Los 5 tipos de aneurismas (y sus características)

Un aneurisma es un abultamiento en la pared de una vena o arteria que acumula sangre. Con el tiempo, puede llegar a romperse y provocar una emergencia médica.
Tipos aneurismas

El sistema vascular del ser humano es una verdadera obra de bioingeniería. Gracias al flujo sanguíneo, llega el oxígeno a todas y cada una de nuestras células (por la acción de los glóbulos rojos), se recogen sustancias de desecho que se excretan en la orina, se mantiene la homeostasis corporal y también se transportan células inmunes dirigidas a acabar con una amenaza dentro del organismo. Un ser humano presenta unos 5 litros de sangre en su interior, o lo que es lo mismo, el 8% de nuestro peso corporal es este fluído.

Debido a su importancia, un fallo en el sistema circulatorio puede llegar a pagarse caro. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la primera causa de muerte en todo el mundo es la cardiopatía isquémica, evento en el que se produce una obstrucción grave de las arterias coronarias que le proporcionan sangre al músculo cardíaco. El accidente cerebrovascular (ACV) es la segunda causa, y también está correlacionada con un flujo sanguíneo irregular.

Existen muchas cosas que pueden ir mal en el sistema cardiovascular, sobre todo en pacientes con enfermedades congénitas y de hábitos poco saludables. Hoy venimos a contártelo todo sobre una condición del sistema circulatorio muy poco conocida pero que, en determinadas situaciones, puede ser igual de letal que un accidente cerebrovascular isquémico (o peor, en algunos casos). Conoce con nosotros los 5 tipos de aneurismas que existen y sus características.

¿Qué es un aneurisma y cómo se clasifican?

Un aneurisma es una dilatación de una arteria o una vena. Dicho de forma más específica, se trata de una pequeña protuberancia con forma de globo, uva o racimo llena de sangre que se forma en las paredes de un vaso sanguíneo debilitado o anormal. Los aneurismas pueden ser producto de una condición congénita, pero también es posible que aparezcan sin ninguna razón fisiológica aparente.

A pesar de que no se conozcan del todo las causas de estas formaciones en el sistema cardiovascular, se cree que la diabetes, obesidad, hipertensión, adicción al tabaco, colesterol alto, deficiencia de cobre y edad avanzada son algunos de los factores de riesgo que podrían propiciar su aparición. A continuación, te presentamos los 5 tipos de aneurismas con base en dos criterios muy diferentes: morfología y localización. No te lo pierdas.

1. Aneurismas reales y pseudoaneurismas

Aunque no lo parezca, no todos los bultos en forma de racimo adheridos a la pared de una arteria tienen por qué ser aneurismas al uso. Es necesario diferenciar al aneurisma real del resto de entidades clínicas.

1.1 Aneurisma real

Un aneurisma real es aquel que está formado por las tres capas de la pared arterial (intima, media y adventicia). Esto quiere decir que la lesión no se ha roto ni se ha producido una salida de sangre, al menos en los estadios asintomáticos.

En este punto, cabe destacar que el verdadero peligro de un aneurisma no es su presencia, sino su rotura. La mayoría de aneurismas en el interior del cuerpo del paciente son asintomáticos, así que puede que este nunca se de cuenta de que lo presenta. Por ejemplo, la tasa de prevalencia de un aneurisma cerebral es del 2-3% de la población mundial, pero esto no significa que todos los casos acaben con una hemorragia intracraneal.

Aneurisma real

1.2 Pseudoaneurisma

En el pseudoaneurisma, un vaso sanguíneo se lesiona y la sangre se filtra y acumula en el tejido circundante. Al final, se forma un hematoma que está circunscrito y limitado por las estructuras adyacentes. A diferencia del aneurisma real, en este caso el abultamiento no está delimitado por el propio tejido vascular (la pared arterial), sino por el material que le rodea.

2. Aneurismas según su localización

Se pueden formar aneurismas tanto en arterias como venas, pero los arteriales son muchísimo más comunes a nivel estadístico. Además, estas pueden aparecer en arterias que desembocan en el cerebro, en los riñones, en zonas del pecho, piernas y capilares superficiales. De todas formas, a nivel clínico, se realiza una distinción entre 3 tipos de aneurismas diferentes: cerebral, aórtico, y torácico. Te contamos sus particularidades.

2.1 Aneurisma cerebral

Los aneurismas cerebrales se definen como dilataciones que aparecen en zonas débiles de la circulación arterial que llega al cerebro. Pueden variar en tamaño (de 0,5 a más de 25 milímetros) y su localización será diferente en cada caso en el entramado circulatorio cerebral. Se estima que la prevalencia de este evento clínico es del 3,2% de la población general, sobre todo a partir de los 50 años de edad.

De todas formas, cabe destacar que el ratio de ruptura del aneurisma cerebral es de 10 por cada 1.000 pacientes, mientras que en el resto de afectados nunca se manifiesta ni genera problemas. En el desafortunado caso de que el aneurisma se rompa, tiene lugar un evento clínico conocido como accidente cerebrovascular hemorrágico (ACV), el causante del 20% de todos los derrames cerebrales.

En este cuadro clínico, el aneurisma se rompe e inunda el tejido circundante del cerebro, comprimiendo estructuras vitales y destruyendo neuronas en muy poco tiempo, pues estas mueren por la falta del riego sanguíneo adecuado y por el encharcamiento local. La tasa de mortalidad de un aneurisma cerebral roto llega al 20% de los pacientes, y hasta un 30% de los que sobreviven quedan con secuelas irreversibles.

Aneurisma cerebral

2.2 Aneurisma de la aorta torácica

Cuando las paredes de la aorta están debilitadas, la sangre empujada por el conducto puede hacer que las paredes se dilaten y se forme un aneurisma de la aorta torácica (la porción de la arteria que pasa por el pecho). Este desajuste en el aparato sanguíneo crece de forma silenciosa y en los primeros estadios no reporta síntomas, pero a medida que pasa el tiempo, el paciente puede sentir dolor en el pecho, ronquera, tos y falta de aire, entre otros signos clínicos inespecíficos.

En algunas regiones se estima una incidencia de 9 a 16 casos por cada 100.000 habitantes, en hombres y mujeres respectivamente. Por desgracia, el escenario en este cuadro clínico es mucho más desolador que el anterior: la rotura del aneurisma torácico reporta una tasa de mortalidad del 97%, y la tasa de supervivencia de los pacientes con aneurismas sin tratar (y sin romper al detectarlos) 5 años después del diagnóstico es de un 20%. Esto quiere decir que, a diferencia de los aneurismas cerebrales, aquí sí que terminan rompiéndose casi siempre.

2.3 Aneurisma de la aorta abdominal

Este caso es muy similar al anterior, pues la única diferencia entre ambos es la zona en la que se ha dilatado la pared de la aorta. En el aneurisma de la aorta torácica el abultamiento se produce en el pecho, mientras que el abdominal surge en el abdomen, tal y como indica su nombre.

En este caso, cuando el aneurisma crece los síntomas suelen presentarse en el costado y espalda baja. Además, se puede detectar un pulso característico cerca del ombligo. La prevalencia se calcula en el 4 a 7% de la población general y la tasa de mortalidad tampoco es nada desdeñable: oscila entre el 32 y el 70%. Aunque sea un tipo de aneurisma muy letal (la décima causa de muerte en caucásicos mayores de 60 años), no llega a las cotas de la aórtica torácica.

Resumen

En resumen, los aneurismas son abultamientos de las paredes de venas o arterias que provocan la acumulación de sangre y presentan cierto riesgo de romperse. El aneurisma cerebral es el más “leve” de todos, ya que no suele romperse y, cuando lo hace, las tasas de supervivencia son un poco más optimistas que en el resto de casos. No todos los accidentes cerebrovasculares hemorrágicos desembocan en muerte, pero sí que es normal que los pacientes queden con secuelas irreversibles.

Por otro lado, los aneurismas aórticos (torácicos o abdominales) son fulminantes en casi todos los casos, con un pronóstico de supervivencia prácticamente nulo. En estos escenarios, solamente se puede esperar que el aneurisma se detecte en una prueba médica rutinaria (ecografía, tomografía computarizada, etc) y se aborde a tiempo antes de que se rompa.

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