Los 11 tipos de asco (y cómo se expresan)

El asco es una emoción básica que se expresa como un fuerte desagrado hacia algo, con sensaciones de repugnancia que sentimos hacia una situación u objeto. Veamos de qué distintas maneras puede manifestarse.

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El asco se considera una emoción primaria que surge ante un estímulo o situación que nos produce aversión y rechazo. Se clasifica como una emoción primaria ya que la función principal es aumentar la supervivencia, nos mantiene alejados de estímulos que pueden ser peligrosos y nos pueden dañar. Aún así, también se vincula con una función más moral, relacionada con la ética y los valores, siendo por tanto aprendida y adquirida al relacionarnos con nuestro entorno.

Existen distintos tipos de asco que se diferencian según cuál sea su funcionalidad, si son adquiridos o innatos y cuáles son los estímulos que suscitan la emoción. Veremos que hay estímulos que causan asco a todo el mundo y otros que dependen más de la cultura establecida. En este artículo hablaremos del asco, cómo se define esta emoción, qué características muestra y cuáles son los principales tipos que existen.

¿Qué es el asco?

El asco es una emoción básica, esto quiere decir que es innata, todo el mundo la muestra y tiene un modo característico de expresión que todas las personas son capaces de reconocer. Esta emoción aparece ante estímulos que nos desagradan y nos producen rechazo, estos pueden percibirse por los distintos sentidos. Podemos sentir asco por algo que comemos, algo que vemos, algo que olemos, algo que tocamos o algo que oímos.

Tal es el rechazo que produce el estímulo que nos genera asco que esta aversión se puede generalizar a otros estímulos parecidos, intentando como sea mantenerlos alejados de nosotros. Aunque la reacción o el estado que nos produce es negativo, consideramos que esta emoción es funcional ya que nos protege de alimentos, sustancias, animales… Potencialmente peligrosos para nuestra salud, siendo así esencial para nuestra supervivencia.

Esta función básica vinculada con el asco se reafirma al observar esta emoción también en los animales. Asimismo, los seres humanos aparte de la función de supervivencia hemos dado un paso más e influye también la cultura, la ética y la moral. Vemos como según las distintas culturas los estímulos que producen asco pueden variar, nos producen asco estímulos que van en contra de nuestras creencias o valores. En este caso diremos que el asco es adquirido y aprendido.

La expresión del asco se produce tanto por vía físico, podemos sentir náuseas, incluso vomitar, dolor de estómago, tensión muscular… O por vía psicológica, podemos referir ansiedad, necesidad de escapar o evitar el estímulo, irritabilidad…

¿Qué clases de asco existen?

Ahora que conocemos mejor como se define la emoción de asco y qué clases de estímulos la pueden suscitar, procederemos a mencionar los distintos tipos de asco según cuáles sean sus causas y sus características.

1. Asco por supervivencia

Como ya hemos dicho la razón básica o primaria del asco se vincula con la supervivencia, con la disminución del riesgo de consumir o acercarnos a estímulos que puedan ser peligrosos. De esta forma, es la función que se considera innata y muestra tendencia a presentarse antes.

Las características propias de los estímulos que generan con más frecuencia asco son: mal olor, sabor agrio, tacto viscoso… Vemos como elementos que reúnen estas variables y que por tanto nos producen asco pueden ser los desechos o basura, excrementos, alimentos en mal estado… Como hemos dicho, aunque el estado que genera el asco es negativo se considera que su presencia es funcional ya que nos protege de peligros.

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2. Asco a excreciones corporales

Como hemos mencionado en el punto anterior el asco a las excreciones corporales, como pueden ser la orina, las heces, el vómito o la mucosidad se considera una reacción adaptativa y que ayuda a preservar nuestra salud. Las características que desprenden estos estímulos son captadas por nuestro organismo produciéndole una reacción negativa, aversiva, y facilitando así que nos alejemos de ellos y los evitemos. Aunque todo tipo de excreciones corporales tienden a producir asco, este se incrementa si pertenecen a sujetos no conocidos.

3. Asco por falta de higiene

El asco por falta de higiene aparece ante la percepción de falta de limpieza, pudiéndose referir a personas sucias y descuidadas o lugares poco higiénicos, con mucha suciedad, generando en ambos casos que el sujeto rechace su estancia cerca de ellos y haga lo que sea para evitar su presencia. Las sensaciones que más se vinculan con estas circunstancias es el mal olor o visión de algo que nos causa aversión.

4. Asco ante la enfermedad

El asco a la enfermedad o a la infección se activa ante la percepción de una persona o un estímulo que puede transmitirnos una patología. Así cualquier signo que muestre un individuo que nos indique es portador de patología, actuará como señal de alarma produciéndose una sensación de asco que hará que no nos acerquemos y nos mantengamos alejados de dicho estímulo o individuo. Vemos pues cómo en este caso el asco también es adaptativo y muestra función de supervivencia, manteniéndonos distantes de sujetos que nos pueden contagiar y hacer enfermar.

5. Asco hacia algunos animales

El asco que nos producen ciertos animales también puede vincularse a reacción de supervivencia, ya que normalmente los animales que nos generan asco son aquellos que pueden ser peligrosos, que pueden contagiarnos algún tipo de enfermedad o que son indicadores de falta de higiene o mal estado, como la aparición de gusanos en los alimentos. El asco a los animales se relaciona también con la fobia que nos pueden suscitar ciertas especies de animales, puesto que se ha visto que la causa de esta fobia puede deberse al asco, explicando así el rechazo que nos producen.

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6. Asco moral

El asco moral a diferencia de los anteriores no surge de forma innata, sino que, al deberse a causas morales, construidas y aprendidas, este tipo de asco se adquirirá con la experiencia e influencia del entorno del sujeto, por tanto aparecerá más tarde. En este caso los estímulos que suscitan el asco no son potencialmente dañinos para nuestra salud, aunque sí que son aversión y pueden causar daño al sujeto, siendo funcional el rechazo que nos generan y que nos alejemos de ellos.

Por ejemplo, nos causan asco algunos comentarios que pueden decir algunas personas, ciertos comportamientos que valoramos como negativos o actitudes de algunos sujetos. Estos estímulos chocan con nuestros valores y creencias que se vinculan normalmente con los valores y ética de la sociedad y la cultura que nos rodea. La emoción que nos genera no se vincula tanto con la supervivencia aunque sí que nos hace alejarnos de personas que pueden ser peligrosos y causarnos daños, como por ejemplo asesinos o violadores.

7. Asco a algunas prácticas sexuales

El asco que podemos sentir hacia algunas prácticas sexuales puede surgir ante ciertos tipos de conductas sexuales que no son de nuestro agrado o que pueden poner en peligro nuestra salud. Por tanto, podríamos relacionar la función de este tipo de asco con la supervivencia, aunque también puede mostrar influencia cultural y del entorno, puesto que la vivencia del sexo se vincuala y se ve influida también por la sociedad donde vivimos.

Así nos puede generar asco prácticas peligrosas y poco seguras como no usar el preservativo o mantener relaciones con sujetos que no conocemos o prácticas que pueden no ser de nuestro agrado relacionadas por ejemplo con algún tipo de fetiche.

8. Asco hacia alimentos en mal estado

El asco que nos producen los alimentos en mal estado se relaciona nuevamente con el instinto de supervivencia. Las señales que percibimos de alimentos que ya no son comestibles como mal olor, consistencia distinta, cambio de color o sabor desagradable, etc, nos indica que nos puede hacer daño y que por tanto no lo debemos comer. Este tipo de asco se observa también en los animales y se muestra de manera innata, reforzando también la sociedad y el entorno de la persona ayudándole a saber distinguir entre un alimento bueno y uno en mal estado.

9. Asco a patógenos

El asco a patógenos nos genera aversión a estímulos que pueden contener virus o bacterias que infectan y enferman nuestro organismo. Los parásitos son organismo que habitan en seres vivos alimentándose de ellos, así cualquier señal de presencia de este tipo de organismo, cuando observamos alimentos en mal estado, mejor no consumirlos. De este modo, este tipo de asco vuelve a vincularse claramente con la supervivencia del sujeto.

10. Asco hacia heridas o reacciones cutáneas

Este tipo de asco muestra también función adaptativa y disminuye el riesgo de enfermar y verse afectada nuestra salud. Ante heridas que pueden haberse infectado o reacciones o alteraciones en la piel, como verrugas o herpes, se produce en el sujeto una reacción aversiva y de rechazo que hace que pidamos ayuda profesional y tratemos de ponerle remedio y curarlo.

11. Asco interpersonal

El asco interpersonal se vincula con la relación con otros sujetos, con realizar conductas poco higiénicas que pueden repercutir en nuestra salud. Así nos puede dar asco lavarnos los dientes con el cepillo de otra persona o comer un caramelo o un chicle ya masticado por otro sujeto. Son acciones que pueden facilitar la transmisión de infecciones o enfermedades, considerándose por tanto poco higiénicas. Como es de esperar el asco incrementa si el sujeto en cuestión es desconocido.

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