Los 5 tipos de taquicardia: causas, síntomas y tratamiento

La taquicardia se caracteriza por un ritmo cardíaco mayor a 100 pulsaciones por minuto. Existen muchas variantes de esta entidad clínica, con pronósticos diferentes.
Tipos taquicardia

El corazón es un órgano extremadamente complejo que late más de 2.500 millones de veces a lo largo de la vida de un individuo de 80 años. Se considera el conglomerado muscular más poderoso e importante de todo el cuerpo, ya que es el encargado de enviar la sangre a todos los tejidos del organismo y, con ella, el oxígeno y los nutrientes necesarios para la vida. En poco más de un minuto, esta estructura bombea la totalidad de la sangre del organismo y abastece a todas nuestras células.

Para que se pueda producir la contracción cardíaca, el sistema nervioso sigue una serie de pasos bastante complejos. El ritmo de impulsos eléctricos comienza en las neuronas automatizadas en el nodo sinusal, situado en la aurícula derecha del corazón. Por distintas vías, este impulso llega al nodo atrioventricular (AV), que a su vez se termina escindiendo en la rama izquierda y derecha del haz de His. Cada ramificación incurre en los ventrículos izquierdo y derecho, y las células de Purkinje de cada lado son las que provocan la despolarización ventricular.

Explicado deprisa y corriendo, este es el mecanismo que provoca la contracción de los ventrículos y, por ende, el inicio del latido cardíaco. La frecuencia normal a la que suceden todos estos eventos es de 60 a 100 contracciones con minuto, pero, ¿a qué se debe un aumento significativo en el ritmo cardíaco? Para dar respuesta a esta pregunta y muchas más, abordamos en las siguientes líneas los 5 tipos de taquicardias y sus características. No te lo pierdas.

¿Qué es una taquicardia y cuáles son sus tipos?

Dependiendo de la edad, un ritmo cardíaco normal puede variar. Por ejemplo, un bebé de 1 a 3 semanas puede presentar un ritmo cardíaco de 160 pulsaciones por minuto y esto no resultar ningún problema. De todas formas, en el ser humano, se considera anormal un ritmo de contracción atrial y/o ventricular mayor a 100 pulsaciones por minuto (taquicardia) o menor a 60 (bradicardia). Además, el punto de corte establecido depende del cuadro subyacente del paciente. Por ejemplo, cuando se está pasando un cuadro de sepsis, se considera taquicardia cualquier valor superior a las 90 pulsaciones por minuto.

La taquicardia puede ser fisiológica o patológica. En el primer caso, la persona que la padece está respondiendo de forma normal a un estímulo exógeno mediante una emoción intensa. Por ejemplo, cuando oímos un ruido estruendoso y nos sentimos en peligro, una de las primeras hormonas que se pone en marcha es la adrenalina. Esta aumenta la frecuencia cardíaca (taquicardia), contrae los vasos sanguíneos, dilata las vías aéreas y nos prepara para luchar o correr.

Esta respuesta fisiológica se considera parte de lo normal en el ser humano, y por eso las taquicardias fisiológicas no disminuyen necesariamente la esperanza de vida ni suponen un problema a largo plazo. De todas formas, la cosa cambia cuando este ritmo cardíaco acelerado es derivado de la depresión, ansiedad crónica, insuficiencia renal, anemia, una hemorragia severa o un shock cardíaco. Con base en estas premisas, te presentamos los 5 tipos de taquicardias.

1. Fibrilación atrial (FA)

En esta variante, el corazón late muy rápido y a un ritmo irregular. La mayoría de episodios son asintomáticos, pero a veces se pueden sentir mareos, palpitaciones, falta de aire y dolor de pecho. Se correlaciona con entidades clínicas como la hipertensión y enfermedades valvulares congénitas (valvulopatías).

Es el tipo de arritmia (y por tanto de taquicardia) más frecuente en toda la población general. Además, se divide en 3 variantes distintas, dependiendo del grado de instauración del signo clínico:

  • FA paroxística: de duración breve. No supera los 7 días y desaparece de forma espontánea.
  • FA persistente: no desaparece por sí sola y dura más de 7 días. En este caso, es necesario acudir a medicamentos.
  • FA crónica: la variante más preocupante de todas. Es de instauración progresiva y no responde a tratamientos ambulatorios.

En todas las variantes en primera instancia se recurre a medicamentos antiarrítmicos (cardioversión farmacológica) o descargas eléctricas con un desfibrilador (cardioversión eléctrica). Además, si la fibrilación es provocada por una entidad clínica subyacente, esta se debe tratar también.

Fibrilación atrial

2. Aleteo auricular

Un ritmo cardíaco anormal que desemboca en ritmos cardíacos acelerados, de tipo taquicardia supraventricular. Es muy común en personas con problemas basales en el aparato circulatorio, como miocardiopatía, cardiopatías isquémicas o hipertensión, entre otras muchas entidades clínicas. En este cuadro concreto, se genera una corriente eléctrica prematura en la aurícula y esta provoca una retroalimentación perpetuada dentro de la región auricular.

Al principio el aleteo auricular se tolera bien, pero poco a poco va generando síntomas en pacientes con cardiopatías ya presentes, como dolor de pecho, mareos, náuseas, ansiedad y otros muchos cuadros clínicos. Una prolongación del aleteo puede llevar a insuficiencia cardíaca, así que la cardioversión también suelen ser necesaria.

3. Taquicardia supraventricular (TSVP)

En este caso, los ritmos cardíacos son excesivamente rápidos pero regulares, debido a problemas que radican en las ramificaciones del haz de His, nombrado en las primeras líneas de este espacio. Se manifiesta con ansiedad, opresión torácica, pulso rápido, dificultad para respirar, mareos, desmayos, etc. No siempre es una entidad clínica grave, pero el hecho de que el ritmo cardíaco pueda situarse en las 250 pulsaciones por minuto requiere, como mínimo, de un seguimiento constante.

Además, la TSVP es intermitente, así que un paciente que la experimenta debe llevar por un tiempo un monitor de Holter las 24 horas al día para recibir el diagnóstico correcto. Se puede intentar parar esta taquicardia con algunos remedios caseros, pero si no cesa, es necesaria la visita a urgencias y la inyección de medicamentos por vía intravenosa.

Taquicardia supraventricular

4. Taquicardia ventricular

La taquicardia ventricular va acompañada de otras entidades clínicas de índole cardíaca que ya provocan síntomas por sí mismas, como falta de aliento, desmayos o dolor de pecho. Se trata de un evento extrasistólico en el ventrículo, o lo que es lo mismo, que se produce una despolarización y contracción antes de lo normal en el entorno ventricular.

En general, este desajuste cardíaco se experimenta en forma de un latido fuerte fuera de lo normal, pero luego el corazón recupera su estabilidad fisiológica por sí mismo. Si la taquicardia ventricular dura más de 30 segundos, se considera sostenida.

En este cuadro clínico, la cosa se complica un poco, pues no solo se trata de evitar un ritmo cardíaco anómalo, sino de reducir al mínimo las probabilidades de muerte súbita (recordamos que esta taquicardia va acompañada de condiciones previas). Por ello, se suele implantar en el paciente un cardiodesfibrilador (CDI), cuyo fin es detectar la arritmia espontánea y corregirla. Los CDI controlan de forma constante y continua el corazón, así que evitan la muerte por arritmias graves.

5. Fibrilación ventricular

Una de las taquicardias más graves en el entorno clínico. El ritmo ventricular es extremadamente rápido (más de 250 pulsaciones por minuto), lo cual desemboca en la ausencia de contracción normal, un ritmo caótico, la falta de sangre en el organismo y, por ende, la muerte del paciente. Es el ritmo final de casi todas las muertes súbitas, y aparece como sello de defunción en prácticamente todas las cardiopatías.

En el 80% de los casos, la fibrilación ventricular surge por una cardiopatía isquémica grave. El único tratamiento posible es una desfibrilación de emergencia, pero hay que ser rápidos: cada minuto que pasa, se reducen las probabilidades de supervivencia en un 15%.

Fibrilación ventricular

Resumen

Como has podido comprobar, una taquicardia patológica puede ir desde un latido fuerte hasta la muerte en cuestión de minutos. Debes tener en cuenta que la mayoría de ellas van precedidas de un problema cardíaco o valvulopatía, así que los pacientes que las presentan van sobre aviso y suelen tener medicamentos y protocolos a mano para evitar que los desajustes en el ritmo cardíaco terminen mal. De todas formas, una fibrilación auricular suele ser indicio de muerte en casi todos los casos, se esté preparado o no para ella.

Por último, queremos hacer hincapié en que no todas las taquicardias son malas. Si te sientes agitado de forma constante y tras hacerte las pruebas pertinentes (electrocardiograma) todo ha ido bien, lo más probable es que tengas ansiedad y estrés continuado en el tiempo. En estos casos, la respuesta se encuentra en una clínica psicológica y no en el cardiólogo.

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