¿Qué es la Glucosa y qué funciones realiza en nuestro cuerpo?

Exploramos la glucosa desde un punto de vista tanto evolutivo como funcional. Este monosacárido es un componente esencial en el desempeño energético de los seres vivos.
Glucosa funciones

El mundo de la alimentación moderna es un tema delicado, pues mantener el equilibrio en la dieta con un estilo de vida mayoritariamente sedentario es, como poco, un desafío. El ser humano tiende a lo dulce y graso, pues se ha visto que las comidas ricas en carbohidratos y azúcares activan de forma desmesurada nuestros centros de recompensa cerebrales.

Por ello, no es ninguna coincidencia que en los últimos 30 años la obesidad se haya triplicado en el mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que existen más de 650 millones de personas obesas, algo que explica, al menos en parte, que las cardiopatías sean la primera causa de muerte en las sociedades occidentales.

Por desgracia, acompañando a la obesidad y en la otra cara de la moneda, tenemos al alza trastornos como la bulimia, anorexia y desórdenes de la imagen y percepción individual (por ejemplo, la bulimia alcanza cotas de hasta el 3 % de prevalencia en ciertos grupos muestrales). Ni consumir azúcar en exceso es bueno, ni preocuparse por él de más es sano.

Por ello, la palabra “azúcar” se ha visto estigmatizada por ciertos sectores de la población general en los últimos años, al no recibir sus integrantes la información pertinente de la forma correcta. Aquí te explicamos qué es la glucosa desde un punto de vista tanto evolutivo como funcional, y te aseguramos que descubrirás un mundo más apasionante de lo que se puede esperar en un principio más allá de un prisma médico.

¿Qué es la glucosa?

La glucosa es un monosacárido, es decir, un azúcar simple que no se hidroliza ni se descompone en otros compuestos. Desde un punto de vista molecular estamos ante una hexosa, pues presenta seis átomos de carbono que actúan como vértices de su estructura geométrica, y también ante una aldosa, ya que su grupo carbonilo se localiza en el extremo de la molécula.

Se trata de una sustancia natural, pues se encuentra libre en la miel y otras frutas. Esto es posible ya que las plantas son capaces de sintetizarla a partir de compuestos inorgánicos como el agua y dióxido de carbono mediante reacciones fotosintéticas complejas. Naturalmente, la primera parada de este viaje debe responder a la siguiente pregunta: ¿por qué existen estos azúcares en el medio ambiente?

Glucosa estructura
Estructura química de la glucosa, una molécula que sintetiza nuestro cuerpo (o que consigue directamente) a través de la alimentación.

La evolución de los azúcares

Nos remontamos a periodos anteriores al Triásico, pues evidencias fósiles demuestran que cerca de esta época diversos insectos pasaron de una dieta hematófaga (a base de sangre) a una fitófaga (a base de plantas), con el fin de evitar la competencia por alimento. Esto, naturalmente, supuso un duro golpe para los vegetales ancestrales, pues la depredación de las partes vegetativas o reproductoras de las plantas disminuía considerablemente sus probabilidades de supervivencia.

¿La solución? Tocaba defenderse. Por ello, los vegetales comenzaron a sintetizar compuestos tóxicos. Si bien este tipo de mecanismos disminuyen considerablemente la depredación, la inversión energética por parte del vegetal para sintetizar y acumular toxinas es astronómica. Sea como fuere, las plantas salían perdiendo tanto si se defendían como si se resignaban a ser comidas. Así pues, pasaron a crear estructuras morfológicas cada vez más complejas (los protofrutos) para proteger a sus semillas, y que al menos, su descendencia no fuera depredada.

Por desgracia, cuanta más energía invierte un ser vivo en sintetizar un tejido más contenido nutritivo suele tener, y los insectos terminaron viéndose cautivados por estos frutos. Al final, la solución estaba clara: si no puedes con el enemigo, únete a él. En vez de invertir cantidades astronómicas de energía (para un vegetal, al menos) en producir toxinas para evitar la depredación y estructuras de protección, resulta mucho más rentable resignarse y aceptar el proceso evolutivo: cómeme, pero yo ganaré también.

Así pues, la hipótesis más extendida es que los azúcares como la glucosa surgieron en la naturaleza gracias a la desviación de rutas metabólicas en los vegetales con el fin de producir sustancias atrayentes para los seres vivos. Con esto se matan dos pájaros de un tiro: se protege de forma indirecta la parte vegetativa de la planta y los animales actúan como dispersores de semillas sin darse cuenta.

Es necesario acotar que este proceso evolutivo no responde a un mecanismo consciente por parte de los vegetales: las mutaciones en los seres vivos son aleatorias, pero los más aptos son “elegidos” por la selección natural para transmitir sus genes. De todas formas, tras conocer esta información seguro que sospechas por qué, desde un punto de vista evolutivo, una pieza de fruta con sus colores y dulzor te resulta tan llamativa.

Funciones de la glucosa en nuestro cuerpo

Una vez descrita esta apasionante historia coevolutiva, es hora de que exploremos qué hace realmente la glucosa en el cuerpo humano. La glucosa es un combustible, pues tras la ingestión de azúcares en la dieta, este monosacárido viaja por el torrente sanguíneo hasta los distintos órganos y tejidos, con el fin de otorgar energía a las células para que realicen correctamente sus funciones.

El rendimiento energético de la glucosa es de 3,75 kilocalorías por gramo, por lo que no es de extrañar que suponga un excelente mecanismo de impulso para que el individuo pueda realizar correctamente sus tareas biológicas. Además, la glucosa (ya sea ingerida de forma directa o como producto metabólico tras la digestión de productos con carbohidratos) se almacena en forma de glucógeno en el hígado, un centro de almacenamiento de un compuesto rico en energía análogo al almidón en las plantas.

Es por esta razón que los carbohidratos se consideran la principal fuente de energía en el ser humano y no las grasas, a pesar de lo que muchas personas puedan pensar. Los carbohidratos complejos se transforman en azúcares simples como la glucosa tras la digestión, y por ello, la ingestión de alimentos ricos en carbohidratos guarda una relación directa con los niveles de glucosa en sangre del individuo.

El problema de la diabetes

Hablando de sangre, no podemos terminar este espacio sin dejarnos en el tintero el trastorno que trae de cabeza a gran parte de la población general: seguro que suenan los términos “hiperglucemia” y “diabetes”, ¿verdad?

La sangre está compuesta tanto por glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas ( un 45 % de su volumen), así como por plasma sanguíneo (55 % del volumen de la sangre). Este plasma, a su vez, está formado por un 92 % de agua, un 7 % de proteínas vitales y un 1 % de sales minerales, azúcares, grasas, hormonas y vitaminas. Como se puede deducir, la concentración de glucosa en sangre corresponde a una parte de este 1 % restante.

Así pues, se considera que una concentración “normal” de glucosa en sangre es de 70 a 100 miligramos por decilitro, valor que puede aumentar ligeramente tras la ingestión de ciertos alimentos. Estamos ante una cifra minúscula si tenemos en cuenta que un ser humano adulto presenta de promedio 4,5-5,5 litros de sangre en el interior de su cuerpo.

Por desgracia, una concentración de glucosa en sangre mayor a 200 miligramos por decilitro, por pequeña que siga siendo, puede tener efectos devastadores a largo plazo sobre el paciente: desde daños nerviosos permanentes a enfermedades cardiovasculares, una extensa serie de complicaciones en pacientes diabéticos sin tratamiento evidencia que cualquier alteración del equilibrio homeostático del ser humano se puede pagar muy cara.

La insulina es una hormona encargada de regular los niveles de glucosa en sangre, pues “desbloquea” a las células para que el monosacárido pueda ingresar en ellas y estas lo utilicen como combustible. Por desgracia, los pacientes diabéticos o no producen insulina suficiente o esta hormona no actúa todo lo bien que debería, lo que promueve un aumento anormal de los niveles de glucosa en sangre. Este trastorno cobra cada vez más importancia a escala global, pues se calcula que 1 de cada 11 adultos tienen algún tipo de diabetes.

Glucosa diabetes
La diabetes es una enfermedad grave que requiere de tratamiento de por vida en la que los niveles de glucosa en sangre son demasiado altos.

Resumen

Como hemos podido ver, la glucosa es un monosacárido polifacético, pues tiene una historia muy interesante a nivel evolutivo y supone una excelente fuente de energía, pero su presencia demasiado alta en sangre puede generar patologías muy severas en el paciente.

Si una idea ha de quedar clara tras esta disección extensa de la glucosa es la siguiente: los azúcares no son malos, pues estos suponen la principal fuente de energía en el ser humano (al sintetizarse a partir de los carbohidratos) y consumirlos es un mecanismo evolutivo natural. Casi no existen malos alimentos, sino que lo erróneo puede ser el uso que les atribuimos y la frecuencia de su ingestión.

Referencias bibliográficas

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Graduado en biología en el año 2018 (Universidad de Alcalá de Henares) y en un máster de zoología en el 2019 (Universidad complutense). Samuel sintió predilección desde el inicio de su formación profesional por la parasitología, enfermedades transmitidas por animales, bacterias y otros microorganismos patógenos y genética. Por ello, en cuanto terminó el ciclo estudiantil, decidió dedicarse a la divulgación de materia epidemiológica como forma primaria de vida. Desde entonces, y con más de 100 artículos redactados en distintos portales, participa en diversos proyectos divulgativos con el fin de dar a conocer enfermedades y el funcionamiento general del cuerpo humano.