Faringitis: causas, síntomas y posibles tratamientos

Las faringitis pueden ser de origen vírico, bacteriano, fúngico o no infeccioso. Cada variante debe tratarse de forma diferente para evitar problemas en el futuro.
Faringitis

El dolor de garganta y la faringitis representan el 2% y el 5% de todas las visitas médicas en edad adulta y pediátrica, de forma respectiva. Se estima que, a nivel global, en el año 2010 unas 1.800 millones de personas acudieron a la clínica de urgencias por cuadros de faringitis, de las cuales casi 700 millones eran pacientes con menos de 15 años de edad.

Con estos datos, queremos evidenciar que la faringitis es un evento clínico extremadamente común en la población. Muchos virus y bacterias entran a nuestro organismo por las fosas nasales o por la boca y, por tanto, es común que uno de los primeros lugares de colonización sea el tejido faríngeo. Las acciones dañinas por los virus y bacterias provocan lesiones en el tejido de esta estructura, pero además, la inflamación también se ve fomentada por la respuesta inmune del propio paciente.

La faringitis suele acompañarse de otros síntomas como nariz tapada, toses, fiebre, dificultades para tragar y voz rasposa, aunque los síntomas no suelen demorarse por más de 5 días. Si quieres saberlo todo sobre este signo clínico y cómo tratarlo, sigue leyendo.

¿Qué es la faringitis?

Una faringitis se define como la inflamación de la faringe, y por ende, de la garganta. En concreto, hablamos de una inflamación aguda de la mucosa orofaríngea, situada por detrás de la boca (abarcando desde el borde inferior del velo del paladar hasta el borde superior de la epiglotis). Esta zona está muy expuesta a la invasión de microorganismos, pues forma parte tanto del aparato respiratorio como del digestivo. Ya sea por la inhalación de micropartículas o por el consumo de alimentos infectados, los patógenos pueden entrar con facilidad en esta zona.

Las bacterias y los virus son capaces de invadir de forma directa la mucosa faríngea. Una vez se asientan, comienzan a sintetizar sustancias nocivas o se multiplican de forma descontrolada, mandando “señales” al sistema inmune del paciente de que algo no va del todo bien. Así pues, los linfocitos y otros cuerpos celulares desencadenan respuestas inflamatorias, cuya finalidad es acabar con la causa primaria de daño tisular, eliminar células necróticas y comenzar con un proceso de reparación de la forma más rápida posible.

Esta respuesta inflamatoria, en casi todos los casos y tejidos, se reduce a los siguientes conceptos: calor, dolor, rubor, hinchazón y pérdida de función. En el cuadro de la faringitis solemos estar ante episodios agudos, es decir, producto de una respuesta primaria del sistema inmune hacia la zona dañada, donde sobre todo se ven involucrados leucocitos (granulocitos) y movimiento plasmático. En resumen, la invasión local de patógenos en la mucosa orofaríngea propicia la inflamación, edema y secreción.

Qué es faringitis

Causas y síntomas de la faringitis

Existen múltiples patógenos que pueden instaurarse en la mucosa orofaríngea. Es esencial distinguir la etiología de las distintas variantes de la faringitis, pues nada tiene que ver una infección viral con una bacteriana en lo que a tratamiento se refiere. Te mostramos los agentes causales más comunes de este cuadro clínico en las siguientes líneas.

1. Virus

Hasta el 80% de las faringitis agudas son de origen vírico. Los patógenos predominantes en esta categoría pertenecen al grupo de los adenovirus (más comunes), rinovirus, influenza virus, coronavirus y parainfluenza. Las faringitis víricas suelen ser autolimitadas y leves, siendo las de origen bacteriano las que más problemas reportan a corto y largo plazo.

Este tipo de infecciones tienen un claro patrón estacional, pues son altamente contagiosas y de fácil transmisión, sobre todo en los meses más fríos del año (otoño e invierno, en ocasiones primavera). Su instauración en el núcleo poblacional (y en el paciente) es gradual, comenzando los síntomas en general tras un período corto de incubación de 1 a 3 días. La fatiga y los escalofríos son unos de los primeros síntomas de la infección viral faríngea, a veces acompañados de una fiebre leve que nunca supera los 38 grados.

La odinofagia (dolor al tragar alimentos), malestar en la garganta y picor son los signos clínicos que se abren paso tras los síntomas iniciales y suelen estar presentes, en mayor o menor medida, en todos los casos de faringitis. Normalmente, estos signos experimentan el pico sintomático a los 3-5 días tras su aparición y, por suerte, se resuelven por sí solos en un máximo de 10 días. La rinorrea, conjuntivitis y dolor de cabeza son típicas de la faringitis vírica.

2. Bacterias

Como su propio nombre indica, en este caso los microorganismos bacterianos son los causantes de la enfermedad. Llama especialmente la atención el patógeno Streptococcus pyogenes (estreptococo del grupo A o GAS), ya que se estima que es el causante del 30% de los cuadros clínicos en adultos y del 15% de los infantiles. En el 0,015% de los pacientes en edad pediátrica esta infección puede evolucionar hasta un problema grave, así que se considera una variante de faringitis ligeramente más preocupante que la viral.

La faringitis bacteriana no sigue un patrón estacional, ya que las bacterias nos rodean en el medio en prácticamente cualquier momento del año. Su instauración es brusca y rápida, formando usualmente brotes epidemiológicos que tienden a sofocarse con el tiempo. Es difícil diferenciar esta variante de la vírica en primera instancia, pero un profesional médico puede encontrar diferencias claves en el paciente.

En primer lugar, es común que el paciente presente una fiebre que oscila entre los 38 y 40 grados, mientras que en la variante viral nunca se supera el primer valor. La odinofagia es más pronunciada, pues el enfermo manifiesta un dolor muy intenso a la hora de tragar alimentos y/o saliva. También es común que aparezca una adenopatía cervical, es decir, la inflamación de los ganglios linfáticos del cuello, en respuesta a la infección bacteriana.

Por otro lado, la faringitis bacteriana no se muestra con signos de infestación en el tracto respiratorio superior, así que la rinorrea (goteo nasal) y las toses son poco comunes. En resumen, los síntomas son más pronunciados en la mucosa faríngea, y sobre todo se diagnostica por la presencia de placas faríngeas y adenopatías asociadas, además de las pruebas laboratoriales pertinentes (exudado de mucosa y observación al microscopio).

Faringitis bacteria

3. Otras causas

Algunos hongos (como Candida albicans) también pueden provocar un cuadro de faringitis. Además, existen causas no infecciosas de esta patología, como la irritación de la faringe por el reflujo gastroesofágico continuado (ERGE), como efecto derivado del consumo de tabaco o el alcoholismo, entre otras cosas.

Tratamiento de la faringitis

En las infecciones virales, el tratamiento (casi) siempre es sintomático, mientras que en las bacterianas y fúngicas se debe recurrir al uso de antibióticos y antifúngicos, respectivamente. Darle a un paciente antibióticos durante una infección viral no va a servir de nada y, además, puede crear un importante efecto rebote a nivel social. Curiosamente, la faringitis es más abundante en los países donde se prescriben estos fármacos de más: cuantos más antibióticos consume la gente cuando no los necesita, más probabilidades hay de que se desarrollen cepas bacterianas multirresistentes.

Los dolores de garganta solamente se tratan con antibióticos si un examen llevado a cabo por un médico de estreptococos da positivo o, si en su defecto, un cultivo para detectar clamidia o gonorrea da positivo. En caso contrario, se asume que la infección es viral y, por tanto, casi nunca se recetan fármacos que trabajen en la eliminación del virus (es el propio sistema inmune el que debe encargarse de ello).

Lo que sí que se puede hacer, en todos los casos, es acudir a fármacos analgésicos de venta libre, como el paracetamol, para reducir el dolor y la inflamación. También se les recomienda a los pacientes beber mucho líquido, hacer gárgaras, chupar dulces duros y usar vaporizadores de aire fresco. En general, con estos cuidados caseros toda infección viral remite por sí sola en unos 7-10 días.

Resumen

En resumen, la mayoría de las faringitis son causadas por etiologías virales y, como tales, no requieren de medicación específica. Con descansar en casa y tomar ciertas medidas para aliviar los síntomas, es suficiente para que la enfermedad llegue a buen puerto.

Por otro lado, si la infección es persistente y los síntomas se tornan graves (o diferenciales en comparación con un cuadro vírico), se hace necesario acudir en todos los casos al médico.

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