Cómo trabajar psicológicamente la Resiliencia (en 10 claves)

La resiliencia es una habilidad socioemocional que nos permite afrontar las adversidades de forma óptima. Veamos cuáles son las mejores rutinas para potenciar esta capacidad y convertirnos en personas más resilientes.

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La resiliencia, la capacidad de afrontar y superar positivamente las situaciones adversas, es una habilidad que podemos trabajar para mejorar nuestro desempeño en ella. En un primer momento se presentó la resiliencia como una cualidad innata, pero en la actualidad sabemos que si la trabajamos esta puede incrementar. Son distintas las técnicas que se han planteado como posibles estrategias para su aumento, siendo el propio individuo el que debe decidir cuáles se adaptan más a su modo de ser y por tanto cuáles le son más útiles.

Asimismo, podemos trabajar diferentes aspectos, como saber afrontar las situaciones complicadas, entrenar las habilidades sociales y de solución de problemas, mantener buenas relaciones con el entorno, intentar ser optimista, autoconocerse, plantear el problema como un aprendizaje, aceptar los cambios, fijarse metas realista y permitirse fallar. En este artículo te describimos mejor la capacidad de resiliencia y te damos algunas claves que te pueden servir para trabajarla.

¿Qué es la resiliencia?

Etimológicamente el término resiliencia proviene del latín resilio que se traduce como “saltar hacía atrás o rebotar”. En Psicología, la resiliencia se entiende como la capacidad de superar positivamente una situación adversa, es decir, pese a que las condiciones del entorno no son favorables el sujeto logra desarrollarse de manera óptima.

Así pues, hay dos componentes importantes que se deben cumplir para que se dé la resiliencia por un lado el sujeto tiene que tener la capacidad para resistir a la situación negativa, poder superar la situación y por otro lado, después de vencer la situación será necesario que sea capaz de desarrollarse y construir una vida positiva.

Al principio de plantearse este concepto se creyó que tenía causas innatas y que por tanto o nacíamos con esta capacidad o no podiamos hacer nada para desarrollarla, pero en estudios posteriores se ha observado que sí que influyen variables externas como la familia, la comunidad donde vive el sujeto o la cultura.

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Claves para ser una persona más resiliente

Dada la funcionalidad de esta capacidad y la posibilidad de poder entrenarla y mejorarla es importante conocer qué estrategias o claves podemos utilizar para conseguir ser personas más resilientes.

A continuación te mencionamos algunas de estas claves y te explicamos en qué consisten. Debes tener presente que no todas las técnicas funcionarán ni serán igual de efectivas para todas las personas, ya que cada una mostrará características distintas, vivirán en ambientes distintos y estas variables influirán en cómo afrontamos las situaciones difíciles. Así pues, escoge las que mejor se adapten a ti y empieza tú mismo con el entreno.

1. Conocerse a uno mismo

El autoconocimiento, conocerse a uno mismo, es un factor muy importante en nuestra vida, y por tanto no será menos para conseguir aumentar nuestra resiliencia. Es fundamental conocer tanto nuestros temores como nuestra fortalezas y capacidades, ya que de este modo estamos mejor preparados para afrontar cualquier situación conociendo nuestros puntos fuertes para potenciarlos y nuestras debilidades trabajarlas.

La mejor manera para conocerse es dedicándolse tiempo a uno mismo, plantea y analiza qué situación te han supuesto un problema, cómo los has afrontado y cómo lo deberías haber hecho, así facilitas que cuando se te vuelva a presentar una situación similar sepas como actuar de modo eficaz.

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2. Plantéate el problema como un aprendizaje

Sabemos que es inevitable que surjan problemas o situaciones complicadas a lo largo de nuestra vida, la clave está en cómo los afrontemos. De este modo, en primer lugar es importante valorar si tiene o no solución, ya que en caso de que no la tenga intentaremos cambiar el modo de percibir el problema para que nos afecte menos, es decir, trabajaremos más a nivel emocional, en cambio si el problema tiene solución buscaremos cuáles son las mejores alternativas para solucionarlo y ser resolutivos.

Ver el problema como un aprendizaje, como un modo de crecimiento, nos ayuda a coger perspectiva y poder afrontarlo mejor valorando qué podemos hacer y una vez lo hemos superado no recordarlo como un evento traumático sinó como un evento que logramos vencer y nos hizo más fuertes.

3. Trabaja el autocontrol

Tener la capacidad de controlarse uno mismo no es fácil y requiere también de práctica. Así pues, dada la dificultad de controlarnos ante situación que nos generan tensión o son desagradables para nosotros, podemos probar a entrenar primero en situaciones menos aversivas para observar que estrategies nos funcionan mejor y ante acontecimientos más complicados nos cueste menos mantener la compostura y evitar actuar de manera impulsiva.

Actuar sin pensar comporta la mayoría de veces más problemas y no conseguir superar la situación, en cambio si nos damos tiempo para reflexionar es más probable que consigamos mejores resultados favoreciendo por tanto a nuestra capacidad de resiliencia.

4. Plantéate metas a seguir

Para lograr un buen funcionamiento, un buen desarrollo vital, es primordial que tengamos y nos planteemos metas, para mantenernos activos y motivados y mostrándonos fuertes y con ganas de superar cualquier situación adversa. Fijarnos objetivos realistas es un modo de ayudarnos a fijar una dirección y luchar para conseguirlos.

5. Afronta el problema

En ocasiones suele pasar que optamos por ignorar o hacer como si el problema no existiera, como si nada malo sucediera en nuestra vida, pero este modo de actuación no es sano ni adecuado, puesto que ignorar algo no hace que desaparezca y en muchas ocasiones solo conseguiremos que el problema se haga mayor y la situación empeore.

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6. Practicar habilidades sociales y de solución de problema

Cuando nos enfrentamos a un problema es importante hacerlo de manera adecuada, para conseguir tal propósito hay diferentes técnicas que guían y ayudan a lograr mejores resultados en la resolución de este. Se recomienda definir de manera concreta y precisa cuál es el problema, que meta realista queremos conseguir, plantear todas las posibles soluciones que pueden haber, tomar una decisión teniendo en cuenta las consecuencias que puede comportar y ejecutarla valorando cuál ha sido el resultado.

Del mismo modo, es habitual que el problema pueda surgir con otra persona siendo así relevante que tengamos buenas habilidades sociales para intentar que este se resuelva de la mejor manera posible y podamos llegar a un entendimiento con el otro. Así pues, trabajaremos para saber iniciar y mantener una conversación, saber escuchar, respetar el turno de palabra y defender nuestros intereses pero de manera respetuosa y calmada.

7. Sé optimista

Para ser resilientes es necesario tener una visión optimista de la situación. Sabemos que ser optimista no es tarea fácil pero intentaremos visualizar el problema desde una perspectiva distinta, no de manera tan catastrófica y valorar si tiene solución y podemos hacer algo para solventarlo. Puede que nos cueste ser optimistas pero como cualquier habilidad todo es practicar, así intentaremos fijarnos en los sucesos positivos de nuestra vida, para que nos sea más fácil ver el lado favorable cuando la situación es adversa.

8. Mantén una buena relación con tu entorno

Como mencionamos antes, en un inicio se apuntó que la resiliencia se trataba de un constructo individual que no tenía influencia del ambiente pero actualmente sabemos que sí que depende de factores externos, por este motivo es fundamental mantener una buena relación con nuestro entorno, con la gente cercana, puesto que también serán apoyo para nosotros cuando tengamos que enfrentar las distintas situaciones complicadas.

Siempre será más fácil superar un problema si tenemos a alguien que esté a nuestro lado. Saber que tenemos a alguien da tranquilidad, no hace falta que esta persona nos aconseje o ayuda de un modo concreto, la simple presencia y apoyo hace que no nos sintamos solos y encaremos mejor la situación. Nos da energía y fuerza para seguir adelante, el apoyo del entorno beneficia a tu conducta resiliente.

9. Aceptar los cambios

Un miedo frecuente en las personas, que hace aumentar nuestra tensión, es el cambio, la modificación de algún aspecto en mi vida que puede afectar a mi rutina. La rutina es criticada cuando la tenemos pero cuando se rompe deseamos volver a ella, ya que nos da seguridad y tranquilidad de cómo será el transcurso de mis días. Pero debemos contemplar que será inevitable que aparezcan cambios, que no necesariamente tienen que suponer una consecuencia negativa.

Debemos aprender a enfrentarnos a ellos del mejor modo posible para intentar que nuestra vida no se vea resentida. Si asumes que estos pueden suceder estarás más preparado para poder actuar y adaptarte con mayor facilidad, así pues, como dijimos, no te lo tomes como algo malo sinó como un aprendizaje que te permite evolucionar y desarrollarte.

10. Permítete fallar

Es necesario cambiar la visión negativa de fallar, es habitual que la gente tenga miedo a probar de hacer algo y que le salga mal, pero paradójicamente esta es la única manera de tener la posibilidad de hacerlo bien y conseguir el éxito. Si por temor a fallar dejamos de hacer algo, de intentar solventar un problema, seguro que este se mantendrá y no conseguiremos resolverlo. Para ser resiliente debemos resistir ante la situación adversa y construir una vida positiva en estas condiciones, por tanto en este difícil proceso es muy probable que cometamos fallos.

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