Terapia cognitivo-conductual ante el síndrome de fatiga crónica: claves del tratamiento

El síndrome de fatiga crónica es una enfermedad que involucra a muchos sistemas del cuerpo. Aun así, la terapia psicológica cognitivo-conductual parece ser prometedora. Analicemos sus beneficios y limitaciones.
Terapia cognitivo conductual síndrome fatiga crónica

El síndrome de fatiga crónica es una dolencia para la cual se han diseñado tratamientos de diferente índole, algunos con más éxito que otros.

En esta ocasión vamos a centrarnos en la aplicabilidad de la terapia cognitivo-conductual para esta enfermedad, así como las ventajas que aporta respecto a la utilización de otras técnicas diferentes. Igualmente, revisaremos los posibles inconvenientes que también pueda tener.

¿Qué es el síndrome de fatiga crónica?

Antes de entrar a estudiar la terapia cognitivo-conductual ante el síndrome de fatiga crónica, es necesario que exploremos en profundidad las implicaciones de esta patología. El síndrome de fatiga crónica es una enfermedad en la cual el sujeto que la padece experimenta una constante sensación de cansancio, además de ciertos problemas a nivel cognitivo.

Esta dolencia también recibe el nombre de enfermedad sistémica de intolerancia al esfuerzo o encefalomielitis miálgica. Es una enfermedad crónica, lo que quiere decir que la persona que la sufre la va a padecer durante una larga etapa de su vida. La causa de esta patología aún se desconoce.

Más adelante exploraremos el alcance de la terapia cognitivo-conductual ante el síndrome de fatiga crónica. Pero antes debemos conocer otros muchos síntomas que esta dolencia puede generar. Y es que el SFC puede atacar a los sistemas inmunitario, endocrino, cardiovascular o neurológico, por lo que puede generar problemas en el paciente a niveles muy diferentes.

Además de la fatiga que le da nombre, es habitual sufrir de fiebres o febrícula, tener una especial sensibilidad a la luz, a los sonidos e incluso a los cambios de temperatura, o no descansar bien. Los dolores de cabeza y musculares también son frecuentes, por lo que las personas que lo padecen describen la sensación como la de una constante gripe.

No son los únicos síntomas. Es posible experimentar faringitis, problemas para concentrarse, e incluso ver afectada la memoria a corto plazo. La SFC también puede causar estragos en la orientación espacial. La persona que la sufre, no se verá capacitada para realizar actividad a nivel físico, y también tendrá dificultades para gestionar el estrés.

Esta enfermedad, hace unos años, se encuadraba dentro de aquellas dolencias de corte psicosomático. Sin embargo, a día de hoy se sabe que su base no es tan psicológica, sino orgánica, aunque de todas formas en su intervención debe contarse tanto con la medicina como con la psicoterapia. En cualquier caso, aún queda mucho por investigar en torno a sus causas.

Por sus características, a veces se equipara el síndrome de fatiga crónica a otras patologías como puede ser la fibromialgia, y se les engloba en una categoría llamada síndromes por sensibilización central. En cuanto a los datos de prevalencia, el SFC afecta al 0,5% de la población, aproximadamente, con una abrumadora diferencia entre hombres y mujeres, pues los pacientes varones representan solo el 10%, siendo el 90% restante, mujeres.

Este trastorno puede presentarse al mismo tiempo que otras enfermedades, precisamente la fibromialgia es uno de ellos. Pero también con el síndrome de colon irritable, sensibilidad química múltiple, y otros. Una vez contamos con una serie de datos que nos sitúan en la problemática, podemos pasar a analizar la terapia cognitivo-conductual ante el síndrome de fatiga crónica.

Síndrome fatiga crónica

Utilidad de la terapia cognitivo-conductual ante el síndrome de fatiga crónica

Tras explorar en profundidad las características del síndrome de fatiga crónica, podemos ahora centrarnos en la utilidad de la terapia cognitivo-conductual para tratar de conseguir que los pacientes que sufren de esta patología experimenten una mejoría, aunque sea en cierto grado.

La terapia cognitivo-conductual es una de las formas de hacer psicoterapia más habituales, pues se refiere a las técnicas de una de las corrientes psicológicas de más peso en la actualidad, la cognitiva y la conductista. La base de este tipo de terapia es, precisamente, la actuación sobre los pensamientos y las conductas del paciente.

Por lo tanto, la terapia cognitivo-conductual ante el síndrome de fatiga crónica se basa en la realización de un trabajo psicológico en las cogniciones y en el comportamiento de los pacientes que sufren de esta enfermedad, con el objetivo de lograr un alivio en la percepción de los síntomas y por lo tanto en su sufrimiento.

Es importante tener claro, como ya se ha mencionado anteriormente, que el síndrome de fatiga crónica no es de tipo psicosomático, pero esto no quiere decir que un trabajo psicológico no pueda conseguir que el paciente sufra menos, como ocurre con otras muchas enfermedades orgánicas.

De hecho, la terapia cognitivo-conductual es un tipo de tratamiento habitual en muchas patologías que implican el sufrimiento de un dolor crónico, pues el desgaste psicológico que este hecho provoca en la persona con el paso del tiempo puede tener como consecuencia un desborde emocional ante los síntomas, un estrés añadido y una sensación de no poder hacer frente a la situación.

Si se trabaja a nivel psicológico con todas esas variables, tal y como propone la terapia cognitivo-conductual ante el síndrome de fatiga crónica, se podría conseguir que los pacientes tuvieran una mayor tolerancia ante la sintomatología que provoca esta enfermedad. Esta es, al menos, la premisa establecida para dicha terapia. Para comprobar su eficacia, debemos centrarnos en las investigaciones realizadas a tal efecto.

Utilidades terapia cognitivo-conductual

Estudios de terapia cognitivo-conductual ante el síndrome de fatiga crónica

Para poder saber si la terapia cognitivo-conductual ante el síndrome de fatiga crónica es realmente eficaz o, por el contrario, su efecto no supone una diferencia en los pacientes, es necesario revisar algunos de los estudios que se han realizado al respecto. Es lo que vamos a tratar de hacer en este punto.

Nos centraremos, para ello, en el metaanálisis realizado por Price y colaboradores, en 2008. En este trabajo se tuvieron en cuenta 15 investigaciones publicadas con anterioridad, con las cuales se sumaba una muestra total de 1043 personas que habían sido tratadas mediante terapia cognitivo-conductual ante el síndrome de fatiga crónica, en comparación con otras técnicas.

Esta gran revisión de datos permitió a los autores constatar la premisa de la que partían, que era la de la mejoría de los pacientes gracias al tratamiento psicológico de corte cognitivo-conductual. Los datos fueron concluyentes al respecto. Un 40% de los tratados mediante esta terapia, experimentó una mejoría, mientras que de los que recibieron otros tratamientos, solo un 26% se sintió mejor.

Otro de los factores que demostró este metaanálisis es la importancia de completar el tratamiento. Y es que, en aquellos pacientes que habían completado toda la terapia cognitivo-conductual ante el síndrome de fatiga crónica, los efectos de la mejoría se seguían observando incluso meses después de terminarla. Pero este beneficio desaparecía cuando se revisaban los casos de personas que dejaron el tratamiento antes de tiempo.

En cuanto a las otras terapias psicológicas que se utilizaron en contraposición a las cognitivo-conductuales, en los diferentes estudios del metaanálisis se encuentran algunas como las de relajación, terapias educacionales o métodos de orientación, entre otras. Ninguna de ellas resultó ser tan eficaz como la que nos ocupa.

Y es que los pacientes que completaron el ciclo de tratamiento de terapia cognitivo-conductual ante el síndrome de fatiga crónica, mostraron una mejoría en torno a los síntomas de fatiga superior a aquellos que fueron tratados con otras técnicas o bien que no terminaron el programa de psicoterapia de tipo cognitivo-conductual.

Además, no solo mejoraron en cuanto a la percepción física de los síntomas, como es la propia fatiga, sino que los pacientes reportaron una mejoría en cuanto a la sintomatología de ansiedad y de depresión, que muchos experimentaban como consecuencia del padecimiento de esta enfermedad.

Sin embargo, no todas las conclusiones de este extenso metaanálisis son tan positivas, pues los autores son conscientes de las limitaciones de este trabajo. Y es que, por ejemplo, echaron en falta un mayor control de efectos secundarios de la terapia cognitivo-conductual ante el síndrome de fatiga crónica en la mayoría de los estudios, una variable que no se tuvo en cuenta.

Igualmente, los investigadores dieron con algunas limitaciones al comparar diferentes estudios, y es que solo dos de los que formaron el metaanálisis compararon realmente la eficacia de la terapia cognitivo-conductual frente a otras técnicas psicológicas, mientras que el resto de estudios se limitó a explorar su eficacia frente a un grupo control, sin tratamiento.

Los autores son claros al indicar que es necesaria una mayor investigación al respecto para poder averiguar la auténtica eficacia de la terapia cognitivo-conductual ante el síndrome de fatiga crónica. Por lo tanto, a pesar de lo esperanzador de los datos, debemos tomarlos con cautela.

Fatiga crónica
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