno). Pero, cuando se trata de un hombre y una mujer, en ocasiones eso cambia.

Muchas veces los hombres, para parecer más cercanos, menos serios, saludan a las mujeres, al iniciar una reunión o una entrevista, con dos besos. Y, aunque los hombres no lo ven como un acto invasivo, en ciertas ocasiones, si no hay una relación diaria entre el hombre y la mujer, ella puede sentirse incómoda, sobre todo si se trata de un hombre que ocupa un cargo superior en la empresa.

Si lo comparamos con la vida cotidiana, sabemos que normalmente las mujeres se saludan con dos besos, igual que las mujeres con los hombres (pero no entre dos hombres); pero en el entorno laboral, si los hombres echan un vistazo a cómo se relacionan entre mujeres, verán que ellas mantienen las distancias, no se dan dos besos para saludarse, continúan con la formalidad que requiere el trabajo.

4. Dejar pasar a las mujeres antes al abrir la puerta

Aunque sabemos que abrir la puerta a las personas y dejar que pasen antes que nosotros es un acto de educación, en muchas ocasiones los hombres no dejan que ese gesto lo haga una mujer. Es decir, un hombre puede abrir la puerta a cualquier persona y dejar que pase, pero cuando es a la inversa: la persona que abre la puerta para dejar pasar es una mujer, en la gran mayoría de ocasiones (por no decir todas) el hombre no pasará antes que la mujer.

Como hemos mencionado al principio, este es un acto micromachista que, aunque pasen los años, se sigue perpetuando en los hombres jóvenes por estar camuflado en dentro de la “caballerosidad”. Sin embargo, más que con la educación tiene que ver con un estatus, que sitúa a hombres y mujeres en lugares diferentes.

5. Ausencia del lenguaje inclusivo

Un micromachismo que está ahora mismo en el debate público es el del lenguaje inclusivo. Cuando se habla del lenguaje inclusivo, muchos detractores se centran en el uso de pronombres neutros y de las terminaciones en -es (les niñes, les alumnes). O de la falta de economía del lenguaje (los hombres y las mujeres, los alumnos y las alumnas). Pero, sin entrar en el debate lingüístico, en muchas ocasiones no somos conscientes de que podemos usar un lenguaje ya creado en el que nadie se sienta excluido: las personas, el alumnado, el personal, etc.

Además, en los últimos años, se ha comprobado que las mujeres jóvenes no sentían que hablasen también de ellas al leer textos donde se hablaba de “un grupo de amigos” o “los trabajadores” o cualquier otro ejemplo donde se usase un masculino genérico. Esto sucede porque las nuevas generaciones no ven un problema (sino al contrario, ven como algo positivo) el uso del lenguaje inclusivo.

6. Usar los nombres de pila de ellas y los apellidos de ellos

Cuando hablamos de personajes famosos, en numerosas ocasiones nos referimos a ellas con su nombre de pila (y, a veces, sumamos su apellido), pero para referirnos a ellos usamos únicamente su apellido. Ellas son nuestras amigas, compañeras, pero ellos son referentes, personas importantes, con su nombre y apellido (que, además, suele ser el que hereden sus descendientes). Algunos ejemplos serían: Penélope (Cruz), (Javier) Bardem, (Mariano) Rajoy, Yolanda Díaz, Sofia Coppola, (Pablo) Iglesias, Irene Montero.

7. Hablar de la novia/esposa de alguien

Esto puede ocurrir al referirnos a personas famosas, pero también para presentar a parejas de amigos, o hablar de ellas. En muchas ocasiones, sin darnos cuenta, los hombres presentan a sus parejas (mujeres) como eso, su pareja, sin decir su nombre. Esto incluso puede ocurrir cuando algún hombre presenta a la novia de un amigo suyo a un tercero. Cuando esto sucede, lo que estamos diciendo es que la “función” de esta mujer es ser la novia, pareja, esposa de este hombre. Si bien, no se hace con mala intención, es más bien una costumbre, cuando hablamos de macromachismos, hacemos referencias a actitudes que debemos de abandonar.

8. Las bebidas alcohólicas y lights

En el mundo de la hostelería, dar por hecho que el hombre ha pedido la cerveza y el plato de carne, y la mujer el agua (o bebida sin azúcar) y la ensalada, porque estas tienen que cuidar su línea y ellos tienen que estar fuertes.

9. Actos como mansplaining, manterrupting, manspreading

Estos tres actos con un nombre específico son micromachismos más que frecuentes. El mansplaining, se refiere al acto de que un hombre explique a una mujer algo que esta no le ha pedido que le explique, dando por hecho que ella no sabe de lo que habla. El manterrupting sucede cuando un hombre interrumpe a una mujer para acabar diciendo lo que ella ya estaba explicando (normalmente ocurre en el ámbito laboral, donde él se acaba llevando el mérito, pero también puede ocurrir en otros entornos).

El manspreading hacer referencia a la mala costumbre de los hombres de sentarse con las piernas abiertas ocupando el espacio de las personas que están a su lado (normalmente mujeres). Esto sucede con frecuencia en los transportes públicos, donde ya se han llevado a cabo algunas campañas de denuncia. Muchas mujeres empezaron a señalarlo a través de sus redes sociales para que dejase de suceder.

10. Juegos de niños y de niñas

Dar por hecho que la naturaleza de los niños y las niñas es distinta según su género y, por tanto, querrán jugar a cosas distintas y relacionarse de manera distinta es una actitud machista.

Así bien, pensar que las niñas quieren pasarse el recreo sentadas jugando a papás y mamás y que los niños quieren jugar a fútbol es un micromachismo que, además, afecta a la forma en la que se van a desarrollar estas personas durante su crecimiento. Cuando a un niño le decimos que los niños juegan a fútbol, y a una niña le regalamos una muñeca, llegan a creer que, al no gustarles “lo que toca” son los raros del grupo, y esto pued cohibirles en su manera de relacionarse tanto en el presente como en el futuro.

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