Medicina

Las 3 funciones del microbioma en nuestro organismo

Estas colonias de microorganismos que habitan en nuestro cuerpo realizan una serie de funciones importantes para nuestra salud.
Funciones microbioma

La microbiota normal o microbioma es un término que hace referencia a las diversas colonias de microorganismos que el ser humano presenta en su cuerpo.

Estos pequeños seres vivos, en su mayoría bacterias, actúan en simbiosis con nosotros, ya que obtienen beneficios al habitar en nuestro interior, pero también nos reportan diversas características positivas que el ser humano como especie nunca podría llevar a cabo por sí misma.

Por ello, es esencial mantener una microbiota sana y equilibrada, pues nos protege mucho más de lo que podemos imaginar en un principio. En el artículo de hoy te mostramos las tres funciones del microbioma más importantes.

Las tres funciones del microbioma: una simbiosis ancestral

En primer lugar, antes de sumergirnos de lleno en el mundo de los microorganismos simbióticos con el ser humano, es necesario que aclaremos algunos términos esenciales.

La microbiota normal o microbioma, como ya hemos adelantado con anterioridad, es un término que hace referencia al conjunto de microorganismos que se encuentran de manera normal en distintos sitios de los cuerpos de los seres pluricelulares (lo que incluye a los humanos). Estas cepas bacterianas se asocian en colonias, normalmente agregadas según sus requerimientos y funcionalidades.

Es esencial tener claro que cualquier superficie en contacto con el exterior posee un microbioma característico. Esto incluye a las vías respiratorias superiores, la boca, los órganos sexuales, los ojos, la piel, y por supuesto, el aparato gastrointestinal. En los sistemas cerrados no encontramos colonias bacterianas. Por ejemplo, si se observa una presencia de microorganismos en sangre o en el corazón, es hora de preocuparse.

El microbioma puede definirse según diversos criterios más allá de su localización en el espacio físico humano. Algunos de ellos son los siguientes:

  • Microbiota autóctona: se refiere a aquellos microorganismos colonizadores que conviven en el ser humano por un tiempo prolongado.
  • Microbiota alóctona: bacterias que están de paso, pues pueden sobrevivir en otros ambientes sin necesidad de entrelazarse con el humano.

Además, según su permanencia en el tiempo, el microbioma se escinde en otros dos términos diferentes:

  • Microbiota latente: las colonias bacterianas que conviven con el ser humano durante casi toda su vida.
  • Microbiota transitoria: aquellos microorganismos que fluctúan constantemente en el tiempo.

Como podremos sospechar, aquellos microorganismos verdaderamente simbiontes serán los pertenecientes a la microbiota autóctona y latente. Al necesitarnos para su supervivencia, han evolucionado reportándonos diversos beneficios. Al fin y al cabo, a una bacteria que vive en nuestro cuerpo, lo que menos le interesa es que muramos, ¿verdad?

Una vez hemos esclarecido estos términos, es hora de sumergirse en las tres funciones más importantes del microbioma.

1. Digestión de alimentos

La “flora intestinal” es un término que se ha utilizado de manera errónea en los medios de comunicación a lo largo del tiempo, pues nada que ver tienen estas colonias bacterianas con el mundo de los vegetales.

Lo correcto es referirse a estos microorganismos simbióticos del tracto digestivo como “microbioma intestinal”. Tal es la representación bacteriana en este sistema, que se estima que puede llegar a comprender de uno a dos kilos del peso total del individuo que la presenta. Existen alrededor de 1.500 especies que comprenden la microbiota gástrica, pero aún así, solo unas 160 de ellas se presentan de forma simultánea en cualquier persona dada. La composición se ve influenciada por la dieta, la edad, cambios ambientales y la herencia genética.

Esto indica una alta plasticidad, pero podemos afirmar que el 92 % de las bacterias habitantes en nuestro tracto gastrointestinal son del género Firmicutes y Bacteroidetes.

Los microorganismos intestinales juegan un papel esencial en la obtención de nutrientes en el ser humano, pues por ejemplo, algunos de ellos poseen enzimas para degradar carbohidratos complejos como la celulosa, la hemicelulosa y la pectina. Estos compuestos siguen un proceso que termina con la producción de ácidos grasos de cadena corta, los cuales pueden ser asimilados por las células humanas. Por sorprendente que parezca, esto puede corresponder a un 10 % de las calorías diarias necesarias en la dieta humana.

Además, otras cepas bacterianas participan en la síntesis de vitaminas como la B12, B6, B1, B3 y ácido fólico, todas ellas esenciales para la salud.

2. Activación del sistema inmune

No abandonamos aún el microbioma intestinal, pues está ampliamente estudiado que este favorece la especificidad y eficacia del sistema inmune. Las bacterias en contacto con el tejido linfoide asociado a la mucosa del intestino son las encargadas de mostrarles a los linfocitos qué cepas son dañinas y cuáles beneficiosas, pues al fin y al cabo, son de los primeros microorganismos en colonizar nuestro cuerpo.

La microbiota intestinal y la mucosa gástrica se encargan de mantener un equilibrio homeostático en nuestro organismo. Esta simbiosis esencial se evidencia cuando se produce una disbiosis (un desequilibrio en las colonias bacterianas de esta zona), pues se desencadenan diversas patologías.

Algunas de ellas son la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. Esta disbiosis, además, promueve respuestas inflamatorias moduladas por el sistema inmune, lo que puede aumentar el riesgo de padecer enfermedades severas tales como el cáncer.

No nos movemos en terrenos meramente especulativos, pues por ejemplo, diversos estudios han observado que cuando se disminuye la densidad de especies de Firmicutes y Bacteroidetes en el tracto intestinal, aumenta la presencia de microorganismos patógenos de los géneros Proteobacteria y Actinobacteria.

3. Competencia

Esta última de las tres funciones del microbioma nos permite abandonar el tracto gastrointestinal, pues se puede observar (además de en otros muchos sitios) de forma clara en el microbioma vaginal.

Estas colonias bacterianas evitan, presumiblemente, la aparición de diversas infecciones del tracto urogenital, tales como la vaginosis bacterianas, la invasión de levaduras patógenas y diversas infecciones de transmisión sexual (ITS).

Esto se debe, en gran parte, a las bacterias del género Lactobacillus. Estos microorganismos se encargan de mantener un pH bajo por la producción de ácido láctico, lo que inhibe el crecimiento y proliferación de diversos patógenos. Más allá de esto, también se ha observado que producen diversos compuestos bactericidas y bacteriostáticos, los cuales inhiben la adherencia de estos microorganismos nocivos en el epitelio del hospedador.

Más allá de esto, se ha demostrado que las bacterias del género Lactobacillus tienen un efecto bactericida hacia Helicobacter pylori, pues inhiben su adherencia en el epitelio intestinal y además inhiben su actividad ureasa, esencial para la supervivencia de la segunda especie. Esto es de reseñable importancia si tenemos en cuenta que H. pylori se ha correlacionado positivamente con la presencia de cáncer de colon.

Otro de los métodos de expulsión o impedimento de la entrada de patógenos es simple: la competencia directa. Cuando una colonia bacteriana ya está establecida en un microambiente dado, esta consume una cantidad de nutrientes nada desdeñable si tenemos en cuenta que nos movemos en ambientes microscópicos. Naturalmente, esto impide la proliferación de otros microorganismos que no deberían de estar ahí en primer lugar.

Conclusiones

Como hemos podido ver, las tres funciones del microbioma sobre el organismo humano comprenden desde la síntesis y asimilación de carbohidratos, pasando por la especialización del sistema inmune y terminando con una competencia directa con microorganismos patógenos. Estas no son las únicas funciones, pero sí las más evidentes.

Aún así, cada vez se descubren más propiedades y sinergias entre el microbioma y el propio ser humano. Son microorganismos que tienen una historia evolutiva estrecha con nosotros, y por lo tanto, han evolucionado a nuestro lado para maximizar el provecho de una relación ya considerada ancestral. Por todos estos motivos, cada vez se oye hablar más de probióticos, prebióticos y trasplantes fecales entre otras cosas: la búsqueda de un microbioma (sobre todo intestinal) sano responde a un aumento de la supervivencia del ser humano.

Referencias bibliográficas

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