¿Cómo curar el hígado graso? 5 consejos y remedios

La enfermedad por hígado graso es una patología hepática que consiste en una acumulación dañina de grasa en el hígado que dificulta el funcionamiento del órgano. Veamos en qué consiste el tratamiento.

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El hígado graso es una enfermedad hepática donde se observa una acumulación de grasa en el hígado, pudiendo derivar esta alteración en patologías más graves como la cirrosis o el cáncer de hígado.

Los síntomas producidos por la afectación no son muy intensos, pudiendo pasar desapercibidos, pero es importante intervenir de manera preventiva cuando observamos niveles alterados en el funcionamiento del hígado. No existe ningún medicamento específico para lograr la reducción de la grasa en las células hepáticas, pero se ha visto eficaz cumplir una rutina de ejercicios y dieta saludable para mejorar su estado.

Una de las causas más vinculadas con esta enfermedad es la obesidad, por esta razón la disminución de la grasa abdominal y del peso corporal ayudan a un mejor estado del hígado. Asimismo, la toma de alcohol también es uno de los factores de riesgo para el daño del hígado, recomendándose así que se reduzca su consumo o se elimine. Aparte de la dieta saludable y del consumo de algunos alimentos relacionados con un mejor estado hepático, se puede complementar con suplementos que ayudan a que la recuperación sea más rápida.

En este artículo hablaremos del hígado graso, qué comporta esta patología, qué síntomas y causas son las más comunes y qué consejos o remedios podemos seguir para la pronta recuperación de nuestro hígado.

¿Qué es el hígado graso?

En la enfermedad por hígado graso observamos una acumulación de grasa en el hígado, viéndose así afectadas las funciones de este órgano como es la digestión de alimentos, el almacén de energía y el transporte de desechos. El hígado graso puede ser causa del consumo o no de alcohol.

En el caso del hígado graso no alcohólico este puede ser simple, si las células del hígado no se encuentran dañadas y la afectación es mínima o grave, denominado esteatosis hepática no alcohólica, si se observa daño en el hígado, pudiendo derivar en alteraciones más graves como la cirrosis o el cáncer de hígado. Por su parte el hígado graso alcohólico, se produce por la alteración de la descomposición del alcohol dando lugar a sustancias tóxicas que repercuten en el hígado, pudiendo derivar en patologías más graves como la hepatitis alcohólica o la cirrosis.

Los síntomas de esta patología pueden ser débiles, siendo difícil que el sujeto identifique su estado con una afectación del hígado. El paciente puede sentirse más cansancio de lo habitual o notar molestias, un leve dolor, en la zona superior derecha del abdomen, zona donde se sitúa este órgano. Asimismo, también muestra relación con alteración de la insulina, observándose niveles elevados de esta hormona. Por esta razón es difícil identificar esta enfermedad, muchas veces se observa al obtener resultados alterados del funcionamiento del hígado al realizar otro tipo de pruebas.

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Cómo tratar el hígado graso

Vistas las afectaciones que pueden comportar la aparición del hígado graso, sobre todo las patologías que puede derivar si no se pone remedio, es necesario tratar este problema para evitar alteraciones más graves y mayor repercusión del estado de salud. Actualmente la intervención médica consiste en ayudar a que el sujeto pierda peso, puesto que no existe ningún medicamento eficaz que disminuya la cantidad de grasa en el hígado. Veamos pues qué consejos y remedios podemos seguir para intentar mejorar el estado del hígado.

1. Realizar una dieta saludable

Una mala alimentación, con un consumo elevado de azúcares se vincula con la acumulación de grasa tanto en niños como en mayores. Otro alimento que debemos reducir o eliminar son los carbohidratos refinados como la bollería, pasteles, galletas, incluso el pan y el arroz blanco, puesto que se ha visto que aumentan la acumulación de grasa en el hígado. Finalmente, también intentaremos reducir el consumo de alimentos grasos, ya que de este modo reducimos la posibilidad de acumular grasa.

Se recomienda pues, una dieta sana y equilibrada con consumo de vegetales, frutas y cereales integrales. Existen algunos alimentos que ayudan a la reducción de la acumulación de grasa en el hígado como: las grasas monoinsaturadas, se ha observado en distintos estudios que el consumo de alimentos con alto porcentaje de ácidos grasos monoinsaturados, como el aceite de oliva, las aceitunas, el aguacate o los frutos secos, ayudan a reducir los niveles de grasa en el hígado; la proteína de suero, que se encuentra principalmente en los productos lácteos, vinculandose con una mejora del estado del hígado en los sujetos que muestran afectación, consiguiendo la reducción de la acumulación de grasa.

Alimentos que podemos introducir en nuestra dieta para mejorar el estado de nuestro hígado son: las alcachofa, ayudan a reducir la acumulación de grasa en las células hepáticas, regular el colesterol y los niveles de azúcar, presentando también efecto diurético, ayudando a eliminar toxinas; y el jengibre, que entre sus múltiples efectos beneficios para la salud, muestra propiedades antioxidantes y antiinflamatorias favoreciendo así el estado del hígado.

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De igual forma, hortalizas como el rábano o la remolacha ayudan a bajar la inflación y reducir la toxicidad del hígado; los nísperos también contribuyen a una mejora depuración del hígado; y el limón, ayuda a depurar y a eliminar la grasa acumulada, recomendado también cuando la afectación del hígado es más grave como en la esteatosis hepática.

Otros alimentos que han probado su funcionalidad para favorecer el estado del hígado son: el té verde puesto que lo componen antioxidantes que ayudan a mejorar el estado del hígado, disminuyendo los niveles de grasa y de inflamación; y las fibras solubles, presentes en alimentos como la manzana, la naranja, el brócoli o las zanahorias, ayudan a disminuir la acumulación de grasa y de enzimas hepáticas, que se encuentran aumentadas cuando el hígado está dañado e incrementan la sensibilidad de la insulina, favorecedora sí su función.

2. Practicar deporte

Para lograr y mantener un correcto estado de salud, hacer ejercicio también es una de las prácticas fundamentales, dado que se ha observado efectos positivos, actuando de manera preventiva, para evitar la aparición de patologías o ayudando a la reducción de la acumulación de grasa en el hígado, cuando la enfermedad ya está presente. Debemos intentar realizar deporte con regularidad varias veces por semana, se recomienda de 3 a 5 días.

La duración también puede variar dependiendo de la intensidad o el tipo de ejercicio que se realice, podemos hacer practicas de 30 o 60 minutos. La intensidad o nivel dependerá del estado del sujeto, adaptando los ejercicios a su condición, pudiendo ir modificándolos según vaya mejorando, se pueden realizar prácticas de resistencia, intervalos de alta intensidad (HIIT) o de menor intensidad si el individuo está empezando. Es mejor que tanto el nivel como la duración sean adaptados a la situación del individuo, evitando así que, después de un día de ejercicio no pueda más, se encuentre agotado y le cueste seguir, queremos lograr una rutina.

3. Toma de suplementos

La toma de algunos complementos como vitaminas o hierbas han mostrado buenos resultados, aunque es necesario seguir comprobando su efectividad y siempre tomarlos con el consentimiento de nuestro médico y sin ser estos sustitutivos de una correcta dieta o de la práctica de ejercicio regular.

Unos complementos nutricionales que están obteniendo un buen efecto en la protección del estado del hígado, disminuyendo el daño en las células hepáticas y la inflamación de este órgano, así como mejorando la función de la insulina, son el cardo de leche, un tipo de planta y al vitamina E, con propiedades antioxidantes.

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La berberina, otro tipo de planta, también muestra múltiples efectos positivos para el correcto estado de salud como la reducción de los niveles de colesterol LDL, conocido como colesterol malo, de azúcar o de insulina, así como una disminución de la acumulación de grasa en las células hepáticas.

Finalmente otro complemento que ha demostrado buenos resultados es el omega 3 no solo en la reducción de la grasa del hígado, sino también disminuyendo los niveles de grasa en el abdomen, vinculado también con la aparición del hígado graso, y en el corazón. A parte también ayuda a mantener regulares los niveles de colesterol. Este suplemento es un ácido graso que encontramos principalmente en pescados como el salmón, el atún o las sardinas, así como también lo podemos obtener mediante el consumo de nueces o semillas de chía o de linaza.

4. Reducir o evitar el consumo de alcohol

Como ya hemos mencionado una de las razón de esta patología hepática es el consumo de alcohol, un consumo habitual de bebidas alcohólicas aumenta el riesgo de desarrollar daño y afectación en el hígado. Del mismo modo, cuando la enfermedad hepática ya está presente con más motivo debemos abandonar la toma de estas bebidas, observándose más facilidad para la reducción de la acumulación de grasa.

5. Reducción de la toma de medicamentos

Se ha obtenido que algunos medicamentos también perjudican el estado del hígado, pudiendo dificultar así su recuperación. Ante esta situación debemos consultar con nuestro médico y nunca dejar de tomar un medicamento por decisión propia. El profesional decidirá si es conveniente retirar el fármaco y cómo hacerlo, puesto que no podemos dejar de tomarlo sin más, debemos reducirlo de manera gradual para evitar efectos secundarios o adversos.

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