Los 7 tipos de vulva (y sus características)

La autoexploración del cuerpo y el conocimiento de la zona genital son muy positivos para disfrutar plenamente de la sexualidad. Aunque no existe un prototipo normativo de cómo deben ser los genitales femeninos, hay algunas variaciones habituales.

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Observar y explorar el propio cuerpo es un ejercicio saludable para disfrutar plenamente de la sexualidad. A pesar de ello, son muchas las mujeres que no han revisado nunca sus genitales y que tienen dudas respecto a su anatomía.

Realizar de vez en cuando un autoexamen vaginal es un hábito que permite a cada mujer conocer su vulva y su vagina, entender su cuerpo, los cambios que en él se producen e incluso detectar señales de que algo no va como debería y es preciso consultar a un médico. Por supuesto, este tipo de exploración nunca debe sustituir los controles médicos rutinarios hechos por un profesional.

La importancia de autoexplorar nuestro cuerpo

Para la realización de un autoexamen vaginal es recomendable que se den unas condiciones adecuadas. Lo ideal es que se observe la zona cuando no se esté teniendo el período y que no se haya limpiado ni empleado justo antes cremas o productos en la zona genital. Además, es aconsejable que se disponga de una linterna o un cuarto con buena luz, así como de un espejo que permita obtener mayor visibilidad.

Para realizar este tipo de examen es preciso que te quites tu ropa de cintura para abajo. Ten a mano el espejo y la linterna e higieniza tus manos adecuadamente. Túmbate en un lugar cómodo y flexiona las rodillas, colocando los pies cerca de los glúteos e inclinándote ligeramente hacia atrás separando las rodillas para ver lo mejor posible tus genitales. Una vez hecho esto, sostén el espejo frente a la zona genital y observa. Deberás ver:

  • Los labios exteriores e interiores de tu vulva.
  • Un bulto de tejido recubierto por una capucha de piel en la zona delantera, llamado clítoris. Este pequeño elemento es una de las zonas más estimuladas durante las relaciones, por lo que es responsable de una gran parte del placer experimentado.
  • La uretra, orificio por donde fluye la orina.
  • La vagina, conducto que permite las relaciones sexuales y por donde fluye la sangre del período menstrual.
  • El ano.
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Vagina y vulva: ¿en qué se diferencian?

Es importante señalar que vagina y vulva no son sinónimos, aunque a veces ambos términos se emplean de manera indistinta. Lo cierto es que la vagina es uno de los principales órganos del sistema reproductor femenino. Es un conducto de tejido muscular con textura mucosa, que actúa como vía de entrada al resto de órganos del aparato reproductor de la mujer. La vulva es la zona más externa, mientras que el útero es el que se encuentra en la zona más profunda e interna del cuerpo.

La vagina es el canal por el que se introduce el pene en las relaciones sexuales, por donde fluye la sangre de la menstruación y también el lugar por el que se expulsa el bebé al exterior durante el parto. Además, en aquellas mujeres que aún no han mantenido relaciones, la vagina puede poseer una membrana llamada himen. Por todo ello, la vagina es la estructura interna, mientras que la vulva es la zona externa del aparato reproductor.

Para obtener la mejor visión de tus genitales, intenta reflejar la luz de la linterna en el espejo y utiliza tus propios dedos para separar los labios. Lo esperable es que puedas ver las paredes vaginales, de un color rosado, que tienen algunos pliegues o surcos. También podrás observar tu flujo, que en condiciones normales será transparente o blanquecino dependiendo del momento del ciclo en el que te encuentres.

Es posible que, si hay algún problema, detectes algunas señales como por ejemplo llagas, manchas abultadas en el tejido (conocidas como verrugas genitales), enrojecimiento, flujo con mal olor o grumoso, etc. Si esto sucede es importante que puedas acudir a tu médico para que sea él quien valore que pueda estar sucediendo. Este tipo de señales pueden esconder algunas infecciones (por ejemplo, herpes genital o alguna ETS) e incluso pueden ser indicador de que los hábitos de higiene no son adecuados (por ejemplo, abuso de productos de higiene femenina).

Muchas mujeres, como venimos planteando, desconocen cómo son sus genitales. Incluso, muchas se han llegado a plantear si su vulva es normal. Lo cierto es que en esta cuestión no existe una dicotomía entre normalidad-anormalidad. Cada mujer y cada vagina son únicas y no existe un modelo normativo de cómo deben ser los genitales femeninos.

Aunque no se pueden describir tipos de vulvas como tal debido a la gran variedad que existe, sí que se han identificado algunas variedades frecuentes en función de la forma y el tamaño. Si te interesa conocer qué clases de vulvas pueden llegar a existir o simplemente deseas conocer mejor tu propio cuerpo, en este artículo vamos a repasar algunas de las formas más habituales.

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¿Qué tipos de vulva hay?

Como venimos comentando, no podemos hablar, técnicamente, de tipos de vulva. No existe una normalidad establecida respecto a cómo deben ser los genitales de una mujer, pues hay una gran diversidad dependiendo de la forma, el tamaño, la textura o el color. No obstante, hay algunas clases de vulva que pueden ser más frecuentes y que pueden servir como guía. Vamos a conocerlas.

1. Labios menores asimétricos

En este tipo de vulva podemos observar cómo uno de los lados de los labios menores es más largo que el otro. Esto hace que llegue a sobrepasar a los labios mayores. Aunque visualmente pueda resultar extraño, lo cierto es que es un tipo de vulva mucho más común de lo que parece.

2. Labios mayores curvados

En este caso los labios mayores tienen una forma curvada, lo que hace que los labios menores sean visibles. Al unirse ambos, la forma de esta vulva recuerda a la de una herradura.

3. Labios menores prominentes

Este tipo de vagina es especialmente frecuente. Los labios menores tienen mayor longitud que los mayores, por lo que los sobrepasan. A pesar de ser una forma de vulva bastante común, son muchas las mujeres que se sienten acomplejadas por este motivo.

4. Labios mayores prominentes

En algunas mujeres sucede justo lo contrario al caso anterior, y es que los labios mayores tienen un tamaño más grande y por ello llegan mucho más abajo que los menores.

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5. Labios pequeños y cerrados

De todos los mencionados, este tipo de vulva quizá sea el menos común. Paradójicamente, es el que se considera ideal de acuerdo con los cánones estéticos de la sociedad. En la pornografía este tipo de vulva es la que suele aparecer, pues los labios mayores contienen a los menores y los ocultan por completo.

6. Labios pequeños y abiertos

Este tipo de vulva guarda bastantes similitudes con el anterior, pues sus labios son de pequeño tamaño. En este caso, los labios mayores se encuentran, por el contrario, abiertos, por lo que es posible ver los labios menores.

7. Labios menores visibles

En este tipo de vulva los labios menores llegan a sobrepasar los mayores de forma extensa, quedando por encima de ellos en toda su superficie.

Conclusiones

El aspecto de los genitales femeninos no debería ser motivo de vergüenza para ninguna mujer. Sin embargo, son muchas las que toman la decisión de someterse a retoques médicos para cambiar la apariencia de su vulva. A veces, este paso no se da por cuestiones puramente estéticas, sino también porque la forma de sus genitales puede ser problemática. Por ejemplo, puede ser molesta para realizar ciertos deportes. El procedimiento más habitual para lograr el cambio se conoce como labioplastia, mediante el cual un cirujano plástico realiza de manera ambulatoria el cambio deseado.

Aunque esta intervención puede suponer un cambio muy positivo para las mujeres afectadas, lo cierto es que no está exenta de posibles efectos secundarios o complicaciones. En algunos casos pueden aparecer cicatrices dolorosas o molestias en las relaciones sexuales. Por este motivo, resulta esencial que antes de llevarla a cabo se consulte la decisión con varios profesionales para obtener distintas opiniones y tener la seguridad de que se está dando el paso adecuado con los mínimos riesgos. Además, es importante asumir que, si bien la medicina puede hacer cambios importantes en el aspecto de las personas, es clave tener expectativas realistas y aceptar el propio cuerpo tal y como es.

En este sentido, no cabe duda de que la influencia de los medios, la pornorafía y las redes sociales ha ofrecido una imagen de los genitales femeninos pulida y alejada de la diversidad real. Esto ha provocado que todas estas formas hayan sido consideradas desagradables o extrañas, cuando en verdad representan la realidad misma del cuerpo femenino.

Esta visión distorsionada de la anatomía de las mujeres puede suscitar malestar en cada una de ellas en relación con su cuerpo, pudiendo mermar seriamente la autoestima y la confianza en sí mismas. Lo que sucede en relación con los genitales de las mujeres es solo una muestra más de cómo la presión social puede distorsionar la imagen corporal y establecer expectativas inalcanzables en relación con el cuerpo.

La perfección no es posible y un primer paso para impedir este tipo de complejos e inseguridades es el de visibilizar la diversidad de los cuerpos femeninos, con todas sus formas, colores y cambios. La dicotomía entre normalidad y anormalidad carece de sentido, pues como vemos cada cuerpo es único y no hay dos iguales. Además, el paso del tiempo y el envejecimiento también repercuten en el aspecto y la forma de la zona genital, por lo que es imposible mantener un aspecto estático permanentemente.

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