10 mitos sobre el Alcohol, desmentidos

El alcohol es una sustancia ampliamente aceptada en la sociedad. Añadido a esto, son muchos los mitos en torno a esta droga que banalizan su consumo y minimizan sus riesgos.

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El alcohol es una sustancia conocida para la humanidad desde hace miles de años. Desde su llegada, ha sido utilizado y consumido de manera habitual con fines médicos, religiosos y culturales.

Para la mayoría de la gente, beber alcohol es una parte esencial del ocio, por lo que todas las celebraciones van acompañadas de copas y brindis. Una cerveza después del trabajo, una copa de vino en la comida, champán en fin de año…son solo algunos ejemplos de cómo esta sustancia forma parte de nuestra cotidianidad.

Aunque su uso se encuentre ampliamente extendido y normalizado, la realidad es que el alcohol es una droga. No obstante, se trata de una droga legal, razón por la que obtenerla es muy sencillo. Para ello, basta con ir a un supermercado, gasolinera o bar / restaurante.

Si bien la concienciación de la sociedad respecto a los efectos nocivos del alcohol ha crecido en los últimos años, su presencia en los eventos sociales continúa siendo una constante y la mayoría de la gente sigue sin conocer como el alcohol repercute en el estado de salud. Por tanto, el patrón de consumo no ha experimentado grandes cambios.

El problema social del alcohol

Uno de los grandes problemas que impide que la población adopte un uso más responsable del alcohol tiene que ver con que muchos de sus efectos negativos se hacen visibles a medio y largo plazo. Es decir, su carácter perjudicial no siempre es evidente a corto plazo y esto hace que se minimicen los riesgos asociados al consumo.

Muchas personas que han desarrollado problemas de salud tras años bebiendo alcohol con asiduidad ni siquiera establecen una relación entre ese hábito y el deterioro de su organismo. Y es que, en cierta manera, todos caemos en determinadas creencias erróneas y autoengaños para justificar nuestro abuso del alcohol sin sentirnos mal por ello. Sin embargo, adoptar una actitud responsable es clave para cuidar de nuestro bienestar y evitar daños futuros.

Seguramente hayas oído muchas ideas acerca del alcohol que incluso llegarán a condicionar tu forma de consumirlo. Sin embargo, te sorprenderá saber que la mayoría son probablemente erróneas. Por ello, en este artículo vamos a desmentir algunos de los mitos más frecuentes acerca del alcohol, ya que estar informado de manera adecuada es un primer paso para cuidar de nuestra salud.

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¿Qué sucede cuando bebemos alcohol?

El alcohol es una sustancia depresora del sistema nervioso central, que se encuentra categorizada en el grupo de sedantes junto a otras sustancias como los barbitúricos y las benzodiacepinas. El alcohol etílico, también conocido como etanol, es la sustancia psicoactiva que se encuentra presente en las bebidas alcohólicas.

Se trata de un compuesto con potencial adictivo y que se puede obtener por fermentación (vinos, cervezas…) o destilación (ginebra, vodka, coñac…). Cuando consumimos alcohol, este llega en unos pocos minutos a nuestro cerebro, que es el órgano más afectado por esta droga. Así, cuando bebemos se producen cambios de humor, se pierden reflejos y capacidad de concentración, se altera el proceso normal del sueño, se producen distorsiones de la realidad y se altera la asimilación de recuerdos.

También se pueden dar problemas de coordinación, pérdida de nitidez en la vista y, en los casos más severos, pérdida de conciencia. Añadido a esto, el alcohol afecta a nuestro aparato digestivo, principalmente al estómago y al hígado, pudiendo provocar cirrosis si el consumo de alcohol abusivo se prolonga en el tiempo. Un consumo continuado también merma el funcionamiento cognitivo, aunque es posible revertir los efectos si se alcanza una abstinencia prolongada.

Incluso cuando la ingesta de alcohol es moderada, se pueden observar efectos como pérdida del deseo sexual, disminución del azúcar en sangre, aumento del ácido úrico, deterioro de la piel o reducción de vitaminas, pues el alcohol sólo aporta calorías vacías sin valor nutricional.

Desmontando mitos acerca del consumo de alcohol

A continuación, vamos a repasar algunos de los mitos más comunes sobre el alcohol.

1. Si se bebe alcohol sólo el fin de semana este no daña el organismo

El hecho de que se beba sólo los fines de semana no descarta en absoluto la presencia de daños en el organismo. El daño que el alcohol hace a nuestro cuerpo depende del patrón de consumo de cada persona. Así, influye la cantidad, pues cuanto más dosis ingerimos mayores son los daños.

Además, también es importante la intensidad, una misma cantidad concentrada en un menor lapso de tiempo será más dañina. Añadido a esto, los aspectos psicológicos que influyen en el consumo pueden contribuir a que se asiente un hábito, por el cual la persona necesita beber para poder divertirse. Así, este patrón de consumo se puede llegar a generalizar a otros contextos y momentos más allá de los fines de semana.

2. El alcohol permite estar más animado y enérgico

El consumo de alcohol no hace que estemos más animados. De hecho, nos lleva a perder el control de nuestras emociones, pudiendo agudizar aquello que sentíamos antes de consumir.

Por ejemplo, si nos encontramos tristes, beber sólo hará que esa tristeza se haga mucho más intensa. Por otro lado, el alcohol no es energizante, sino que produce mayor fatiga y sueño y nos hace perder fuerza y coordinación motora.

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3. El alcohol nos ayuda a entrar en calor

Es cierto que en los primeros momentos el alcohol puede producir una sensación pasajera de calor, pues este tiene un efecto vasodilatador. Sin embargo, al poco tiempo la temperatura del cuerpo tiende a bajar y se incrementa la sensación de frío. Por ello, cuando alguien ha bebido mucho es preferible darle ropa de abrigo.

4. El alcohol alimenta

Aunque el alcohol aporta muchas calorías, estas se encuentran vacías, ya que no hay aporte nutricional. Por ello, el alcohol no debe ser considerado un alimento, pues lo único que favorece es el aumento de la producción de grasa en el organismo.

5. El alcohol es beneficioso para el corazón

Aunque algunos estudios sugieren que en adultos el consumo moderado de alcohol reduce el riesgo de padecer enfermedades de corazón, este beneficio no se ha observado en todos los casos.

6. El alcohol es un facilitador en las relaciones sexuales

A diferencia de lo que se suele creer, el alcohol no es un facilitador en las relaciones sexuales. Por el contrario, un consumo abusivo de esta sustancia suele dificultar e incluso impedir las relaciones sexuales, pues puede dar pie a problemas de impotencia y otras disfunciones.

7. Quien aguanta grandes dosis de alcohol es más fuerte

Existe una creencia muy extendida de que aquellas personas que aguantan grandes cantidades de alcohol, especialmente si son hombres, son mucho más fuertes y viriles. Sin embargo, esta idea es totalmente absurda.

Cuando una persona es capaz de beber grandes cantidades de alcohol sin inmutarse, esto no significa que su organismo no esté sufriendo daños. En realidad, esto se debe a que probablemente ha desarrollado tolerancia al alcohol, lo que hace que el riesgo de sufrir una adicción a esta sustancia sea mucho más alto.

8. Existe una dosis segura de alcohol

Siempre se suele decir que existe un umbral bajo el cual es seguro consumir alcohol. Sin embargo, esto es totalmente falso. No existe una cantidad segura de consumo de alcohol y por ello lo ideal es no consumir esta sustancia.

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9. Algunas bebidas alcohólicas son mejores que otras

Aunque se suele decir que algunas bebidas alcohólicas son mejores que otras, nada más lejos de la realidad. Los estudios científicos no han mostrado hasta la fecha diferencias entre los distintos tipos de bebidas alcohólicas, por lo que ninguna es más recomendable que el resto.

10. El alcohol ayuda a calmar el dolor crónico

Las personas que sufren dolor crónico utilizan en ocasiones el alcohol para manejar su dolor. Sin embargo, esto no es en absoluto una buena idea. En primer lugar, el alcohol nunca debería combinarse con analgésicos.

Dado que los pacientes con dolor crónico consumen este tipo de fármacos, recurrir al alcohol en su caso puede conducir a importantes problemas hepáticos. En segundo lugar, el consumo continuado de alcohol hace que se desarrolle tolerancia, de forma que cada vez será necesario tomar cantidades más altas de alcohol para sentir los mismos efectos de alivio del dolor.

Por tanto, es fácil desarrollar una adicción a esta sustancia. Por último, el consumo de alcohol crónico puede dar lugar al efecto contrario al deseado e incrementar el dolor, especialmente cuando se sufre síndrome de abstinencia.

Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de algunos mitos comunes en relación al alcohol. El consumo de bebidas alcohólicas está muy normalizado en nuestra sociedad y se encuentra presente en prácticamente todos los eventos sociales.

Aunque la concienciación respecto a los riesgos del alcohol ha aumentado en los últimos años, los patrones de consumo en la práctica apenas han cambiado. Así, parece que una gran parte de la gente desconoce qué efectos tiene específicamente el alcohol sobre su organismo.

En parte, esto se debe a que muchos de los daños que esta sustancia produce en nuestro organismo no son inmediatos, sino que aparecen a largo plazo. Además, existen numerosas creencias erróneas en torno al alcohol que se siguen asumiendo como ciertas y condicionan la manera en la que este se consume en todas las franjas de edad.

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