Balantidiasis: causas, síntomas y tratamiento

Este parásito puede generar una serie de síntomas clínicos, como diarrea o disentería.
Balantidiasis

La balantidiasis es una enfermedad zoonótica producida por un protozoo parásito, Balantidium coli. Se trata de una patología en la mayoría de los casos asintomática, pero a veces puede cursar con disentería grave o una infección crónica que conducen a la muerte del paciente. Su prevalencia es tan baja que se considera una enfermedad rara.

Aún así, conocer las dinámicas infectivas de este microorganismo parásito es de sumo interés para cualquier persona interesada en el mundo de la epidemiología. Es por ello que aquí te contamos todo lo que debes saber acerca de la balantidiasis y su agente causal.

Balantidiasis: una enfermedad de fácil tratamiento

Como es común en cualquier enfermedad de origen parasitario, conocer al agente causal es la primera clave para poder hacerle frente. Por ello, a continuación te presentamos de forma general al protozoo Balantidium coli.

Características del parásito

Balantidium coli es el protozoo más grande que parasita al hombre. Además, se trata de un microorganismo generalista, pues es capaz de infectar a personas, cerdos, vacas, camellos, primates, caballos y roedores. Al igual que otros muchos agentes patógenos, presenta dos formas en su ciclo vital:

  • Quiste: estado de reposo e inactividad del microorganismo que le permite aguantar en el medio ambiente.
  • Trofozoito: forma vegetativa activada, que se alimenta, reproduce y desplaza gracias a sus estructuras ciliadas. Mide hasta 155 micrómetros.

Ambas formas son fácilmente reconocibles porque presentan un macronúcleo de forma arriñonada y una forma circular en el caso del quiste y periforme en el trofozoito.

Un ciclo vital sencillo

Los quistes son las formas responsables de la balantidiasis. Normalmente, estos microorganismos son ingeridos por el hombre u otros animales mediante comida o agua infectada. A partir de aquí, los quistes se transforman en las fases móviles (trofozoitos) y estos se asientan en el intestino grueso.

Aquí, los trofozoitos realizan sus funciones vitales y se reproducen por fisión binaria, un proceso asexual basado en la división en dos copias genéticamente iguales del microorganismo primero. Posteriormente, se produce de nuevo una enquistación que prepara al parásito para salir con las heces del hospedador. Los trofozoítos también pueden salir con el material fecal, sobreviviendo varios días en el ambiente, para posteriormente dar lugar a la enquistación previamente nombrada.

Posibles hospedadores

Una de las claves esenciales para entender cualquier ciclo epidemiológico es conocer a la perfección a los hospedadores que pueden transmitir la enfermedad. Según un estudio extenso realizado con animales en Bangladesh (103 muestras), los agentes transportadores de la balantidiasis son los siguientes:

  • El 54,7 % de las muestras fecales contaminadas eran de vacas.
  • El 42 % correspondió a cerdos.
  • Más del 70 % de las vacas infectadas eran adultas.
  • En el caso de los cerdos, el 65 % de los infectados eran jóvenes.

Aunque el sesgo epidemiológico por edades y sexo en animales de granja no está aún del todo claro, una cosa se puede dilucidar: los reservorios principales son vacas y cerdos.

Naturalmente, el ser humano se infecta al manipular los productos cárnicos de estos mamíferos, o bien al entrar en contacto con agua o superficies contaminadas con su materia fecal.

Consideraciones clínicas de la balantidiasis

Comprender cualquier enfermedad requiere de diversos pasos. El primero de ellos, como hemos visto, es describir al agente causal, su ciclo biológico y los posibles focos de infección. Estos son atributos del propio parásito, por lo que nos hemos centrado en los rasgos biológicos de la enfermedad.

Ahora bien, ¿cómo se extiende este patógeno por el mundo? ¿qué síntomas causa y con qué gravedad cursan? ¿existen tratamientos? Todas estas preguntas son consideraciones médicas a tener en cuenta una vez descrito el parásito. Por ello, a continuación te brindamos las respuestas.

1. Epidemiología (causas)

La balantidiasis es una enfermedad con distribución mundial, si bien su prevalencia es baja. Diversos estudios reportan que es más común en áreas tropicales y subtropicales, sobre todo cuando los núcleos poblacionales están en estrecho contacto con su ganado. A nivel mundial, diversos estudios calculan que el porcentaje de personas afectadas es menor al 0,1 %.

Aún así, existen áreas que se ven más afectadas por el patógeno, sobre todo cuando las condiciones de salubridad e higienización no son las adecuadas. Por ejemplo, en América latina se estima que el 1 % de la población está infectada, con ciertos focos donde se puede llegar hasta el 2, 3 %.

Para poner en perspectiva la poca relevancia clínica de la balantidiasis, un estudio en el año 1988 describió que, hasta el momento, solo se habían detectado 1000 casos en humanos y 100 en monos. De todas formas, estos números parecen subestimar la verdadera prevalencia de la enfermedad, pues en áreas de bajo ingreso diagnosticarla es una tarea complicada. Entre las zonas más afectadas por el patógeno encontramos a Filipinas, México, Suramérica y Papúa Nueva Guinea.

Otra historia distinta es cuando consideramos los episodios infectivos en animales no humanos, como por ejemplo los cerdos. Esta enfermedad causa pérdidas económicas en las actividades ganaderas en todo el mundo, pues disminuye la producción de alimentos cárnicos y promueve el sacrificio de grandes grupos de ganado cuando se detecta. En el caso de los cerdos, por ejemplo, la prevalencia (proporción de individuos infectados) puede ser del 80 al 100 % en ciertos focos de infección.

No es necesario recurrir a marcos teóricos para comprender la cantidad de cerdos infectados con balantidiasis en el mundo. Por ejemplo, en Brasil se ha calculado que el 60,9 % de los cerdos que allí habitan están contaminados con Balantidium coli. En otras áreas geográficas como Iraq, se observó una prevalencia de casi el 30 % en vacas. Todos estos porcentajes, si bien resultan un poco mareantes, subrayan la presencia de este patógeno en los animales de la industria agrícola.

2. Síntomas

La enfermedad suele cursar de forma asintomática y tiene muy buen pronóstico. Aún así, como es el caso con todas las infecciones parásitas, las personas inmunocomprometidas están en riesgo, pues pueden no ser capaces de hacer frente al patógeno. Existen tres manifestaciones clínicas de la balantidiasis:

  • Asintomática o con diarrea muy leve, lo más frecuente.
  • Disentería grave, diarrea sanguinolenta en infecciones prolongadas. Poco común.
  • Infección crónica con dolor abdominal, náuseas, vómitos y pérdida de peso.

Todas estas manifestaciones clínicas se producen por la acción mecánica del movimiento de los trofozoitos, así como por su actividad hialunoridasa, que producen lesiones ulcerativas en el tejido del colon.

Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), la infección extraintestinal del parásito es poco común, pero no imposible. Patologías como la peritonitis o abscesos del hígado pueden llegar a producirse si Balantidium coli logra realizar una perforación intestinal. Esta es la representación más grave de la balantidiasis.

3. Diagnóstico

Como hemos dicho anteriormente, este parásito es el protozoo más grande capaz de infectar al ser humano. Debido al tamaño considerable (dentro de la escala micrométrica, claro) tanto de los trofozoitos como de los quistes, un análisis coprológico al microscópico es suficiente para diagnosticar la enfermedad. Para ello, se obtienen muestras fecales del paciente y se buscan las formas infectivas del parásito en ellas.

4. Tratamiento

Los tratamientos recomendados para combatir la balantidiasis son la tetraciclina, el metronidazol o el iodoquinol.

En el caso del metronidazol, diversos estudios han investigado su eficacia e interacción con el parásito. En uno de ellos, tras la ingestión de 5 gramos en 5 días o 12,5 gramos repartidos en 10 días en adultos, la infección remitió en todos los pacientes al cuarto día de tratamiento. Todas las muestras fecales posteriores aparecieron negativas (sin signo del parásito) y no se describieron efectos negativos a su administración.

Estos resultados subrayan la facilidad y eficacia de los fármacos a la hora de abordar la enfermedad.

Conclusiones

La balantidiasis es una enfermedad con muy poca incidencia en el ser humano, pero desde luego está cerca de nosotros si fijamos la mirada en el ganado. Como en casi todos los ciclos parasitarios, las condiciones insalubres y la cercanía de los núcleos poblacionales a las actividades ganaderas son perfectos caldos de cultivo para la transmisión de la enfermedad.

Además, no toda probabilidad de infección se reduce a estar en contacto con las heces de animales infectados. Debido a la resistencia tanto del quiste como del trofozoito, un acto tan simple como el de un cerdo defecando en un pozo de agua sin purificar puede infectar a una comunidad entera.

Es por ello que es esencial, dentro de los límites posibles, mantener condiciones higiénicas, procedimientos de análisis alimentarios y salubridad máxima para evitar brotes de balantidiasis dentro de la población

Referencias bibiliográficas

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Graduado en biología en el año 2018 (Universidad de Alcalá de Henares) y en un máster de zoología en el 2019 (Universidad complutense). Samuel sintió predilección desde el inicio de su formación profesional por la parasitología, enfermedades transmitidas por animales, bacterias y otros microorganismos patógenos y genética. Por ello, en cuanto terminó el ciclo estudiantil, decidió dedicarse a la divulgación de materia epidemiológica como forma primaria de vida. Desde entonces, y con más de 100 artículos redactados en distintos portales, participa en diversos proyectos divulgativos con el fin de dar a conocer enfermedades y el funcionamiento general del cuerpo humano.