Personas Intransigentes: ¿qué son y cómo se debe lidiar con ellas?

Las personas intransigentes son aquellas que no aceptan puntos de vista y opiniones distintos a los propios. Se caracterizan por ser rígidas y reacias a cambiar de postura, incluso cuando los hechos refutan sus creencias.

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Los seres humanos somos individuos de naturaleza social, por lo que necesitamos interactuar con los demás para sentirnos bien. Las relaciones interpersonales nos brindan seguridad, protección y afecto, pero también nos ayudan a configurar una visión del mundo que nos rodea. De esta forma, desde las edades más tempranas comenzamos a establecer lazos con otras personas en diferentes escenarios, de manera que lo que somos se construye a partir de esos vínculos que vamos formando.

Aunque no podemos vivir sin las relaciones sociales, estas no siempre son sencillas ni satisfactorias. No todo el mundo con el que interactuamos a lo largo de la vida nos pone las cosas fáciles, y a veces podemos sentir que determinadas personas de nuestro círculo nos dan más de un quebradero de cabeza por su forma de ser.

Si alguna vez te has sentido así, es posible que tengas en tu entorno a una persona intransigente. Este adjetivo hace referencia a aquellos que son demasiado cerrados de mente e incapaces de comprender el punto de vista de los demás. En este artículo vamos a comentar en detalle cómo son las personas intransigentes y de qué manera se puede lidiar con ellas para evitar conflictos y daños en nuestro propio bienestar psicológico.

¿Qué es una persona intransigente?

Se define como intransigente a aquella persona que es intolerante a otros puntos de vista distintos del propio, que muestra continuamente una tendencia a prejuzgar y sentirse moralmente superior al resto. En el lenguaje coloquial, este tipo de personas son calificadas como cabezonas, tercas o cerradas de mente. Este tipo de personas no suelen ceder fácilmente, pues rechazan dar su brazo a torcer ya que prefieren mantenerse en su postura. Quienes adoptan este comportamiento suelen defender sus opiniones negando e invalidando las de los demás, mostrando por ello comportamientos egoístas y obstinados.

Todos podemos mostrar de forma puntual una actitud intransigente, pues no siempre nos mostramos abiertos a escuchar a los demás y comprender su perspectiva. Cuando las acciones de los demás no entran dentro de nuestra concepción de las cosas, es posible que salga a relucir nuestra faceta más intolerante. En algunos casos, puede ser comprensible que mostremos una actitud de total rechazo ante determinadas situaciones que se oponen frontalmente a nuestros valores o derechos. Sin embargo, la manera de responder debe ser siempre asertiva, defendiendo nuestra postura sin herir o atacar al otro.

No obstante, es importante tener presente que nada tiene que ver una actitud intransigente puntual con el hecho de que algunas personas hacen de esta actitud una dinámica constante. Ser intransigente de continuo no constituye un trastorno psicológico, pero sí una característica de la personalidad que puede ocasionar muchos conflictos y dificultades relacionales.

Convivir con alguien que es intolerante a los puntos de vista ajenos y rechaza escuchar otras opiniones puede suponer un desafío que no siempre es fácil de manejar. Aunque, como decimos, la intransigencia no es en sí misma un trastorno psicológico, sí que hay ciertas características que nos pueden ayudar a identificar a este tipo de personas. Cabe destacar las siguientes:

  • Reactancia psicológica: Las personas intransigentes tienden a llevar la contraria por naturaleza. Así, defienden de manera rígida e inflexible su postura, sin ceder ni un ápice ni tampoco comprender los valores u opiniones ajenas.

  • Conservadurismo cognitivo: Las personas intransigentes son reacias a cambiar de opinión, incluso cuando los hechos refutan sus creencias iniciales. De esta manera, mantienen sus esquemas de creencias a pesar de recibir nueva información del entorno.

  • Alerta: Cuando alguien es intransigente, suele estar siempre en un estado de vigilancia continua, de forma que cualquier intento de los demás por modificar su postura será recibido como un ataque personal.

  • Sesgo de confirmación: Este sesgo es habitual en la población general, pero es especialmente típico en aquellas personas más intransigentes. Consiste en buscar o analizar sólo la información que apoye las propias creencias u opiniones, omitiendo de forma paralela toda aquella que las ponga en duda.

  • Inflexibilidad: La intransigencia es sinónimo de rigidez cognitiva, por lo que estas personas se caracterizan por ser marcadamente inflexibles: no escuchan, no ceden ni se enriquecen de lo que otros les puedan aportar.

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¿Cómo manejar la intransigencia?

Es muy probable que en tu entorno cercano haya una o más personas intransigentes, aunque tú mismo también puedes haber reparado en que adoptas una postura rígida ante las opiniones de los demás.

Como veníamos comentando anteriormente, la intransigencia en algunos momentos no es un problema, ya que hay situaciones en las que es natural que nos pongamos en una postura más defensiva. En esos casos, lo importante es saber gestionar el rechazo y expresar nuestro desacuerdo con las ideas del otro de manera asertiva.

No obstante, cuando la intransigencia forma parte de la personalidad de alguien sí que puede suponer un serio problema que interfiere en las relaciones y la vida normal en todas sus áreas (familia, trabajo…). En este caso, es recomendable seguir algunas pautas para evitar que la cuestión vaya a más.

Cómo manejar tu propia intransigencia

En el caso de que seas tú el que tiene comportamientos intransigentes, puedes tener en cuenta algunas claves. En primer lugar, es importante que aceptes que algo no va bien y que debes trabajar para mejorar. Reconocer los propios errores y defectos no es tarea fácil, pero aceptar que somos demasiado intransigentes es un buen primer paso para empezar a cambiar esto.

Obsérvate en tus interacciones sociales. Trata de ver en ti esos comportamientos que dañan tus relaciones, tales como no ceder, no aceptar opiniones distintas, estar a la defensiva, sembrar discusiones frecuentes, etc. Analiza los mensajes que te transmiten las personas de tu entorno: Muchas veces nuestros amigos y familiares nos dan algunas pistas de que no estamos teniendo la actitud adecuada. A veces puede que te digan cosas como “no se puede hablar contigo” o “siempre quieres tener la razón”. Si recibes habitualmente este tipo de mensajes de varias personas cercanas, debes plantearte que algo no está bien en tu forma de actuar.

Olvídate de los “yo soy así”: La intransigencia no es algo que forme nuestra persona, sino un comportamiento que puede modificarse con trabajo y paciencia. No se trata de cambiar de la noche a la mañana, sino de ir introduciendo pequeños cambios en tu vida. Infórmate sobre otros puntos de vista: Puedes jugar a ser abogado del diablo y aprender a ponerte en las distintas posiciones posibles ante una situación, argumentando desde cada una de ellas para empezar a flexibilizar tu manera de ver la realidad.

Aprende a ser asertivo: La comunicación asertiva es importante para cualquier persona, aunque si pecas de intransigente esta puede ser de especial ayuda. Tienes derecho a tener tu opinión, pero eso no justifica que invalides las creencias de los demás. Por ello, es importante que aprendas a expresar lo que piensas o crees sin atacar o descalificar a los otros.

Entrena tu capacidad de escucha. Escuchar no es lo mismo que esperar tu turno para hablar. Es necesario que aprendas a escuchar al otro de forma real, atendiendo a sus argumentos de manera calmada y abierta. Comienza manteniendo espacios de debate y conversación con personas con las que te sientas cómodo. Evita empezar con personas con las que estás alerta (no te caen bien, no las conoces demasiado…), pues esto te impedirá charlar e intercambiar opiniones de manera sosegada.

Estas pautas pueden ser interesantes para que logres mejorar tu relación con los demás. Sin embargo, si notas que por tí mismo no eres capaz de trabajar este aspecto, es recomendable que acudas a un profesional de la psicología.

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Cómo manejar la intransigencia de los demás

A veces sucede que quien muestra este problema es alguien de nuestro entorno. Si es tu caso, es probable que te hayas cuestionado cómo manejar esta situación. Antes de nada, debes saber que la regla de oro en este caso es la de no entrar a contraatacar. Responder con la misma rigidez y agresividad a una persona intransigente sólo servirá para empeorar la situación.

Es esencial tener presente que no tenemos el poder de modificar el comportamiento de los demás, pero sí podemos aprender a gestionar nuestra conciencia del problema y la manera en la que este nos afecta. A continuación, vamos a comentar algunas pautas que pueden ser útiles a la hora de lidiar con alguien inflexible.

  • Replantéate la relación: En ocasiones es necesario priorizar nuestro bienestar antes que cualquier relación. Es natural sentir ambivalencia hacia alguien cercano que se comporta de esta manera. Si en el día a día notas que interactuar con él/ella te supone un desgaste emocional cada vez mayor, piensa en tomar distancia.

  • No busques convencer: Normalmente, cuando lidiamos con una persona de este tipo, tendemos a buscar que cambie de opinión, como si fuésemos a lograr convencerla. Sin embargo, esto es contraproducente. No te centres en cambiar su pensamiento, pues lo único que conseguirás es desgastarte. Aceptar que no tienes que esforzarte más es muy liberador, así que comienza a poner esto en práctica.

  • Respeto: Ante todo, ten en cuenta que nunca debes faltar el respeto a esa persona. De lo contrario, sólo estarás entrando en su juego y le darás más motivos para mostrarse a la defensiva.

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