Enfermedades

Filariasis linfática: causas, síntomas y tratamiento

Esta enfermedad causa que las extremidades se inflamen hasta extremos preocupantes.
Filariasis linfática

La filariasis linfática, también conocida como elefantiasis, es una enfermedad tropical desatendida (NTD) causada por las filarias, unos nemátodos del orden Spirurida.

Esta patología se ha ganado la clasificación previamente nombrada porque presenta un claro patrón demográfico, afectando regiones tropicales de Asia, África, América Central y del Sur.

Debido a su mayor prevalencia y gravedad en en zonas sin acceso a servicios de salud, agua potable y una higiene adecuada, es necesario comprender la dinámica de la enfermedad para poner fin a su expansión. Puede que este tipo de patologías nos suenen lejanas, pero el conocimiento no tiene fronteras, y por ello aquí te contamos todo lo que debes saber acerca de la filariasis.

Filariasis: el mosquito de picadura letal

La filariasis es una patología causada por unos nemátodos de pequeño tamaño, las filarias, que viajan en el cuerpo de los mosquitos esperando a ser transmitidas a humanos mediante una picadura. En este caso no vamos a realizar una descripción detallada del agente causal, pues no estamos ante una única especie parásita si no varias.

De las ocho especies de filarias que tienen como hospedador principal al ser humano, tres son las más importantes:

  • Wuchereria bancrofti es la responsable del 90 % de las filariasis, aproximadamente de 120 millones de casos en 83 países diferentes.
  • Brugia malayi causa la mayoría de los cuadros patológicos restantes.
  • Brugia timori también causa la enfermedad.

Para realizar una distinción morfológica generalizada y no convertir este espacio en una lección de biología, nos limitaremos a decir que las filarias son unos seres microscópicos de pequeño tamaño (40 milímetros en su forma adulta) de forma agusanada y aspecto semitransparente. A continuación, describimos su ciclo biológico.

Una enfermedad zoonótica

Tenemos que tener claro que estamos ante una enfermedad zoonótica, es decir, que es transmitida de un animal a un humano de forma natural. En este caso, el vector que transporta las filarias es un mosquito, generalmente del género Aedes o Mansonia. Este no es el único parásito que utiliza como vehículo a estos alados insectos, pues son un fantástico medio de transmisión por su naturaleza hematófaga (se alimentan de sangre).

El ciclo vital resumido de estos nemátodos se puede concentrar en una serie de sencillos pasos:

  • Las larvas son introducidas en el hospedador humano mediante la picadura del mosquito.
  • Estas se desarrollan en adultos en los órganos linfáticos.
  • Las microfilarias, producto de la reproducción de los adultos, viajan por la sangre del humano esperando a que esta sea ingerida por un mosquito.
  • El mosquito pica al humano, infectándose con las larvas y cerrando el ciclo.

Por impresionante que pueda parecer, las filarias son unos seres vivos muy longevos en comparación a su complejidad morfológica, pues pueden permanecer sexualmente activos hasta 8 años después del inicio de la infección. Las microfilarias, formas inmaduras circulantes en el torrente sanguíneo, varían su movilidad y localización según la hora del día y el lugar de preferencia de picado del mosquito.

Así, estos microscópicos gusanos inmaduros son más predominantes en la sangre en la noche, pues en estos momentos es más posible que un invertebrado proboscídeo decida posarse sobre un humano y alimentarse de su sangre. Este nemátodo muestra un mecanismo evolutivo impresionante, pues todas sus adaptaciones giran en torno a maximizar la posibilidad de infección.

Consideraciones médicas

La filariasis es una enfermedad que, aunque a la mayoría de lectores no le resulte familiar, es extremadamente común en ciertas partes de la Tierra. Es por esto que vamos a centrarnos extensamente en su epidemiología antes de discutir síntomas y tratamientos.

1. Patrones epidemiológicos de vértigo

A continuación, presentamos una serie de cifras brindadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros estudios de investigación:

  • La filariasis afecta a más de 120 millones de personas, de las cuales 40 millones están desfiguradas y son incapaces de trabajar (más tarde veremos por qué).
  • Se estima que más de 1.000 millones de seres humanos se encuentran en riesgo de contraer la enfermedad.
  • En zonas especialmente afectadas como el Sureste de Asia se concentran más del 60 % de los casos.
  • Estudios calculan que en algunas áreas endémicas, más del 50 % de la población presenta microfilarias en sangre.
  • La probabilidad de contraer la enfermedad aumenta con la edad, pues se manifiesta sobre todo a partir de los 30 años.

Alarmante, ¿verdad? La importancia de estas cifras no caen en saco roto, y por ello, la Organización Mundial de la Salud ha puesto en marcha programas de profilaxis preventiva desde el año 2000, lo que calcula que ha tenido efectos positivos en más de 500 millones de personas en riesgo.

A continuación, veremos cómo se expresa la enfermedad.

2. Síntomas de la enfermedad: de asintomáticos a una pesadilla

La filariasis linfática adopta formas asintomáticas, agudas y crónicas, perteneciendo la mayoría al primer grupo. Una de las características más llamativas de esta enfermedad es que hay personas que cuentan con millones de nemátodos sanguíneos y nunca llegan a mostrar signos clínicos claros de enfermedad.

Esta no es la suerte de aproximadamente 40 millones de personas, que sí presentan síntomas muy claros de la enfermedad. Aunque no se conoce del todo el mecanismo subyacente, se cree que las manifestaciones médicas se dan por la respuesta inflamatoria del hospedador ante la muerte de los gusanos adultos en el interior de su cuerpo.

En estos casos, se manifiesta un cuadro clínico específico denominado linfedema. Este se da por la incapacidad de los vasos linfáticos de drenar el líquido linfático, lo que genera hinchazones grotescas en las extremidades (de ahí el despectivo nombre de elefantiasis). Este cuadro se caracteriza por el debilitamiento del sistema de drenaje del paciente, lo que promueve la aparición de infecciones secundarias como producto de la entrada de bacterias por las lesiones cutáneas.

3. Tratamiento y prevención

En respuesta a los alarmantes patrones infecciosos y la incapacidad que esta enfermedad genera en algunos pacientes, la OMS puso en marcha en 2000 su Programa Mundial para Eliminar la Filariasis Linfática (PMEFL). Este trató de abordar la filariasis en dos frentes diferentes:

  • La interrupción de la propagación mediante el tratamiento a gran escala.
  • El alivio de los síntomas generados por la filariasis linfática en los pacientes más afectados.

3.1 Control masivo

Para conseguir un control poblacional generalizado, se promueve la administración de fármacos de forma general a la población vulnerable. Estos medicamentos tienen un efecto limitado sobre los microorganismos adultos, pero disminuyen significativamente la presencia de microfilarias en sangre, lo que dificulta que un mosquito se infecte y la enfermedad continúe transmitiéndose. El tratamiento recomendado es el siguiente:

  • La administración de 400 miligramos de albendazol, un medicamento parasítico, dos veces al año en zonas vulnerables.
  • La ivermectina y citrato de dietilcarbamazina también pueden usarse en conjunción con el albendazol, dependiendo de diversos parámetros.

Entre el año 2000 y 2017 se han administrado más de 7100 millones de fármacos en sectores poblacionales vulnerables, lo que ha reducido en un 36 % la necesidad de aplicar quimioprofilaxis generalizada en los lugares donde la incidencia de la enfermedad ha sido reducida considerablemente.

3.2 Control individual

La dietilcarbamazina (DEC) es el fármaco de elección ante pacientes con filariasis linfática, y se aplica en tratamientos de una sola dosis o ampliados hasta 12 días. Se trata de un antihelmíntico altamente específico sin metales tóxicos, por lo que los efectos secundarios son relativamente limitados.

En los casos sintomáticos que presentan linfedema el pronóstico es menos positivo, pues no se benefician del DEC al ser este un efecto secundario de la infección. En muchos casos el mejor de los tratamientos es convivir con la patología, adaptando rutinas, ejercicio y calzado al tamaño desproporcionado de las extremidades.

Conclusiones

La filariasis es una patología altamente ligada a ambientes pobres con condiciones de salud e infraestructura limitadas. A diferencia de otras enfermedades tropicales desatendidas, esta sí ha sido abordada por organismos públicos globales, lo que ha causado una reducción en su prevalencia en diversas áreas geográficas vulnerables.

A pesar de que muchas de estas enfermedades zoonóticas sean vistas desde lejos por la población general al no afectar a países de ingreso alto (como Europa o Estados Unidos), obviar su importancia clínica es un grave error. Debido al desagradable e incapacitante cuadro clínico que muchos de los pacientes presentan, esta enfermedad ha de ser tratada a lo largo del tiempo y considerada con la importancia que merece.

Referencias bibliográficas

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