¿Qué son las terapias psicológicas de tercera generación?

Las terapias psicológicas de la tercera ola son la última gran revolución de esta ciencia, pretendiendo ofrecer ayuda a las personas tomando en consideración muchos ámbitos de la vida de la misma.
Terapias psicológicas tercera generación

La psicoterapia o terapia psicológica es un tratamiento científico de naturaleza psicológica que, a partir de manifestaciones psíquicas o físicas de malestar humano, promueve el logro de cambios o modificaciones en el comportamiento del paciente, su salud, la integración de su identidad y el bienestar en un ámbito tanto individual como grupal.

La tasa de asistencia al psicólogo varía según el país y la cultura en el que fijemos nuestra atención, pero es una figura profesional que se encuentra cada vez más al alza. Como datos relevantes, diremos que la Sociedad Americana de Psicología (APA) calcula que existen alrededor de 85.000 profesionales en este campo en EE.UU, mientras que en países como España la asistencia al psicólogo ha aumentado hasta más del 20% de la población general (casi 2 millones de personas).

En la otra cara de la moneda, seguimos observando que la asistencia a procesos de terapia psicológica sigue estigmatizada en muchas zonas geográficas. Por ejemplo, en México se estima que casi el 30% de la población presenta una patología de índole emocional, pero solo el 1% de los Mexicanos acuden al psicólogo.

Con una mayor tasa de asistencia a pesar de las reservas, mejor conocimiento de la psique humana y el avance tanto científico como social, es natural que las terapias psicológicas se modifiquen a lo largo del tiempo para lograr un máximo entendimiento y eficacia. Hoy te contamos todo sobre el movimiento que se conoce como “las terapias psicológicas de tercera generación”. No te lo pierdas.

Las olas de primera y segunda generación

Comenzar describiendo las terapias psicológicas de tercera generación sin mostrar de forma somera las variantes de la primera y segunda generación es como empezar a construir una casa por el tejado. Te contamos en qué consisten en las siguientes líneas, pero no nos demoramos mucho.

Allá por los años cincuenta del siglo XX surgieron un conjunto de técnicas, basadas en el condicionamiento clásico y operante, que terminaron por conocerse como las terapias de conducta de primera generación. Esto supuso una auténtica rebelión frente al instaurado psicoanálisis y, además, se sustentaba claramente en principios científicos, pues las técnicas se basaban en los resultados de ciencia básica encontrados en lo referente a la mente humana a principios de siglo.

En la línea del condicionamiento clásico se desarrollaron técnicas para combatir fobias, miedos, ansiedades y obsesiones (el terreno de la neurosis). Por su parte, la línea del condicionamiento operante se encargó de la resolución de problemas en contextos institucionales, es decir, a problemas de “pacientes internos”. La ola de la primera generación de terapias psicológicas se centró en los condicionamientos que tenían como objeto de estudio y tratamiento a las conductas externas, ya fuera por desconocimiento o por falta de interés en las conductas de naturaleza privada o verbal.

A finales de los años sesenta y principios de los setenta surgieron las terapias psicológicas de segunda generación, las cuales se centraban en los pensamientos y emociones indeseadas del paciente, como puede ser el tener ideas repetitivas e irracionales que fomentan un miedo inexplicable a morirse.

Lo que caracterizó a esta segunda ola, a grandes rasgos, es que las corrientes pasaron a considerar al pensamiento o a la cognición como causa principal de la conducta y, por lo tanto, como causa y explicación de los fenómenos y trastornos psicológicos. Según esta corriente, los pensamientos determinan las emociones y la conducta, razón por la cual merecen ser los objetos principales del tratamiento.

Contextualismo

¿Qué son las terapias psicológicas de tercera generación?

Las terapias psicológicas de tercera generación, también conocidas como “tercera ola”, son el conjunto de terapias y tratamientos que buscan realizar una modificación de la conducta del paciente teniendo un enfoque global del mismo, es decir, abarcando la vivencia del individuo de su problema y cómo el contexto social y cultural han hecho que su conducta sea desadaptativa.

Si imaginamos la complejidad del ser humano con un gráfico y cada una de las generaciones de terapias fueran círculos concéntricos, sin duda la tercera generación comprendería a las dos anteriores y mucho más terreno. Este conjunto de terapias pueden caracterizarse por ser:

  • Conductistas: muchas de ellas se centran más en la función de la conducta que en su topografía (la parte de describir la conducta en cuestión, incluyendo intensidad, frecuencia, duración...etc).
  • Heterogéneas: estas terapias echan mano de un conjunto de técnicas muy heterogéneas, como es el caso de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT).
  • Aún no se ha demostrado del todo su eficacia: si bien apuntan a buenos destinos, la mayoría de estas terapias aún están en proceso de reafirmarse.
  • Abarcan a esos pacientes excluidos y complejos: Es el caso de las personas con el Trastorno Límite de personalidad o los individuos que sufren recaídas depresivas periódicas.

Fundamento de las terapias psicológicas de tercera generación

Explicar qué caracteriza a estas terapias sin incurrir en terminología demasiado profesional es un verdadero desafío, pero intentaremos mostrarte sus pilares de la forma más sencilla posible en las siguientes líneas. Vamos a ello.

1. Contextualismo funcional

En este tipo de terapias el contexto del paciente cobra una importancia vital, es decir, adoptan asunciones de corte más contextualista en vez de acudir al mecanicismo puro. Toca focalizar la atención en el problema y evento del paciente de forma holística, es decir, como un “todo”. Hay que tener en cuenta aspectos de la vida diaria del individuo: cómo se relaciona, con quién lo hace, dónde trabaja, etc.

El centro del tratamiento es el contexto y la función de los pensamientos, no la intensidad o la frecuencia de los eventos psicológicos del paciente por sí solos. Una de las características esenciales de esta nueva ola de terapias es que le otorgan mucho más énfasis a variables o asuntos que tradicionalmente han sido menos investigados o totalmente obviados. Por ello, estos enfoques se vinculan con otras terapias o aproximaciones no científicas de corte más experiencialista y existencialista.

2. Lenguaje como motor de cambio

El lenguaje del especialista puede modificar patrones desadaptativos individuales, mientras que el del paciente puede potenciar sus propios conflictos. Hay que analizar lo que el individuo dice y lo que se dice a sí mismo, es decir, los diálogos internos que se presentan en su mente y que están seguramente correlacionados con su problemática.

Estas nuevas terapias no se centran en la eliminación de los eventos privados, sino que buscan la alteración de la función psicológica del evento en particular a través del cambio de los contextos verbales en los cuales los eventos cognitivos resultan problemáticos.

Tercera generación

3. Abandono del concepto de “la lucha contra el problema”

Por ejemplo, el paciente no lucha contra su ansiedad per sé, porque eso sería combatir con la propia identidad del individuo y no comprender nada. Explicado de forma más sencilla, no se trata tanto de eliminar el malestar psicológico, sino de entender su origen, cómo funciona y darle la legitimidad que se le está negando. Según esta premisa, relacionarse con el malestar es el primer paso para que todo mejore.

Paradójicamente, las terapias psicológicas de tercera generación no ven los intentos de control del paciente de sus eventos privados como un tratamiento correcto. Aunque sea lo socialmente aceptado y estemos acostumbrados a ello, intentar “controlar”, “mantener a raya” y no aceptar en la totalidad la problemática en sí misma es parte del propio problema.

Esto promueve a su vez el concepto de “despatologízación”, es decir, no buscar la desaparición de los síntomas típicos que se recogen en los libros de índole médica como si de una lista de la compra se tratara. Se buscan metas más globales, como un ajuste psicosocial general que permita al individuo autorrealizarse.

Resumen

Quizá todo esto haya sonado muy confuso para un primer contacto con la terapia psicológica, pero si queremos que te quedes con una idea tras la lectura de estas líneas, esta es la siguiente: las terapias psicológicas de tercera generación buscan centrarse en el paciente a un nivel experiencial y que abarque un “todo” (enfoque holístico), tratando de cambiar más el contexto personal que las conductas problemáticas en sí mismas.

Mediante estos cambios se aspira a abarcar cada vez más, expandir los límites de las dos olas anteriores y, finalmente, englobar a todos los pacientes posibles, independientemente de la rareza o vaguedad de sus problemas.

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